Interinos y 'cultura del coladero'
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Javier Caraballo

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Interinos y 'cultura del coladero'

A una juventud así de maltratada lo peor que le puede ocurrir es que, además de ese presente desolador, las señales que se le envíen desde el poder emitan signos aún más preocupantes para su futuro

placeholder Foto: El IES Francisco Salinas, de Salamanca. (IES Francisco Salinas)
El IES Francisco Salinas, de Salamanca. (IES Francisco Salinas)

Dos noticias inquietantes de estos días, dispersas y dispares, han podido minar todavía más el ánimo de decenas de miles de jóvenes sobre su futuro en España. Al cabo de leerlas ambas, lo único que sé habrá preguntado más de un joven es si vale la pena esforzarse en este país. Antes de presentarlas, intentemos situarnos en la piel de esos jóvenes. No se quejan de cualquier cosa: España es el país de la Unión Europea con una tasa de desempleo juvenil más elevada. La mera lectura de los datos provoca vergüenza y pena. No solo somos los que tenemos el porcentaje de paro juvenil más alto de todos los miembros de la UE, sino que incluso se duplica la media europea, que es del 17,1%, mientras que aquí afecta al 38% de los jóvenes.

Es verdad que el paro juvenil se ceba más con aquellos jóvenes con escasa formación (también somos el país de la Unión Europea con el mayor índice de fracaso y abandono escolar prematuro), pero tampoco los universitarios tienen un panorama más halagüeño. Contratos precarios y mileuristas que apenas les darán para llegar a fin de mes. A una juventud así de maltratada, lo peor que le puede ocurrir es que, además de ese presente desolador, las señales que se le envíen desde el poder emitan signos aún más preocupantes para su futuro. Que en vez de esperanza se transmita desencanto y frustración. Y es en ese punto en el que se inscriben las dos noticias de las que hablamos.

No solo somos los que tenemos el porcentaje de paro juvenil más alto de todos los miembros de la UE, sino que incluso se duplica la media europea

La primera de las noticias se produjo en Sevilla y es difícil de asimilar, aun leyéndola en su literalidad. Un instituto aprobó de golpe a un joven de 2º de ESO que había suspendido ocho asignaturas. ¡Ocho asignaturas! La madre, cuando vio las pésimas notas de su hijo, presentó una reclamación alegando que era asmático, que por eso no iba a clase y que eran los profesores los culpables de los suspensos, porque habían desatendido a su hijo. Los profesores se defendieron diciéndole que, durante todo el curso, nunca presentó un certificado médico sobre su problema de salud, que, en todo caso, el asma no le impedía ir a clase y que, además de todo, le habían enviado más de 100 correos electrónicos, ofreciéndole ayuda telemática, pero los ignoró sistemáticamente. No sirvió de nada. La inspección de Educación decidió atender la queja de la madre y desautorizar a los profesores: la inspección estima que la atención educativa ha sido insuficiente.

Por tanto, para no incurrir en irregularidades en las garantías procedimentales de la evaluación, el alumno queda aprobado, según lo publicado en 'El Mundo'. En la información, se añadían los comentarios de algunos docentes españoles, escandalizados con la noticia, pero no sorprendidos, porque, según sostienen, se trata de una inercia en todo el sistema educativo español. "La Administración está convirtiendo el sistema educativo en un coladero y lo que dice el decreto del ministerio es una sanción legal de cosas que ya están ocurriendo", afirma un profesor.

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante el pleno para votar el decreto ley sobre los interinos.

Cultura de aprobado general y del 'coladero'. Esto es lo que nos conecta con la segunda noticia: el decreto presentado por el Gobierno en el Congreso, que lo aprobó para su tramitación como proyecto de ley, en el que se establece que los interinos con más de 10 años de antigüedad podrán pasar a ser funcionarios sin necesidad de presentarse a ninguna prueba y que, de forma general, la nota que se alcance en el examen no debería ser tenida en cuenta: "Los ejercicios de la fase de oposición podrán ser no eliminatorios". La medida, como es sabido, sale adelante por la presión de la Unión Europea a España para que regularice la anomalía que presenta la Administración pública española, en todos los estamentos, nacional, autonómica y local. Más de 900.000 personas trabajan en la función pública con un contrato temporal, un 28% de todo el sector público, tres puntos más que en la empresa privada.

Los debates paralelos que se suscitan con una noticia así van desde el descaro político que supone que en la Administración pública haya más precariedad e inseguridad laboral que en el sector privado, al que se reprende constantemente por esa cuestión, hasta las razones que han llevado a tener tantos interinos en todas las instituciones y cuántos de ellos son víctimas del sistema y cuantos son simples enchufados por el sempiterno clientelismo político. Pero volvamos a la sensación que se transmite a los jóvenes. Ha dejado dicho la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con su tono de euforia habitual, que se trata de "la mayor oferta de empleo público de nuestra historia reciente", porque pretende sacar a concurso 300.000 plazas de funcionarios. Qué habrán pensado y sentido los jóvenes españoles cuando han leído que el Gobierno de su país dice que va a sacar la mayor oferta de empleo público, pero que, en realidad, es una burda mentira porque esos miles de plazas ya están adjudicados a personas que no tendrán ni que aprobar un examen.

Foto: Miquel Iceta, ya como ministro de Cultura, llegando hoy al Consejo de Ministros (EFE)

La ‘cultura del coladero’ nace en la escuela y escala hasta las instituciones, por mucho que la Constitución exija igualdad, mérito y capacidad como principios fundamentales que deben regir las contrataciones del personal de la Administración pública. Es lo contrario, en realidad, porque la idea que se transmite es que el esfuerzo y la meritocracia pueden soslayarse perfectamente en España. Como el chaval del instituto, basta con una reclamación para aprobar un curso entero, igual que el compañero de clase que se haya esforzado; el universitario que lleve años preparando oposiciones tendrá menos opciones que el interino, incluso si es un enchufado del partido. Incluso aunque podamos justificar que la noticia de los ocho aprobados es una mera anécdota y que el decreto de los interinos acabará en el Tribunal Constitucional, lo relevante de todo esto es la alarma social que se genera.

No es el hecho en sí mismo, sino el mensaje que se traslada a la sociedad y, sobre todo, a los jóvenes españoles. Karl Menniger, considerado padre de la psiquiatría norteamericana, sostenía que "lo que la sociedad dé a los niños será lo que los niños den a la sociedad". Si lo observamos desde ese punto de vista, solo tendríamos que trazar una línea mental hacia el horizonte y empezar a preocuparnos por el futuro de un país que maltrata a sus jóvenes de esa manera y que fomenta en la sociedad la ‘cultura del coladero’ frente a la ‘cultura del esfuerzo’.

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