La normalización del franquismo

El Gobierno de Sánchez ha salido victorioso de su apuesta más ideológica desde que gobierna: la exhumación de los restos mortales del dictador del Valle de los Caídos

Foto: Turistas, visitando el Valle de los Caídos. (Reuters)
Turistas, visitando el Valle de los Caídos. (Reuters)

El Gobierno de Pedro Sánchez ha salido victorioso de su apuesta más ideológica desde que gobierna, la exhumación de los restos mortales de Francisco Franco del Valle de los Caídos, y ahora que lo ha conseguido, con esa carga de legitimidad, debería abanderar un movimiento nuevo en España, la normalización del franquismo.

Cada vez que miramos hacia atrás en esa triste historia inmediata de los españoles, nos detenemos siempre, porque esa debe ser la urgencia, en la reparación de la memoria de los cientos de miles de víctimas del franquismo y, por extensión, en las atrocidades de la Guerra Civil y en la represión de la posguerra. Pero el franquismo es mucho más que la Guerra Civil, más que los militares franquistas, más que las cárceles y más que los paredones; el franquismo es una parte de la historia de España, 40 años, que a muchos les tocó vivir por la simple razón de que nacieron en aquellos años.

La normalización social del franquismo nos tiene que llevar a contemplar esa etapa, a las gentes de esa etapa, sin el prejuicio condenatorio de la actualidad. Y tiene que ser el PSOE el partido que ahora, una vez conseguido que el dictador sea exhumado del Valle de los Caídos, con ese aval, abandere en España un movimiento que nos haga mirar hacia atrás sin rencor, con la grandeza simple y obvia de saber que hubo muchas personas durante la dictadura que merecieron un reconocimiento que se les niega por el mero hecho de haber nacido y vivido en esos años.

Científicos y profesores de escuela, poetas e ingenieros, alcaldes y gobernadores, empresarios, artistas, médicos de pueblo, cantantes nacionales… Es una atrocidad pensar que todos ellos merecen el olvido y la postergación por haber vivido durante el franquismo.

Muchos de ellos eran niños o ni siquiera habían nacido durante la Guerra Civil y lo que les tocó vivir luego fue un régimen que no habían elegido, pero en el que se consumiría la mayor parte de su vida. En los casi 40 años que duró la dictadura (si contamos desde julio de 1936, cuando se produjo el golpe de Estado contra la República, hasta noviembre de 1975, cuando falleció el dictador), en España se desarrolló una sociedad franquista, que vivía bajo los parámetros de moral y de comportamiento de aquellos años, pero también con los valores de ese tiempo, el esfuerzo, la decencia, la superación, la abnegación con la que tuvieron que sobrellevar la penuria de un país mísero y arruinado que solo quería vivir en paz.

Tumba del dictador en el Valle de los Caídos. (EFE)
Tumba del dictador en el Valle de los Caídos. (EFE)

Algunos se hicieron franquistas mientras que otros, simplemente, tiraban para adelante y callaban. Quien tenga la tentación de valorar con calificativos de hoy esas generaciones que vivieron el franquismo, que se guarde su impulso porque nadie tiene derecho a enjuiciar una etapa tan dura de la historia de España.

Es posible que muchos de los españoles que vivieron la dictadura, aunque fueran los últimos años, conozcan a una persona, o a varias, de su pueblo, de su ciudad o de su propia familia, que lo dio todo por sus vecinos, por su pueblo, que nada tuvo que ver con la guerra, que nunca mató a nadie, y que se le ha negado el reconocimiento por el mero hecho de haber vivido en aquellos años o de haber comulgado durante su vida con los principios del régimen franquista, aquello de los ‘40 años de paz’.

En el extremo de esa injusticia siempre estará, por la importancia de los personajes, la amistad de Manuel Alcántara, que se nos murió hace unos meses, y de José Utrera Molina. Se criaron junto en Málaga, jugando entre las ruinas, con el ruido lejano de los cañones que se iban alejando, y luego, la vida les llevó por caminos distintos hasta lo más alto. Utrera Molina ascendió como político en el régimen, fue ministro y gobernador civil; Manuel Alcántara se convirtió en una referencia periodística histórica y en un magnífico poeta. Nunca dejaron de tener una profunda amistad entre ellos, que les llevaba siempre a los años de la infancia junto al mar.

La llegada de la democracia trajo, también en paralelo, el homenaje, el halago y el reconocimiento a Manuel Alcántara, y el desprecio, el olvido y la postergación de Utrera Molina. Fue el propio Alcántara el que salía en defensa de su amigo, cada vez que le preguntaban, cada vez que despreciaban o ignoraban la obra de su amigo, realidades materiales que siguen existiendo en la actualidad y que en su tiempo supusieron grandes avances para mucha gente: “La decencia es personal. Pepe Utrera era eso que conocemos como una buena persona y hay muchísima gente que lo quiere. Nunca he entendido esa venganza de quitarle todos los honores que le habían dado”.

Nadie, jamás, le reprochó nunca a Alcántara que saliera en defensa de un ministro franquista, como fue Utrera Molina. No se hubiera atrevido nadie. La exhumación de Franco debería suponer un punto de inflexión en la relación de la democracia española con el franquismo. Una vez que el Tribunal Supremo ha autorizado la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos, una vez que el Vaticano ha apoyado esa exhumación de la basílica en la que se encuentran, todos los debates precedentes deberían desaparecer.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa. (EFE)

No tiene sentido ya seguir polemizando sobre la idoneidad o no de sacar de allí al dictador; tiempo pasado. Si el PSOE, como dice siempre, es un partido de Estado; si el PSOE, como repite, quiere consolidar la reconciliación de todos los españoles tras la dictadura, que se embarque ahora en algo insólito en la historia como lo fue en su día pasar pacíficamente de las leyes de una dictadura a la aprobación de una Constitución democrática: la normalización social del franquismo.

El presidente Pedro Sánchez ha ordenado sigilo en la exhumación del cadáver, pero convendría que un presentador o un ministro de luto compareciera otra vez en televisión española para repetir lo mismo que Arias Navarro: “Españoles… Franco ha muerto… Pero, esta vez, de verdad”.

Matacán
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