Los parias de Pablo Iglesias

Los grandes perjudicados de esta crisis son los que no van a llegar a fin de mes y cada noche salen al balcón a aplaudir y a darse ánimos. Son los que siempre pagan

Foto: Fotografía facilitada por Moncloa del vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales y para la Agenda 2030, Pablo Iglesias. (EFE)
Fotografía facilitada por Moncloa del vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales y para la Agenda 2030, Pablo Iglesias. (EFE)

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, se ha comprometido a que esta crisis gigantesca no la van a pagar los de siempre, pero no hay afirmación más débil que esa, porque esta crisis ya la están pagando los de siempre. Los parias de esta crisis, los más débiles, son esos que se agarran cada anochecer a la barandilla del balcón cuando salen a aplaudir, a aplaudirse y darse ánimos, porque ya han hecho cuentas y no saben siquiera cómo van a llegar a fin de mes.

“Hay que garantizar a todos los compatriotas que esta crisis no la pagarán los de siempre y que esta vez sí van a contar con el apoyo del Estado”, ha dejado dicho el vicepresidente de Podemos en una de sus ruedas de prensa, y será necesario grabar bien esas palabras, subrayarlas, para cuando vayan pasando los días y los ojos de esos parias se vuelvan hacia él, ahora que tiene la responsabilidad del gobierno, ahora que ha querido representar y hacerse garante de los derechos sociales de los españoles. Pablo Iglesias habla, además, con la distancia de quien piensa que, hasta ahora, los gobiernos que han precedido a este Gobierno de coalición siempre se han olvidado de auxiliar a los más débiles, en favor de los poderosos. Pero esta vez, dice Pablo Iglesias, eso no va a ocurrir. En esa palabra empeñada le va el futuro político que pueda tener.

La crisis del coronavirus es como una de esas bombas de racimo que se prohibieron, esas que al abrirse en el aire liberan cientos de bombas pequeñas que provocan un daño múltiple e indiscriminado. A la crisis sanitaria de esta pandemia le sucederá una grave crisis económica, que puede extenderse también a una crisis financiera, y, entre tanto, entre todo ese desastre, la crisis más inmediata, la más elemental, una crisis de subsistencia para cientos de miles de personas.

Juan Torres, que fue uno de los economistas de cabecera de Podemos en sus orígenes aunque, posteriormente, se desengañó del proyecto, ha analizado con pavor el alcance de la crisis que se nos viene encima y, en uno de sus artículos, insiste en esa misma perspectiva, los cientos de miles de pequeñas, medianas y microempresas que, a partir de la cuarta semana de parálisis y de falta de ingresos por el confinamiento y el parón de la economía, se aventuran a la ruina absoluta, la indigencia, si no reciben una inyección monetaria, contante y sonante, y una compensación fiscal equiparable al daño causado por el estado de alarma.

¿Qué pasará con ellos? “Las respuestas —sostiene Juan Torres en un artículo en 'Público'— creo que son evidentes y se pueden resumir en una sola conclusión: si no se compensa en todo o en buena parte y con dinero efectivo a las empresas, a los trabajadores autónomos y a los asalariados que ahora dejan de tener ingresos mientras deben seguir haciendo frente a los pagos de su día a día, la economía española va directa a la catástrofe. Y se dispararán la pobreza y los problemas sociales de todo tipo. Se pueden hacer cálculos y poner números, pero el resultado será siempre el mismo, una catástrofe”.

Cada vez que se oye hablar a algunos responsables del Gobierno de las ayudas que se han adoptado —“el mayor esfuerzo de nuestra democracia, un escudo social para que nadie se quede atrás”—, se tiene la sensación de que ya se han aprobado todas las medidas necesarias para borrar la inquietud de esos cientos de miles de empresas y trabajadores, pero nadie fuera del Gobierno, ningún experto de los que han analizado esas medidas, considera que sean suficientes para paliar los daños múltiples que va a dejar esta pandemia global.

Dice el vicepresidente segundo del Gobierno que esta vez la crisis no la van a pagar los de siempre, los más débiles, pero esa afirmación, así expuesta, de forma general, no se puede sostener porque muchos de ellos ya han pagado hasta con su vida esta oleada salvaje del virus. En esta crisis sanitaria, como en todas las demás, hay quien tiene posibilidad de acudir a una clínica privada, en la que le reservan una habitación individual, y hay quien se muere en una residencia sin que ni siquiera haya alguien que, en los estertores de la muerte, acuda a su cama a cerrarle los ojos.

Esos son los parias de esta crisis, los ancianos que ya han fallecido porque el colapso sanitario, y la imprevisión de lo que se nos venía encima, los ha dejado sin internamiento en las UCI y sin respiradores para seguir viviendo. Nadie hubiera sido capaz de imaginar hace tan solo 10 días que un grupo de militares entraría en una residencia de ancianos y que se encontraría allí a varias personas abandonadas en sus habitaciones y a otras tantas fallecidas en sus camas.

Esos son los parias de esta crisis, los ancianos que ya han fallecido porque el colapso sanitario los ha dejado sin internamiento en las UCI ni respiradores

Lo ha contado la ministra de Defensa, Margarita Robles, el terrible hallazgo de unos militares cuando entraron en una de las decenas de residencias de ancianos de Madrid que están ayudando a desinfectar y se encontraron con el horror que solo en una guerra se puede hallar. También esos son los parias de esta crisis y ya solo queda el consuelo de que los responsables de esa atrocidad paguen con la contundencia implacable que ha prometido la ministra que Pablo Iglesias —“no imaginaba que la primera preocupación de la ministra de Defensa fuera la situación de las personas sin hogar”— ha descubierto en su ingenuidad.

[Otrosí: cuando pase esta crisis, que pasará, será conveniente esperar que el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, aproveche alguna entrevista televisiva en las que se relaja para reconocer lo mucho que se equivocaba cuando decía esas cosas de que los ejércitos “muchas veces defienden intereses absolutamente contrarios a los que deberían defender, a los intereses de la gente”. Él, que nació en 1978, que no ha conocido otra cosa que una España constitucional, ha tenido que llegar al Gobierno y enfrentarse a una tragedia como esta para entender la simpleza de que la defensa de la gente es la única ambición del Ejército y de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado].

Matacán
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