Kichi y Franco, en el Trofeo Carranza
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Javier Caraballo

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Kichi y Franco, en el Trofeo Carranza

La memoria histórica de los gaditanos al mencionar Carranza los remite a infinidad de sentimientos y vivencias que nada tienen que ver ni con la Guerra Civil, ni con el franquismo

placeholder Foto: Kichi y la diputada autonómica Teresa Rodríguez, en la grada del Carranza. (EFE)
Kichi y la diputada autonómica Teresa Rodríguez, en la grada del Carranza. (EFE)

Solo puede pasar en Cádiz que una historia peculiar, habitual, adopte los perfiles de un debate nacional: ¿hasta dónde deben llegar las exigencias de la Memoria Histórica, también hasta borrar la memoria de un pueblo? Todo se resume en un sencillo triángulo: Kichi, Franco y el Carranza; el alcalde de Cádiz, el dictador y el histórico estadio de fútbol. Como si jugaran aquel torneo de verano, el Trofeo Carranza, uno de los más prestigiosos y arraigados del fútbol español. La cuestión es que el alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, ha decidido activar ahora un acuerdo plenario de hace tres años para quitar el nombre del campo de fútbol en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, que ordena "la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura".

Con lo cual, el alcalde de Adelante Andalucía, que es una escisión de Podemos, está decidido a que el club, que este año vuelve a la Primera División, lo haga con un nombre nuevo por el origen franquista de Carranza, aunque ya nadie lo relaciona con el franquismo, sino con la ciudad, con los aficionados, con eso que se canta en el himno de Manolo Santander, su pasodoble: "Han dado su vida y sus gargantas, siguiendo a donde haga falta al Cádiz de sus amores, benditos sean los que llenan de esperanza, cada rincón, cada escalón de mi Carranza". ¿Qué ocurre cuando el nombre de un personaje vinculado al franquismo se convierte en un topónimo? "Mi Carranza", dicen los gaditanos.

El personaje que le da nombre al estadio, Ramón de Carranza, fue un marino nacido en Ferrol, el 16 de abril de 1863, que se incorporó con solo 13 años a la Escuela Naval Militar. Primero alférez, luego teniente de navío y, en 1896, participó con honores en la Guerra de Cuba. Tras el desastre, se marchó del ejército y se afincó en Cádiz, para dedicarse a los negocios, explotación de almadrabas y buques pesqueros. Se casó con Josefa Gómez Aramburu, una de las mayores fortunas del Cádiz de la época, y se dedicó a la política, en la dictadura de Primo de Rivera y, luego, en la República, siempre con las derechas y siempre con un importante apoyo en las urnas.

El golpe de Estado de Franco, al que se sumó de inmediato, le cogió demasiado mayor; de hecho, murió de una rápida enfermedad un año después de iniciada la Guerra Civil, en septiembre de 1937. Su participación en la sublevación fascista y en la cruel represión posterior, sobre todo en el verano y el invierno de 1936, no la discuten los historiadores, pero esa no es la cuestión. Murió en 1937 y los 83 años que han pasado han desdibujado los perfiles biográficos de ese nombre, Carranza, y lo han convertido en una referencia vital para los gaditanos, desposeído de toda connotación personal.

La memoria histórica de los gaditanos al mencionar Carranza los remite a infinidad de sentimientos y vivencias que nada tienen que ver ni con la Guerra Civil, ni con el franquismo, sino con su propia existencia. De hecho, es probable que la inmensa mayoría desconociera la historia de ese nombre y que haya sido ahora, a raíz de la insistencia del alcalde por borrarlo, cuando lo hayan conocido. En consecuencia, si esa es la única memoria que existe hoy, ¿qué se borra al quitar el nombre? En alguna ocasión se ha mencionado aquí un aspecto fundamental de la dictadura de Franco que la Ley de Memoria Histórica ignora: el franquismo duró cuarenta años y, en ese tiempo, hubo varias generaciones de españoles que solo cometieron 'el delito' de haber nacido en esa época.

