Andalucía, un PSOE caníbal

O se está en el poder o el líder se pudre por los pies, contaminado por su propia base. Es el punto en el que se encuentra ahora el PSOE de Andalucía, la etapa caníbal

Foto: La secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz. (EFE)
La secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz. (EFE)
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'Il Divo' de la política que era Giulio Andreotti sabía bien que las ojeras abultadas que le salen a un gobernante son, en el fondo, bolsas de satisfacción, de plenitud. Por eso dijo aquello que siempre se recordará de que “el poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene”. Desde que lo dijo (debió ser en los años setenta), a diario aparecen ejemplos que lo demuestran, sobre todo en la política española que, en tantas cosas, se parece a la italiana. Ahora, en estos días, solo hay que detenerse un momento a mirar lo que está ocurriendo en la política andaluza, la descomposición visible del PSOE de Andalucía después de cuatro décadas gobernando.

En medio del escándalo nacional, el ejercicio de volver la mirada a Andalucía es interesante, sobre todo, para que reparemos en la fugacidad de la política, en cómo se desmoronan esos imperios de poder que, en ocasiones, parecen imbatibles o capaces de arrasar con todo. El cainismo de la política española, la constante segregación de “los hunos contra los hotros”, como los llamaba Unamuno, también propicia ese vértigo constante: o tienes el poder o no eres nadie. Si lo pensamos, ese dilema terrible es el que late siempre en el fondo de la dureza de los discursos, de los adjetivos incendiarios, de las posiciones irreconciliables. Porque o se está en el poder o el líder se pudre por los pies, contaminado por su propia base. Es el punto en el que se encuentra ahora el PSOE de Andalucía, la etapa caníbal.

Cuando, en diciembre de 2018, se celebraron las elecciones autonómicas en las que la apatía del electorado dejó a la izquierda sin la suma automática de mayorías absolutas a que estaba acostumbrada, nadie pensó que aquello fuera más que un susto pasajero. Internamente, en el PSOE andaluz, el impacto fue tan duro, tan inesperado, que, en ese estado de 'shock', la oposición se veía como un breve paréntesis, un tropezón en el camino, una dulce derrota, como aquellas de Felipe González. Pero nunca suele ser así en política, porque un mandato de cuatro años puede hacerse eterno cuando desaparecen los ‘argumentos’ principales de la estabilidad interna: el poder para repartir cargos públicos, que son miles, para elaborar las listas electorales y para distribuir cuantiosos fondos públicos.

Susana Díaz sigue siendo la misma líder política de siempre, con las mismas virtudes y defectos, pero quienes antes la alababan ahora la detestan públicamente. Hace unos días se ha vivido en las redes sociales, que viene a ser como una pelea en la arena, espectáculo grotesco para todos los espectadores, uno de los choques más significativos de ese deterioro interno del que se habla. Una socialista como Amparo Rubiales le sopló un tortazo, desmedido y a cuenta de nada, a su compañera Susana Díaz, secretaria general del PSOE andaluz, con el único objetivo de humillarla públicamente. Lo único que había hecho la expresidenta de la Junta de Andalucía era felicitar, con un mensaje, el Día de la Fiesta Nacional, a lo que Rubiales le contestó, malencarada: “¿Duele no estar, verdad? Te lo has ganado a pulso…”.

La acidez de esa respuesta despedía el olor reconocible de lo podrido. Porque solo había que pararse un rato a mirar el hilo de contestaciones que levantó la bofetada de Amparo Rubiales: muchas secundaban el desprecio a Susana Díaz mientras que otras le recordaban a Amparo Rubiales su larga trayectoria y los intereses que ha tejido durante todos estos años. Los recuerdos y los secretos se convierten en munición, bombas de mano que explotan al hablar. ¿Me vas a hablar tú a mí de aprovechada? ¿Y el dinero que tú te has llevado? ¿Ya no te acuerdas los años que estuviste en aquel cargo, sin hacer nada? ¿Se puede ser más inútil que tú, que lo has perdido todo? ¿Cómo se puede tener esa soberbia, que tira de espaldas? Es la etapa caníbal.

Recuerdo un comité director del PSOE de Andalucía, en 2009, los últimos años de la era de esplendor, en el que todos los dirigentes socialistas de Andalucía se reunieron para proponer que Manuel Chaves repitiera por sexta vez como candidato a la Junta de Andalucía; llevaba ya 17 años como presidente y el cuerpo le pedía más. Tan sobrada era la hegemonía del PSOE andaluz en ese momento, que en aquel comité director, no es que no hubiera ni un solo voto, ni una sola crítica en contra; no, lo extraordinario fue que uno de los intervinientes fue un bailaor flamenco, Antonio el Pipa, que se subió a la tribuna solo para decir: “Señores gobernantes, les agradecemos las subvenciones, aunque no son muchas”. Conviene repasar otra vez lo dicho: una reunión de partido, la de más alto nivel, allí donde se espera confrontar las políticas y ajustar las ideologías; en ese comité director un bailaor en la tribuna diciendo eso. Será difícil encontrar un símbolo mayor de degeneración de la hegemonía de un partido político, de la misma forma que esa pelea —o, mejor, agresión— en la plaza pública de Amparo Rubiales a Susana Díaz nos marca, por ahora, el mayor nivel de deterioro de los socialistas andaluces tras dejar el Gobierno.

Con ese ambiente, no es raro que las últimas encuestas elaboradas en Andalucía ofrezcan ya una sensible ventaja a favor del Partido Popular, de hasta cuatro puntos. En los dos años transcurridos, la dulce derrota de los socialistas andaluces se ha ido evaporando y, sondeo tras sondeo, han ido mermando la distancia que mantenían con el Partido Popular hasta que, en los últimos meses, han acabado por superarlos. Es decir, la trayectoria inversa a la descrita por los enfrentamientos internos en el PSOE de Andalucía hasta llegar a esta etapa caníbal.

[Dos años después de aquella intervención de Antonio el Pipa en la tribuna del comité director del PSOE de Andalucía, la jueza Mercedes Alaya inició la investigación del fraude de los ERE. En la actualidad, Manuel Chaves está condenado por ese escándalo].

Matacán
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