Cinco vetos en el debate del Open Arms

La gigantesca polémica del Open Arms que ha ocupado el mes de agosto es directamente proporcional al desinterés real por analizar los problemas de la inmigración que afectan a España

Foto: Algunos de los migrantes en la cubierta del Open Arms. (EFE)
Algunos de los migrantes en la cubierta del Open Arms. (EFE)

La política española en inmigración se resume en una imagen de estos días: un buque de la Armada parte en misión especial hacia Italia para recoger a 15 inmigrantes del barco Open Arms y traerlos a España. Al final del trayecto, cuando los inmigrantes ya estén en España, la misión del buque, llamado Audaz, con medio centenar de soldados a bordo como tripulación, habrá tenido un coste estimado de, en torno, 150.000 euros. No sería de extrañar que, como se trata de un gasto inesperado, ese dinero se tenga que recortar ahora de otras partidas destinadas a la inmigración pero que son menos visibles, menos ‘rentables’ políticamente.

Ninguna otra estampa puede resumir mejor el patetismo y el ridículo del debate político sobre inmigración que hoy tendrá su justa correspondencia en el Congreso de los Diputados, adonde la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, acude, a instancias de varios grupos parlamentarios, para mostrarnos a todos que no existen ‘cordones humanitarios’ para impedir que la miseria se utilice políticamente.

La gigantesca polémica del Open Arms que ha ocupado el mes de agosto es directamente proporcional al desinterés real por analizar los problemas de la inmigración que afectan a España, a Europa, e intentar solventarlos. Quizá nunca se pueda aspirar a solucionarlos y, si es así, no serán estas generaciones las que lo contemplen, pero, al menos, deberíamos exigir un debate serio, que profundice en los problemas reales, que no se oculten bajo la espuma propagandística de la demagogia y el oportunismo. ¿Quiere el Congreso de los Diputados hablar de inmigración? Estos son cinco asuntos urgentes que, sin embargo, se soslayan permanentemente, como vetos consentidos por todos.

1. ¿Qué hacemos con los inmigrantes?

El desahogo con el que se emplea dinero público en las ‘crisis’ de inmigración que saltan a la primera plana de todos los medios de comunicación, como las recientes del Aquarius o del Open Arms, contrasta con la escasez de medios, la saturación y la masificación para atender las necesidades de los inmigrantes ilegales que ya están en España.

A finales de la pasada legislatura, el defensor del pueblo presentó en el Congreso un extenso informe sobre la situación actual de los centros de Internamientos de Inmigrantes. El informe, del que no se tiene constancia que haya sido atendido en nada, era demoledor. Por un lado, alertaba de que el internamiento de inmigrantes se realizaba como “una prolongación de la comisaría de Policía” y, por otro lado, detallaba las enormes deficiencias estructurales, de salubridad e higiene, que se multiplicaban por la masificación habitual. El defensor solicitó, “con carácter urgente, una reforma integral del sistema de internamientos en España”. Pero hasta hoy, nada.

2. ¿Qué hacemos con los menores inmigrantes?

Por los tratados internacionales que España tiene firmados desde antiguo, cuando un menor no acompañado de padres, familiares o tutores pisa el territorio español, el Estado ejerce la tutela y se hace responsable de su manutención y de su educación hasta que cumple la mayoría de edad. En siglas, se les conoce como los 'mena', menores extranjeros no acompañados. Como ocurre con el defensor del pueblo, el fiscal jefe Coordinador de Menores, Javier Huete, ha alertado ya en numerosas ocasiones de que se trata de un problema que se está desbordando.

Otra vez, “sobresaturación” de los centros de primera acogida, con lo que muchos de esos jóvenes “no quieren permanecer allí, porque no tienen las condiciones adecuadas, no hay espacio y la propia experiencia vital que han tenido durante el viaje que han realizado durante meses, con situaciones traumáticas, los hace reacios a permanecer en ellos”. No prestar la debida atención a los 'menas' se ha convertido en un arma incendiaria para quienes siembran España de racismo, que los presenta como “una plaga” de delincuentes y aprovechados. Mantener esta política de brazos cruzados, sin las reformas que sean oportunas, para racionalizar y dignificar la acogida de esos menores, es una forma de jalear el odio al inmigrante. Pero hasta hoy, nada.

3. ¿Qué hacemos con los jóvenes extutelados?

Cuando los menores inmigrantes han cumplido la mayoría de edad, se plantea otro problema añadido porque, de la noche a la mañana, se encuentran con que no tienen ni siquiera un techo en el que cobijarse. Este mismo mes de agosto ha sido noticia que la Iglesia Santa Ana, en el centro de Barcelona, ha dispuesto en las naves centrales una serie de colchones en los bancos para que puedan pasar la noche estos jóvenes.

De la noche a la mañana, se encuentran con que no tienen ni siquiera un techo en el que cobijarse

Es lo que sucede hasta ahora, porque las administraciones públicas se desentienden una vez cumplida la mayoría de edad, y son las parroquias o algunas ONG, como la andaluza Voluntarios por otro Mundo, del sacerdote José Chamizo, las que se encargan de, al menos, ‘parchear’ el problema de esos jóvenes extutelados. “No se les puede echar a la calle, sin recursos, y que la Administración que los acogió y que los ha tutelado sea las que los abandone en una situación de desamparo”, dice Chamizo, que urge a tomar medidas. Pero hasta hoy, nada.

4. ¿Qué hacemos con la frontera de África?

La hipocresía de la política de inmigración se concentra en la frontera de África, como se denunció aquí mismo cuando el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunció hace unos días que España iba a retirar las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla. En realidad, las cuchillas se retiran de las alambradas españolas porque Marruecos ha dispuesto a pocos metros un sistema mucho más cruel de concertinas y barrancos para impedir la entrada de inmigrantes.

Es evidente que ningún país puede abrir libremente sus fronteras a todo el que quiera entrar, porque eso supondría el colapso inmediato de ese país de acogida, pero la solución no puede ser nunca la brutalidad, la masacre. La inversión para el desarrollo de esos países tendrá que ser, antes o después, la única solución viable. Pero hasta entonces, al menos, campos de refugiados donde se les preste una atención mínima acorde a su condición de seres humanos. Esa debería ser la política europea, pero hasta hoy, nada

5. ¿Qué hacemos con ONG como Open Arms?

La ONG española Open Arms tiene como objetivo, según reza en su propia web, “proteger con su presencia en el mar a aquellas personas que intentan llegar a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza”. De forma periódica, reúne a un grupo de inmigrantes que se encuentran en alta mar, los embarca y siempre consigue poner en un apuro a los gobiernos europeos, que acaban acogiendo a los inmigrantes ante la única alternativa de que todo el mundo presencie en directo cómo mueren hombres, mujeres y niños, desnutridos, ahogados o enfermos.

Open Arms siempre busca la propaganda, siempre, como ha quedado demostrado en este último episodio de agosto, cuando, en los primeros días, se negó a desembarcar a los migrantes en Malta. Prefiere situarse frente a un país como Italia, en el que tiene garantizada la polémica. Habrá quien, al enjuiciar esa labor, piense que la ONG busca esa propaganda como altavoz para que se conozca y no se olvide el grave problema de la inmigración; también habrá quien piense que se trata de falsas ONG que, en realidad, colaboran con las mafias de la inmigración. Esas valoraciones, en realidad, son lo de menos. Lo que está claro es que esas ONG no pueden seguir actuando por su cuenta porque, objetivamente, el problema no se soluciona, sino que se agrava y se desenfoca. Urge una regulación, pero, hasta hoy, nada.

Matacán
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