Pedro Sánchez, puerta grande o enfermería

El principal recelo de que Esquerra Republicana acabará traicionando al PSOE está en la historia, porque cada vez que ha sucedido algo similar, lo ha acabado haciendo

Foto: Sánchez, al terminar su última intervención en el debate de investidura. (EFE)
Sánchez, al terminar su última intervención en el debate de investidura. (EFE)

Cada vez que el Partido Socialista se ha acercado a Esquerra Republicana, ha salido corneado, lo cual convierte la estrategia de Pedro Sánchez en esta legislatura en una apuesta de alto riesgo en la que, como en el clásico taurino, solo hay dos posibles salidas, puerta grande o enfermería.

El propio Pedro Sánchez debe ser el primero consciente de la tesitura en la que se encuentra y de las consecuencias que tiene la decisión que ha tomado, ese Gobierno de coalición con Podemos apoyado en el Congreso por un arco parlamentario heterogéneo en el que destaca Esquerra Republicana; por eso ha repetido en esta sesión de investidura que es una persona que se crece en los peores momentos, como le ha sucedido otras veces, siempre al borde del abismo, desde que ascendió a la secretaría general del PSOE. “Trabajo mucho mejor bajo presión”, dijo en uno de los momentos del debate. Cuando salga elegido presidente en la última sesión de este debate de investidura, la presión constante no va a faltarle, porque le va a llegar desde todos los frentes: desde el propio Consejo de Ministros, por la tentación de algunos ministros de seguir ejerciendo de 'antisistemas', y, desde Esquerra Republicana, por la historia de deslealtad que puede volver a repetirse en su intento de normalización de la revuelta catalana. Pero si consigue embridar el enorme embrollo de Cataluña, habrá resuelto la mayor crisis institucional que hemos conocido. Puerta grande o enfermería, está claro.

La mayor apuesta, una vez que el riesgo de sorpaso electoral de Podemos parece haber quedado definitivamente amortizado en los últimos ciclos electorales, en los que el PSOE ha recuperado la hegemonía política de la izquierda y el ‘voto útil’, está en el intento de reconducir el conflicto de Cataluña a la vía constitucional. Si el PSOE consigue eso, si logra que los independentistas catalanes renuncien, como han hecho los vascos, a la unilateralidad, podrá decirse que la democracia española ha superado definitivamente el intento de golpe de Estado que se produjo en el otoño de 2017, cuando los dirigentes de la Generalitat declararon la independencia después de convocar un referéndum ilegal. No es pequeño, ni baladí, el reto que se ha marcado Pedro Sánchez en esta legislatura, no, sobre todo por la desconfianza que suscitan los independentistas catalanes, demostrada en la historia.

Antes de entrar en eso, en todo caso, conviene repasar levemente lo sucedido hasta ahora, sobre todo para aquellos que se recrean con el pensamiento tremendista e inexplicable de que los independentistas le han ganado el pulso al Estado de derecho: los que protagonizaron aquella revuelta fueron encarcelados, condenados en sentencia firme y, por ello, llevan en prisión casi dos años y medio. Quien ha vuelto a burlar la ley desde entonces, como Quim Torra, ha sido condenado y los que se fugaron para huir de la ley no se atreven a volver a España porque saben que les ocurrirá lo mismo. Si, una vez que la Justicia ha actuado, el Gobierno de la nación logra que los independentistas acepten de nuevo el marco constitucional y autonómico, la gravísima crisis institucional que estalló en España en octubre de 2017 se habrá superado. Conviene remarcar lo de volver al marco constitucional porque, digan lo que digan los portavoces de Esquerra, no existe otra posibilidad de diálogo más que aquel que se produzca dentro de la Constitución; lo contrario convertiría al presidente del Gobierno en un presidente delincuente y su pacto en una ilegalidad. Con lo cual, en lo que se refiere a los independentistas, atendamos a los hechos y prescindamos de las provocaciones.

Si el PSOE consigue que los independentistas renuncien a la unilateralidad, la democracia habrá superado el intento de golpe de Estado del 1-O

El principal recelo, o presagio, de que Esquerra Republicana acabará traicionando al PSOE está, como se decía antes, en la historia, porque cada vez que ha sucedido algo similar, lo ha acabado haciendo. Los dirigentes de Esquerra, como hace su portavoz, Gabriel Rufián, recalcan que ellos no engañan a nadie, que son demócratas que siempre han defendido la independencia. Es verdad; lo que se les olvida añadir es que un demócrata no conspira contra las leyes de la democracia, sino que las acata. Y es lo que no hace Esquerra, nunca lo ha hecho, y el PSOE es el que más lo ha pagado. Le ocurrió en la Segunda República, cuando declararon de forma unilateral la independencia de Cataluña, después de haberse aliado y comprometido con los demás partidos para instaurar un nuevo régimen en España.

El dirigente socialista Indalecio Prieto dejó dicho en el Congreso: “En los 32 años de vida política que llevo, no he conocido un caso de deslealtad más característico que el realizado por los republicanos catalanes con relación a lo que en el Pacto de San Sebastián se convino”. Con la democracia, ha ocurrido igual, otra vez lo mismo. Después de que el catalanismo aceptara en el Congreso el marco autonómico como única aspiración en las Cortes constituyentes, la deriva ha sido constante, acelerada a partir de aquel Pacto del Tinell de 2003 y la reforma del Estatuto con Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno. La sentencia del Tribunal Constitucional fue solo la excusa que se estaba buscando para armar la insurrección del otoño de 2017. Igual que Indalecio Prieto en la República, en las elecciones generales de abril de 2019, la actual presidenta del Congreso, Meritxell Batet, dijo también que “Esquerra Republicana no es de fiar”.

Gabriel Rufián, de ERC, vota durante la segunda jornada del debate de investidura de Pedro Sánchez. (EFE)
Gabriel Rufián, de ERC, vota durante la segunda jornada del debate de investidura de Pedro Sánchez. (EFE)

Veremos qué ocurre en los próximos meses, ya que la comparación con cualquier tiempo pasado siempre es inoportuna porque el entorno político, económico y social se va modificando; la diferencia es abismal si se compara, desde luego, con los años treinta del siglo pasado, como se está haciendo. Ahora, en esta España democrática del siglo XXI, plenamente asentada en la Unión Europea, es la propia Esquerra Republicana la que tiene la necesidad de encontrarle una salida a la unilateralidad en la que se embarcó. El fracaso más elocuente es el nulo apoyo internacional, y los dirigentes independentistas lo saben. La aspiración más razonable ahora es la de desarmar la unilateralidad, desprenderse de los elementos más radicales del independentismo y optar a una nueva etapa en la Generalitat sin el lastre de Puigdemont. Antes, les dirán traidores, 'botiflers'. A su modo, también ellos deben tener la sensación de que con este acuerdo con el PSOE les ocurre lo mismo que a Pedro Sánchez, puerta grande o enfermería.

Matacán
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