El aumento de las 'manadas' y el desconcierto

Lo que no se alcanza a comprender es cómo es posible que, con el endurecimiento máximo de las penas, en vez de mitigarse el delito, proliferen los violadores

Foto: Más de un millar de personas se manifiestan ante el Ayuntamiento de Valencia en protesta por la sentencia contra los cinco jóvenes integrantes de La Manada. (EFE)
Más de un millar de personas se manifiestan ante el Ayuntamiento de Valencia en protesta por la sentencia contra los cinco jóvenes integrantes de "La Manada". (EFE)

La sentencia de la Manada ha provocado en la sociedad española el efecto contrario al que se persigue con toda condena ejemplarizante: en vez de mitigar el delito, parece que lo promociona. Tras la condena de ‘La Manada’ de Pamplona, ha surgido La Manada de Manresa, la Manada de Bilbao y la Manada de Benidorm y otra Manada más en Sevilla, de donde eran los integrantes de 'La Manada' originaria, una supuesta violación en grupo a una joven de veinte años en la que también participó su exnovio.

Es decir, cuatro casos más, al margen de otras denuncias de violación en ese tiempo que no se incluyen, que se han producido en los meses de julio y de agosto, aunque, obviamente, están pendientes de investigar y de determinar el alcance real de los hechos. Pero todos se han producido con posterioridad a la sentencia del Tribunal Supremo que no solo atendió los requerimientos de las acusaciones contra los cinco miembros de 'La Manada' sobre la existencia de un delito continuado de agresión sexual en Pamplona, sino que dejó plasmadas algunas frases que, en el futuro, servirán de guía a los tribunales para endurecer futuras condenas, como la interpretación de una negativa o la profundidad de las lesiones infringidas en la víctima.

Concentraciones de repulsa en las principales ciudades por la puesta en libertad de La Manada

Se trata de debates que existían hasta hace unos meses y que el Tribunal Supremo ha dejado resueltos. Por ejemplo, que también el silencio de la víctima puede ser interpretado como negativa cuando se ve sometida a abusos sexuales: "En el contexto que se describe en los hechos probados, el silencio de la víctima solo se puede interpretar como una negativa". Y los daños también van mucho más allá de los que puedan parecer evidentes, perceptibles: "El precio del dolor es el sufrimiento, el pesar, la amargura y la tristeza que el delito puede originar, sin necesidad de ser acreditados cuando fluye lógicamente del suceso acogido en el hecho probado, como acontece en el presente supuesto, dada la naturaleza de las infracciones por las que se dicta pronunciamiento condenatorio, que lesionan gravemente la dignidad de la persona". En función de todas estas consideraciones, la pena que se les aplicó a los miembros de 'La Manada' fueron las máximas previstas, hasta quince años de cárcel, que es el equivalente en el Código Penal español para el homicidio (“el que matare a otro será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de diez a quince años”).

La pena que se les aplicó fueron de hasta quince años de cárcel, que es el equivalente en el Código Penal español para el homicidio

A partir de esta implacable secuencia de acontecimientos, el endurecimiento máximo de las penas tras un movimiento de rechazo social generalizado en España, lo que no se alcanza a comprender es cómo es posible que, en vez de mitigarse el delito, proliferen los violadores y el tipo brutal de la violación en grupo. Y ahora, ¿qué hacemos? ¿Hay que endurecer más las penas todavía o es preciso aplicar otro tipo de medidas, además de las judiciales?

Ya se ha podido oír, incluso, que lo que debería plantearse en España es la prohibición del porno, porque hay quien considera que ese es el origen de todo: los adolescentes consumen porno y luego pretenden imitarlo. Tribunales de género, modificaciones legislativas, condenas del patriarcado, prohibiciones y correcciones morales… Otra vez estamos adentrándonos en una espiral en la que el fracaso de las medidas que se aplican se intenta corregir con el incremento de las mismas. En vez de cuestionarlas, se reafirman y se agravan.

¿Hay que endurecer más las penas todavía o es preciso aplicar otro tipo de medidas, además de las judiciales?

Vamos al ejemplo más inocuo, sobre un problema paralelo: la controversia actual en las campañas de publicidad contra el machismo en las que el debate se establece sobre las palabras que se utilizan, porque hay quien piensa que el concepto de ‘malos tratos’ ha quedado anticuado, que debe llamarse ‘violencia de género’ siempre. ¿De verdad puede creer alguien que la solución está en que se llame de una forma o de otra? El debate sobre la prohibición del porno es el colmo de esa constante vuelta de tuerca sobre lo establecido que, sencillamente, no se puede cuestionar.

¿Qué debemos hacer entonces? No creo que nadie tenga en su mano la solución de este problema, ni siquiera la explicación precisa de esa contradicción de que las penas de la Manada provoquen más Manadas. Pero lo peor que puede pasarnos es que nos dejemos llevar por la corriente de lo políticamente correcto.

Podríamos empezar, por ejemplo, por pensar que igual todo empieza por el deterioro del concepto de autoridad en España. Se empieza cuestionando la autoridad de un profesor y se acaba despreciando, o ignorando, la que impone un tribunal de justicia. Siempre será preferible hacernos preguntas nuevas que repetirnos las mismas respuestas que ya sabemos que no contestan a nada.

El debate sobre la prohibición del porno es el colmo de esa constante vuelta de tuerca sobre lo establecido que no se puede cuestionar

Dicho todo lo anterior, otro aspecto fundamental: debemos poner las cosas en su sitio y abordar el problema en su justa dimensión: España no es un país de violadores. En esto, la responsabilidad de los medios de comunicación es esencial. Quiere decirse que, a veces, da la sensación de que España es país salvaje de depredadores sexuales. Y no es verdad: España es uno de los países europeos donde se denuncian menos violaciones. Según los datos de Eurostat de 2018, de 32 países analizados, España está por debajo de la media, en el puesto 25. En Suecia, por ejemplo, se producen veinte veces más violaciones que en España; 56, 8 violaciones por cada cien mil habitantes en Suecia frente a 2,65 en España.

Debemos poner las cosas en su sitio y abordar el problema en su justa dimensión: España no es un país de violadores

Algunas autoridades piensan que hay muchas violaciones ocultas, por la dureza del proceso judicial, por el miedo de las víctimas a no ser creídas o por el temor a las repercusiones en el entorno social, pero eso no desequilibra la media. El incremento de las Manadas en España es desconcertante, sí, pero nada conseguiremos acumulando exageración y banalidades sobre la frustración que nos produce.

Matacán
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