Despelote sindical en Canal Sur
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Javier Caraballo

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Despelote sindical en Canal Sur

Es prácticamente imposible que ningún partido político pueda igualar la manipulación a la que se vio sometida la RTVA durante los 30 años que estuvo controlada por el PSOE

placeholder Foto: Imagen de la emisión en negro del pasado jueves por la noche en la RTVA.
Imagen de la emisión en negro del pasado jueves por la noche en la RTVA.

Llevar una pantalla de televisión a negro. ¡Apagón informativo! La fijación de los sindicatos de las televisiones públicas por teñir de negro las pantallas debe tener alguna explicación psicológica más allá de las evidentes en la cultura del piquete; quizá algo relacionado con el morbo de algunos jerarcas de medios de comunicación por controlar la información, esa pretensión obscena de dominio sobre la sociedad, como si contar la realidad, el derecho a la información, fueran migajas que ellos reparten a su antojo; Orson Welles inmortalizó 'Ciudadano Kane' y retrató para siempre a los aldeanos Kane que se reparten por todo el mundo.

En las televisiones públicas debe ocurrir algo de eso porque en los sindicatos de estas empresas se intuye esa inclinación despótica, de orden y mando: se comportan como si fueran accionistas mayoritarios de un bien público. Y como tales, imponen sus prioridades ideológicas. Si de manipular se trata, solo está autorizado a manipular quienes ellos decidan. Por eso es tan llamativo lo que está ocurriendo en la televisión pública de Andalucía, Canal Sur, en la que los sindicatos le han convocado al nuevo Gobierno de centro derecha más huelgas que a los sucesivos gobiernos del PSOE en 30 años, sobre todo si se descuentan de esa estadística las protestas que se convocaban por motivos ajenos a la televisión andaluza, como una huelga general o una huelga feminista en toda España. Ahí queda la cosa, el frenesí de los sindicatos de Canal Sur que, como no será extraño adivinar, se mantendrá ya hasta el final de la legislatura, una presión in crescendo hasta las nuevas elecciones de la Junta de Andalucía.

Foto: Canal Sur se va a negro por la huelga de sus trabajadores. (CC)

La última gran protesta ha sido en este final de año, una huelga inédita, dos días seguidos de pantallas en negro coincidiendo con una de las jornadas de más consumo televisivo, como el sorteo de la Lotería de Navidad. Igual que ocurrió en febrero pasado, cuando la emisión de Canal Sur se fue a negro en plena retransmisión de los Carnavales de Cádiz. Entonces, en febrero pasado, el nuevo equipo directivo de la RTVA apenas llevaba un trimestre al frente de la programación y ya tenía una tensión sindical como si todos los males acumulados en esa empresa pública, que son ciertos y constatables, los hubiera ocasionado el nuevo director general, Juan de Dios Mellado, que fue nombrado en el verano de 2019.

Hasta el otoño siguiente, Mellado no puso en marcha la nueva programación con la que pretende superar el declive implacable de los últimos años. Dicho de otra forma, si en la actualidad la Radio Televisión Andaluza arrastra graves problemas de recursos materiales (una inaplazable modernización y renovación tecnológica) y humanos (una plantilla envejecida para el sector, con una media de 55 años), la responsabilidad es antes de los sindicatos que llevan treinta años en esa plantilla que de los nuevos directivos, que llevan poco más de un año. Con lo cual, lo peor que podría ocurrir ahora para los intereses de Canal Sur es que los sindicatos, sin que nadie les exija una autocrítica por su responsabilidad en el estado actual de la empresa pública, se embarquen en una campaña electoral anticipada para tumbar al Gobierno del Partido Popular y Ciudadanos.

El desmantelamiento de la RTVA, que utilizan los sindicatos como excusa, es legalmente imposible, a no ser que se modifique el Estatuto de Autonomía

Se podrá decir, y también es una verdad a medias, que para el año que viene, la empresa pública contará con un presupuesto menguado, con un diez por ciento de recorte, por la presión que han ejercido en el Parlamento andaluz los diputados de Vox, que defienden abiertamente el cierre de Canal Sur de la misma manera que piden la supresión del estado autonómico. Pero resulta que, aunque se lo propusiera, el desmantelamiento de la RTVA, que es lo que utilizan los sindicatos como excusa, es legalmente imposible, a no ser que se modifique el Estatuto de Autonomía que blinda este servicio público (artículos 210 y 211), algo inviable para una fuerza política de extrema derecha que no parece probable que tenga ni vaya a tener alianzas ni diputados suficientes para hacerlo.

Al margen de eso, lo que nunca deberían hacer unos trabajadores públicos es considerar que ellos, por el mero hecho de depender de un presupuesto público, están exentos de los recortes y los sacrificios que se exigen al conjunto de la sociedad, no ya solo a los trabajadores del resto de medios de comunicación. Porque también eso es una obscenidad que, para muchos ciudadanos, puede resultar incluso ofensivo. En la actualidad, de los 140 millones de euros que se destinan anualmente a Canal Sur desde la Junta de Andalucía, la mayor partida, de 90 millones, es para personal, con sus correspondientes subidas salariales, como las que también habrá el próximo ejercicio. Si el Gobierno andaluz se ha comprometido a compensar el recorte impuesto por Vox con fondos europeos para la renovación tecnológica, que se exijan esas garantías en vez de dañar más el prestigio de la RTVA.

Es una constante en la vida política española que todos los partidos, sobre todo cuando llegan al poder, quieran controlar los medios de comunicación, tanto públicos como privados. Pero, aun así, dentro de ese afán manipulador, también existe una gradación muy evidente. Por ceñirnos solo al caso andaluz, es prácticamente imposible que ningún partido político pueda igualar la manipulación a la que se vio sometida la RTVA durante los treinta años que estuvo controlada por el PSOE. En una primera etapa, el Gobierno socialista designaba para la dirección general de la empresa a altos cargos del PSOE, como si fuera una Consejería más. Fue la época de directores generales como Manuel Melero o Salvador Domínguez, aquel que llegó al Parlamento y, cuando le exigieron explicaciones de algún despilfarro, contestó, con el desahogo de la época, “lo siento, señoría, pero hoy vengo chungo de papeles”. El flujo de millones y millones de aquellos años, y los sucesivos, hacia productoras de amigos y periodistas fieles al PSOE es, sencillamente, escandaloso. También hubo una época en la que, directamente, la dirección de la RTVA la asumió el portavoz del Gobierno andaluz, Rafael Camacho, que pasó de un despacho a otro, sin más, para seguir haciendo lo mismo: propaganda del Gobierno que le pagaba. Pues ni ese director general recibió más protestas que ahora por parte de los sindicatos de Canal Sur, con lo que, por mucho que se quieran disfrazar las protestas de ahora, es imposible disimular el despelote en el que están volcados.

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