El insoportable odio catalán
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Javier Caraballo

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El insoportable odio catalán

"En algún momento hay que decir basta. Entre otras cosas, porque yo soy solo una anécdota, la categoría aquí es el clima de acoso, de intimidación, de odio; un clima guerracivilista"

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El escritor Javier Cercas. (EFE)

Miércoles, 14 de abril de 2021. En los periódicos de Cataluña, algunos editoriales y columnistas remarcan la fecha porque se han cumplido dos meses de las últimas elecciones y todavía no hay Gobierno en la Generalitat. Los más proclives a la causa les recuerdan en sus escritos a los dos partidos independentistas que han sacado más diputados que nunca y más porcentaje de votos que nunca, y los animan a poner fin a sus disputas internas y conformar un nuevo Gobierno secesionista. No hay ninguna alusión en la prensa catalana sobre lo que, a primeras horas de la mañana, sucede en la radio, en Onda Cero: un escritor, Javier Cercas, le cuenta angustiado a Carlos Alsina que no piensa rendirse, que no van a poder con él. Llama la atención porque Cercas, que es un tipo templado, que no suele alterarse, parece enfadado, hastiado. "Hasta aquí hemos llegado", dice.

"En algún momento hay que decir basta. Entre otras cosas, porque yo soy solo una anécdota, la categoría aquí es el clima de acoso, de intimidación, de odio; un clima guerracivilista que gente muy importante quiere crear de nuevo en Cataluña. Quieren que me calle o que me vaya, y ni me voy a callar ni me voy a ir porque esta es mi casa". ¿Y qué ha pasado para que una persona como Javier Cercas estalle de esa manera? Fue a la televisión pública catalana para presentar su nuevo libro y la adaptación teatral de su maravillosa ‘Anatomía de un instante’, y se atrevió a decir, ante la menor insinuación de la presentadora: “Quizá decir esto en TV3 sea una provocación, pero España es una democracia. No lo digo yo, sino todos los indicadores del mundo que miden la calidad democrática. De hecho, en los últimos, España aparece incluso por delante de Francia, de Estados Unidos, de Italia, de Alemania…”.

Cuando abandonó el plató de televisión, ya había montada en las redes sociales una campaña de basura descomunal, con la participación de diputados independentistas, y un vídeo en el que se le acusaba de alentar la intervención del Ejército en Cataluña. ¡La ocupación militar! Desde el principio, uno de los sueños húmedos del independentismo catalán consiste en imaginar grandes compañías de tanques y soldados, coronados por escuadrillas de aviones, mientras ocupan campos de payeses y fábricas de toda Cataluña. En la propagación de este bulo llegan al ridículo, como el que hizo Raül Romeva en 2012, cuando, siendo eurodiputado, solicitó por carta a la Unión Europea que impidiera la invasión de Cataluña por parte del Ejército español.

Igual sucede con el bulo construido contra Javier Cercas: hace dos años, en una entrega de premios en Mérida, hizo un elogio del aburrimiento en una democracia, de la apacible vida rutinaria de un Estado de derecho, sin aventuras ni intrigas. Y añadió que cuando eso se rompe, “como nos ha ocurrido a los catalanes en los últimos años, échate a temblar o llama a la Unidad del general”… A la Unidad Militar de Emergencias (UME) cuyo general, Miguel Alcañiz, estaba allí para recoger una condecoración al igual que Cercas. De esa bobada, se llega a la acusación de “criminal de guerra”.

A Cercas lo llaman “criminal de guerra” y él se revuelve, pero ¿qué pasa con quien tiene un negocio y le pintan la fachada?

Desde el ridículo episodio de Romeva, que es uno de los sediciosos que están en la cárcel, han pasado casi 10 años y la misma mentira sigue rodando, como una piedra que, de cuando en cuando, le tiran a alguien a la cabeza para que se entere de quién manda. Como a Cercas ahora. Pero lo fundamental de este incidente no es su caso, como remarca él mismo, sino la realidad que se mantiene oculta o ignorada. Javier Cercas es un escritor prestigioso con la personalidad y los medios suficientes para combatir eficazmente a todos los que quieren callarlo o taparle la boca. Y si necesita ayuda, ya sabe que la encontrará, que nunca estará solo.

No, lo esencial de todo esto no es Cercas, sino todos aquellos catalanes que no se llaman Javier Cercas. Los tenderos de barrio, los profesores, los comerciantes, los fiscales, los empresarios… ¿Cómo van a defenderse todos esos cuando les digan o les insinúen en la fábrica, o en el chat de los colegas, que se cuide de ser un fascista españolista? ¿Y cómo van a actuar si comprueban a diario lo que ocurre con quienes se enfrentan al independentismo? A Cercas lo llaman “criminal de guerra” y él se revuelve, pero ¿qué pasa con quien tiene un negocio y le pintan la fachada?

Foto: Javier Cercas durante la presentación de su última novela, 'Independencia' (EFE)

Tiene razón Javier Cercas cuando afirma que todo ese mundo de intimidación cotidiana se desconoce fuera de Cataluña y que, interiormente, se silencia porque “vivimosen un lugar en el que ha triunfado la mentira, y la mentira crea esclavos”. Pero hay más razones y, en lo que respecta a quien suscribe este artículo, se detallan como una sincera autocrítica: sí, es verdad, hace ya mucho tiempo que el independentismo y, más allá, el ‘problema catalán’, como lo llaman, se atraviesan en el estómago y se vuelven insoportables. Existe una reacción de rechazo inconsciente, como sucede con todas las indigestiones.

De la indignación y el cabreo, cuando gritaban ‘España nos roba’, se pasó a una gran preocupación con la declaración de independencia y el desafío al Estado de derecho, que podía tumbar todo el sistema democrático español. Pero cuando todo aquello se superó, solo quedó hastío, un profundo hastío. Hasta olvidarnos de lo que Javier Cercas ha vuelto a recordarnos sin pretenderlo: que el hartazgo es una frivolidad inaceptable cuando significa silencio frente al abuso, el chantaje y la amenaza. Que no se nos olvide. Se fueron las cadenas humanas y se quedó el odio. Se acabaron las concentraciones y los 'castells' de esteladas y quedó el odio. Se olvidaron las declaraciones de independencia y quedó el odio. Se acabó la ‘hoja de ruta’ del independentismo y permaneció el odio que había sembrado en la sociedad catalana para que muchas generaciones lo cosechen. Se fue nuestro interés y quedó el odio, el insoportable odio catalán.

Miércoles, 14 de abril de 2021. En los periódicos de Cataluña, algunos editoriales y columnistas remarcan la fecha porque se han cumplido dos meses de las últimas elecciones y todavía no hay Gobierno en la Generalitat. Los más proclives a la causa les recuerdan en sus escritos a los dos partidos independentistas que han sacado más diputados que nunca y más porcentaje de votos que nunca, y los animan a poner fin a sus disputas internas y conformar un nuevo Gobierno secesionista. No hay ninguna alusión en la prensa catalana sobre lo que, a primeras horas de la mañana, sucede en la radio, en Onda Cero: un escritor, Javier Cercas, le cuenta angustiado a Carlos Alsina que no piensa rendirse, que no van a poder con él. Llama la atención porque Cercas, que es un tipo templado, que no suele alterarse, parece enfadado, hastiado. "Hasta aquí hemos llegado", dice.

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