El timo del protocolo covid
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Javier Caraballo

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El timo del protocolo covid

Tenemos que avanzar hacia la normalidad, no hacia una 'nueva normalidad' de prohibiciones y limitaciones con la excusa del 'protocolo covid'

Foto: Foto: EFE.
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Cuando la pandemia nos arrasó, soñábamos con las lecciones que aprenderíamos tras el varapalo, pero pocos llegaron a calcular que también podría ocurrir lo contrario, que una tragedia así pudiera aprovecharse para imponernos nuevas limitaciones y prohibiciones. Diecisiete meses después, eso es lo que está ocurriendo. Una marea prohibicionista se ha desatado con la excusa de un supuesto 'protocolo covid' que ni existe, ni se ha regulado en ninguna parte, más allá de las consideraciones que se repiten desde el principio sin evidencia científica de que muchas de ellas sean perfectamente inoperantes.

Sobre la generalidad de recomendaciones mil veces repetidas como "mantener la distancia de seguridad interpersonal", "ventilar los espacios cerrados", la "higiene de manos" o el "uso de la mascarilla" se imponen prohibiciones, restricciones y limitaciones que nada tienen que ver con la batalla contra la pandemia porque todas obedecen a una 'nueva normalidad' contra los usos y costumbres de nuestra vida anterior. Los ejemplos cotidianos de esta oleada prohibicionista podríamos redactarlos entre todos, con abusos diarios de los que somos víctimas al subir a un avión, acudir a un estadio de fútbol o sentarse en la terraza de un restaurante cuando observamos, y admitimos, normas absurdas que, en ocasiones, invaden nuestra intimidad y, en otras muchas, limitan nuestros derechos.

Todo se desarrolla a partir de algo que padecemos desde el principio: el desconocimiento sobre el virus

Nada de lo que se pueda decir al respecto, y es importante remarcarlo al comenzar, debe confundirse con aquellos que promueven el negacionismo de lo que nos está pasando, primero con la enfermedad misma y ahora con la vacunación. No, la pandemia, esta pandemia que nos ha devorado como sociedad, que ha puesto al mundo entero de rodillas, no puede negarse ni frivolizarse o minusvalorarse: los cinco millones de muertos a los que nos acercamos en todo el mundo por este maldito virus están ahí para atarnos a la magnitud de la tragedia. Pero no avalar ninguna teoría negacionista, que por fortuna se reduce en España a una minoría irrelevante, no presupone que no seamos críticos con las medidas gubernamentales y sociales con las que se pretende combatir la enfermedad.

Es ahí donde encaja el rechazo a esta oleada prohibicionista, que incluye aspectos incluso moralizantes, en la que nos encontramos inmersos. Todo se desarrolla a partir de algo que padecemos desde los primeros instantes de la pandemia: el desconocimiento general sobre el comportamiento de este virus, tanto en lo que se refiere a los contagios como en la disparidad de secuelas en la salud humana. Esa ignorancia generalizada, sumada, obviamente, a la multiplicación exponencial de los contagios, nos condujo a las medidas drásticas de las primeras oleadas, el confinamiento severo y el cierre completo de la actividad, vulnerando incluso, como ha ocurrido en España, derechos consagrados en la Constitución. Pero ese tiempo, ya ha pasado. Como ya se dijo aquí, el 'día de la libertad' del covid en España tiene que llegar, antes o después, pero en un horizonte muy cercano, como ya ha ocurrido en otros países, para comenzar a tratar esta enfermedad como cualquier otra de las que pueden provocarnos un problema de salud o, incluso, llevarnos a la muerte.

Foto: La eurodiputada Sophie in 't Veld, en sesión parlamentaria. (Parlamento Europeo)

En una sociedad, como la nuestra, que pronto alcanzará el noventa por ciento de la población vacunada, y con el sistema de salud a salvo del colapso por los ingresos hospitalarios, tenemos que avanzar hacia la normalidad, no hacia una 'nueva normalidad' de prohibiciones y limitaciones con la excusa del 'protocolo covid'. ¿Ejemplos? Como se decía antes, cada uno de nosotros podría añadir algunos absurdos a los que ha sido sometido en las últimas semanas. Hace unos días, por ejemplo, una amiga que se encontraba de viaje en Alemania se encontró, justo antes de subir al avión de regreso a España, que la compañía aérea le exigía darse de alta en una aplicación para obtener un código QR indispensable para poder embarcar.

Desde antes del viaje, ya había cumplimentado todas las exigencias de certificados y prevenciones, pero de nuevo se encontraba con un trámite más para poder volver a su casa. Entre unos certificados y otros, tuvo que contestar a preguntas que nada tienen que ver con la pandemia, pero sí con la intimidad: lugares visitados, personas con las que ha estado o los motivos de la visita, además de todos los datos personales. Hubo pasajeros que no pudieron embarcar por ese último trámite inventado por un falso 'protocolo covid'.

Foto: El covid ha hecho temblar los pilares de la hostelería. (EFE)

Otros ejemplos de esta marea prohibicionista lo encontramos en las terrazas de muchos bares y restaurantes, en las que, con independencia de la distancia entre las mesas, se prohíbe el tabaco con la misma excusa del 'protocolo covid'. ¿Pues no hay todavía restaurantes en los que se prohíben las aceitunas por el mismo protocolo? Es como los vecinos del bloque de pisos que dejan en el portal los zapatos de todos ellos porque siguen pensando que el virus se adhiere a las suelas ferozmente. Durante meses, al principio de la pandemia, se extendió la idea de que el covid se transmitía por el tacto y aunque toda la comunidad científica lo ha descartado hace mucho tiempo, hay quien sigue pensándolo.

Esta oleada prohibicionista se sustenta en dos pilares: la credulidad de buena parte de la sociedad y el caos legislativo que existe en España, con la incapacidad de la clase política gobernante de haber aprobado una legislación apropiada para afrontar este fenómeno nuevo. Cada contradicción entre los tribunales cuando se pronuncian sobre las medidas aprobadas por un gobierno autonómico aumenta el desconcierto de las gentes y se convierte en un aliciente, una justificación, para quienes promueven prohibiciones. Tenemos que caminar hacia la normalidad sin perder de vista que este virus se alargará en nuestro destino como una sombra. Pero no le sumemos a la desgracia más angustia ni incertidumbre de la que ya arrastra.

Cuando la pandemia nos arrasó, soñábamos con las lecciones que aprenderíamos tras el varapalo, pero pocos llegaron a calcular que también podría ocurrir lo contrario, que una tragedia así pudiera aprovecharse para imponernos nuevas limitaciones y prohibiciones. Diecisiete meses después, eso es lo que está ocurriendo. Una marea prohibicionista se ha desatado con la excusa de un supuesto 'protocolo covid' que ni existe, ni se ha regulado en ninguna parte, más allá de las consideraciones que se repiten desde el principio sin evidencia científica de que muchas de ellas sean perfectamente inoperantes.

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