Mascarillas, mentiras de abajo arriba

El Gobierno de Pedro Sánchez comenzó mintiendo con las mascarillas por boca del único portavoz que no tenía ‘autorizada’ la mentira y, desde entonces, no ha dejado de hacerlo

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se coloca su mascarilla. (EFE)
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se coloca su mascarilla. (EFE)
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El Gobierno de Pedro Sánchez comenzó mintiendo con las mascarillas por boca del único portavoz que no tenía ‘autorizada’ la mentira y, desde entonces, no ha dejado de hacerlo. Primero mintieron para ocultar el desabastecimiento y la falta de previsión ante la pandemia del coronavirus, y luego siguieron mintiendo para disimular el afán recaudador que ha imperado en el insolente impuesto de lujo en un artículo esencial para combatir la mayor pandemia de la humanidad, con decenas de miles de muertos.

Con la segunda oleada de la enfermedad, se han agotado todas las excusas falsas que se han acumulado en estos meses; hemos llegado al final de la simulación y podemos mirar hacia atrás. De arriba abajo, de principio a fin, observamos una concatenación de engaños que, sobre todo, lo que desvela es el talante de este Gobierno del PSOE y de Podemos en su relación con la ciudadanía, a la que considera y trata como una sociedad inmadura, infantil, a la que es preferible consolar con un embuste antes que contarle la verdad. Quiere decirse, en suma, que, tanto al principio como al final, el Gobierno podría haberse dirigido a los españoles contándoles la verdad de lo que ocurría, sin necesidad de inventar nada, de manipular nada. Tanto cuando no existían mascarillas suficientes para toda la población como, posteriormente, cuando la quiebra social y económica desaconsejaba cualquier medida que supusiera una nueva quiebra en los ingresos del Estado. Mejor siempre decir la verdad, aunque tenga un coste político, que esta sucesión de falsedades grotescas en una situación de extrema gravedad.

La primera de todas las mentiras la puso el Gobierno en boca de un técnico, un médico como Fernando Simón, y por eso se decía antes que era el único portavoz que no tenía autorizada la mentira. Entiéndase: el engaño, la simulación, las falsas promesas y las medias verdades son monedas de uso común en política y, sobre todo en España, nadie se va a sorprender de que un político se desdiga o incuso niegue sus propias palabras. Ahí está Pedro Sánchez en su famoso desdoblamiento de personalidad, el que estaba en la oposición y el que se sentó en la Moncloa, sin que las palabras del primero condicionen las decisiones del segundo, como nos explicó Carmen Calvo.

Nada, por tanto, puede sorprendernos de la futilidad de la palabra en política. Pero cuando, ante una pandemia como la que estamos padeciendo, sobre todo en los primeros días de miedo, de angustia, de incertidumbre, un médico, un técnico, no un político, acepta el encargo de informar a la población, lo que no puede hacer es utilizar el engaño para tapar al Gobierno. El día que Fernando Simón les dijo a los españoles que el uso de la mascarilla no era aconsejable, cometió el mayor pecado en el que puede incurrir un profesional de su categoría, director del Centro de Emergencias y Alertas Sanitarias de España. Fernando Simón sabía perfectamente que el uso de la mascarilla era necesario para contener los contagios víricos de esta naturaleza y, a pesar de eso, durante los dos primeros meses de la pandemia, marzo y abril, utilizó todo tipo de argumentos para desaconsejarlo.

Mascarillas, mentiras de abajo arriba

Hasta muchos días después de haber declarado el estado de alarma, el Ministerio de Sanidad desaconsejaba en su página web el uso de la mascarilla con un eslogan que ahora, visto con cierta perspectiva, provoca estupefacción: “Si estás sano, no las uses”. Lo mismo que ya había dicho en sus comparecencias el director del Centro de Emergencias: “No tiene ningún sentido que la población ahora mismo esté preocupada por si tiene o no tiene mascarillas en casa”. Tuvieron que pasar muchas semanas hasta que el propio Fernando Simón confesara la verdad que permanecía oculta: no se recomendó el uso de las mascarillas por falta de abastecimiento. “En una situación de escasez de mascarillas, éramos muy prudentes a la hora de hacer recomendaciones que no se podían aplicar. Desde que se inició la pandemia, hemos tratado de ser muy realistas con las medidas de control”, dijo Simón el 20 de mayo. Pero ese no era su cometido, la gente solo esperaba de él un criterio científico, no una excusa política. Ese día, sepultó su prestigio como profesional independiente.

Más burda aún ha sido la mentira sostenida por el Gobierno para mantener el impuesto de artículo de lujo de las mascarillas durante todo este tiempo, un 21% de IVA en vez de un 4% como bien de primera necesidad. La acumulación de argumentos falsos y excusas inventadas es tan descarada que cuesta trabajo hasta reconocerlo como mentira, por el desahogo con el que se lanza una trola con la máxima seriedad.

En eso, la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, es una profesional experimentada en mil laberintos de espejos deformados, como en las barracas de feria. Hasta este mismo miércoles, antes de anunciarlo en el Congreso de los Diputados, con la fanfarria propia de un gran obsequio al pueblo, la ministra Montero sostenía en todas sus intervenciones que la reducción del IVA de las mascarillas no era posible porque la Unión Europea lo había prohibido. “El reglamento europeo del IVA impide la bajada del precio de la mascarilla”, repetía una y otra vez, mientras que en la frontera, en las provincias limítrofes con Portugal, los vecinos iban y venían en caravanas para comprar paquetes de 10 mascarillas por el precio de una en España.

Tanta osadía le ha puesto el Gobierno del PSOE y de Podemos al engaño sobre el impuesto de las mascarillas en España que, poco antes de anunciar la bajada, la portavoz del Congreso, la inefable Adriana Lastra, se permitió, incluso, acusar a nuestros vecinos europeos de incumplir las leyes con el precio de las mascarillas. “A nosotros nos importa cumplir las leyes, y por tanto queremos que las decisiones que adoptemos sean conformes a derecho”, dijo Lastra en RTVE, acaso porque nadie la había avisado de que la ministra de Hacienda iba a bajar el telón del espectáculo burlesco en el pleno del Congreso unas horas después. Ya tenemos el uso obligatorio e incuestionable de las mascarillas y un IVA reducido para adquirirlas, como corresponde a la emergencia sanitaria que nos azota, que es lo que tendría que haber sucedido en marzo. Nueve meses han pasado con mentiras, de abajo arriba, sobre las mascarillas.

Matacán