La Federación de Peñas Cadistas: "Carranza es una marca consolidada que forma parte del día a día del Cádiz C.F. sin connotaciones políticas"

La Memoria Histórica hace bien en reivindicar la reparación de los cientos de miles de personas que fueron asesinadas, torturadas en cárceles o condenadas al exilio, pero no puede ignorar que el franquismo no se reduce a eso. Más allá de la Guerra Civil, más allá de la dictadura, existe una sociedad a la que le tocó vivir ese momento, y su mera existencia no los convierte en sátrapas y cómplices de asesinato. Esto, que debería ser una evidencia, no está contemplado y, por esa razón, hay tanta gente, por todos los rincones de España, a los que no se les concede el reconocimiento que merecerían por haber vivido en el franquismo.

El estadio Ramón de Carranza, la evolución del nombre hasta convertirse en topónimo y sentimiento popular, tiene mucho que ver con ese 'agujero negro' de la Memoria Histórica. Por eso, la pretensión del alcalde de Cádiz se ha encontrado con la respuesta de muchos gaditanos, que se niegan a prescindir de su historia, de sus referencias vitales. La Federación de Peñas Cadistas ya dijo que "Carranza es una marca consolidada que forma parte del día a día del Cádiz Club de Fútbol sin connotaciones políticas", y a esa lógica se han ido sumando más gente, desde el gran chirigotero (y más cosas) José Guerrero, Yuyu, hasta el periodista y poeta Juan José Téllez, un hombre de izquierdas, que incluso ve en el mantenimiento del nombre un acto de sutil venganza: "Expropiarles el apellido y entregarlo a la afición es justicia poética: 'Nuevo Carranza' estaría bien".

Pero no, el alcalde de Cádiz ni siquiera contempla esa posibilidad: se piden nombres, pero nada de Carranza. El "proceso participativo" que se abrió hace varias semanas se acaba de cerrar con la recepción de más de trescientas propuestas, entre las que una comisión multidisciplinar elegirá ahora cinco nombres que se someterán, finalmente, a una votación popular. Si el alcalde de Cádiz quisiera saber si los gaditanos se lo toman en serio en este empecinamiento suyo, solo tendría que reparar en la guasa de muchas de las propuestas que se han presentado, como ya ha pasado con algunas chirigotas de Carnaval. 'Teo Stadium' —en referencia a Teófila Martínez, la exalcaldesa del PP—, 'Estadio de Alarma', 'Con Levante Arena' o 'Wanda Metrobocuñano', apellido de un autor de chirigotas. Otras propuestas, más formales, piden dedicarle el campo al desaparecido Michael Robinson o al mítico futbolista 'Mágico González'. También se ha propuesto 'Estadio Macarty', en recuerdo de un aficionado, Pascual García de Quirós, que ya cuenta con un monumento de homenaje al aficionado cadista. Aunque una de las más ingeniosas y sarcásticas es la que propone una síntesis guasona de toda esta polémica: "Estadio Carranza Cabrón". Y así, dicen, todo el mundo satisfecho: se mantiene el apellido, pero con un significado radicalmente distinto.

Solo puede pasar en Cádiz que una historia peculiar, habitual, adopte los perfiles de un debate nacional: ¿hasta dónde deben llegar las exigencias de la Memoria Histórica, también hasta borrar la memoria de un pueblo? Todo se resume en un sencillo triángulo: Kichi, Franco y el Carranza; el alcalde de Cádiz, el dictador y el histórico estadio de fútbol. Como si jugaran aquel torneo de verano, el Trofeo Carranza, uno de los más prestigiosos y arraigados del fútbol español. La cuestión es que el alcalde de Cádiz, José María González, Kichi, ha decidido activar ahora un acuerdo plenario de hace tres años para quitar el nombre del campo de fútbol en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, que ordena "la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura".

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