Razones (de Pedro Sánchez) para que Susana Díaz dimita

"Lo que depende de ella es la forma de marcharse: ya rechazó la presidencia del Senado y ahora tiene que barajar bien sus expectativas"

Foto: Pedro Sánchez y Susana Díaz. (EFE)
Pedro Sánchez y Susana Díaz. (EFE)
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“Lo que me ofrecéis es una caja de pino”, dijo ella. “Te equivocas si piensas que es algo personal, siempre ha ocurrido así en el PSOE de Andalucía. Ahora te toca a ti”, le replicaron. Ese fue el final de la conversación en la que un portavoz autorizado del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, le comunicó a la líder de los socialistas andaluces, Susana Díaz, la determinación de renovar el liderazgo en las próximas elecciones autonómicas.

El contexto se ha ido labrando, lentamente, desde que en diciembre de 2018 Susana Díaz perdió la presidencia de la Junta de Andalucía. El PSOE ganó las elecciones una vez más, es verdad, pero el desgaste y la desmotivación del voto de izquierdas, no solo el socialista, lo alejaron de cualquier posible suma para mantener la hegemonía que ya duraba casi 40 años. A partir de ese día, las posibilidades de supervivencia política de Susana Díaz como líder socialista andaluza se redujeron a cero, porque no se trataba solo de la Junta de Andalucía, sino de resolver una pugna anterior entre ella y Pedro Sánchez tras las primarias del Partido Socialista en las que, contra todo pronóstico, venció el que hoy es presidente del Gobierno.

En el inmediato congreso federal que celebró el Partido Socialista en junio de 2017, ya se produjo una conversación entre ambos, que se recogió aquí, y que se extiende hasta ahora, los últimos capítulos de esta serie. Susana Díaz, derrotada en su partido, se reunió con Pedro Sánchez, aclamado secretario general. Ella, que todavía era presidenta de Andalucía, dijo: “Quiero que sepas, Pedro, que si vas a Andalucía de mi mano, no vas a tener ningún problema, yo misma te facilitaré las cosas y tendrás todo mi apoyo; pero si pretendes entrar en Andalucía por tu cuenta, que sepas que me vas a tener enfrente. De modo que tú decides”. Y Pedro Sánchez, que aún no era presidente del Gobierno de España, respondió: “Mira, Susana, yo sé que siempre te voy a tener enfrente, con independencia de cómo entre en Andalucía o deje de entrar. Eso lo sé. Pero tú también debes saber que siempre me vas a tener enfrente. Así que esta reunión ya se ha acabado”.

Esta vez, la reunión de Susana Díaz no ha sido con Pedro Sánchez, sino con uno de sus portavoces más autorizados en Andalucía, el alcalde de Dos Hermanas, Quico Toscano, acaso el sustento fundamental del líder socialista cuando lo apearon de la secretaría general del PSOE y tuvo que recomponer su maltrecha figura política. El mensaje era solo uno: en los dos años que aún restan para las elecciones andaluzas, Susana Díaz debe dar un paso atrás, aceptar alguna de las salidas que se le ofrecen fuera de Andalucía, y dejar paso a otro líder, hombre o mujer, que aún eso no está decidido (o no está confesado), para que la sustituya. Lo que sigue es una reproducción aproximada de lo que ya sabe Susana Díaz.

Susana Díaz, en una intervención en el Parlamento andaluz. (EFE)
Susana Díaz, en una intervención en el Parlamento andaluz. (EFE)

“No es nada personal, no debería tomárselo así. Es una historia vieja, casi una tradición que siempre se ha cumplido en el partido: cuando la ejecutiva federal considera que ha llegado el momento, el presidente andaluz ha tenido que dar un paso atrás. Sucedió con el primer presidente socialista de Andalucía, Plácido Fernández Viagas, al que se sustituyó por decisión de la ejecutiva federal por Rafael Escuredo, que lo hizo bien, conquistó el andalucismo para el PSOE, hizo sus huelgas de hambre y ganó las elecciones. Pero también se tuvo que marchar cuando se decidió y se designó como presidente a Rodríguez de la Borbolla, que históricamente representaba al aparato. Al paso de los años, Borbolla también tuvo que dar un paso atrás, y se le sustituyó con un doble cambio: en el partido, Carlos Sanjuán, y en la presidencia de la Junta, Manuel Chaves, que duró mucho tiempo, después de que también Sanjuán tuviera que dejar a disgusto la secretaría general. Pero cuando se consideró oportuno, Rodríguez Zapatero lo forzó a dejar la presidencia de la Junta de Andalucía, que no quería, y se lo llevó al Gobierno. Chaves se resistía, pero aceptó. Y llegó José Antonio Griñán, al que, al poco tiempo, también se obligó a dimitir para dejarle la presidencia de la Junta a Susana Díaz. ¿Qué hay de nuevo en este proceso y, sobre todo, que le pueda sorprender a Susana Díaz, con el tiempo que lleva en el partido?”.

“Lo que depende de ella es la forma de marcharse: ya rechazó la presidencia del Senado y ahora tiene que barajar bien sus expectativas. Lo de embajadora en el Vaticano no pasa de ser casi una broma difundida por la prensa en su día, pero es relevante por dos cosas. Primero, porque da una idea clara de las posibilidades que tiene un partido cuando está en el Gobierno para ofrecer muy buenos puestos a alguien que está en sintonía y no presenta batalla. Y, segundo, porque, ciertamente, a la propia Susana no le disgustaría pasar de la catequista que fue en su juventud a ocupar un puesto diplomático en el Vaticano. Pero es solo eso. Lo normal es que se abran buenas posibilidades… Depende de ella. Claro que Pedro Sánchez valora su nueva disposición, ese reconocimiento público de que la que estaba equivocada era ella, y también que durante la pandemia lo haya respaldado siempre, que no se haya alineado con algunos como Page, pero eso no cambia el resultado de la ecuación: tiene que aceptar que su tiempo en Andalucía ha terminado”.

Susana Díaz y Pedro Sánchez, en un acto electoral en Sevilla. (EFE)
Susana Díaz y Pedro Sánchez, en un acto electoral en Sevilla. (EFE)

“Su panorama es más débil de lo que piensa, ya tiene agrupaciones importantes en su contra y, por si fuera poco, una buena parte de su propio núcleo de gobierno anterior se ha reconvertido y ahora son sus principales enemigos, empezando, obviamente, por Mario Jiménez, que fue su número dos. Pero hay más… Ella solo confía ahora en Juan Cornejo, en Chiqui Jiménez Barrios y en Carmelo Gómez. Pero ya verá cómo, de aquí a un tiempo, también ellos comenzarán a recomendarle lo mismo, que tiene que dar un paso atrás. En eso, Borbolla o Chaves podrían contarle algunas experiencias de cómo se evapora la confianza que se creía de hierro entre los más fieles de su entorno, aunque no hará falta, porque la propia Susana ya ha jugado esos papeles en muchos procesos anteriores. Ella se aferra a la repetición como candidata, incluso con el argumento de que sería la que asumiera la derrota, en vez de quemar a un relevo, pero no ocurrirá así. Piensa que quitarla es sepultar su carrera política. Por eso, su única contestación hasta ahora ha sido esa, que lo que le ofrecen es una caja de pino”.

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