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Cambio climático, comodín de desastres
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Javier Caraballo

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Cambio climático, comodín de desastres

¿El cambio climático influye en los incendios? Por supuesto, nadie lo niega, pero que no sirva de comodín para ocultar los graves defectos que influyen igualmente

Foto: Vista de una zona arrasada en el incendio de Sierra Bermeja. (Reuters)
Vista de una zona arrasada en el incendio de Sierra Bermeja. (Reuters)

El cambio climático, que es una realidad cada vez más palpable que nadie puede rebatir, se ha convertido también en el comodín perfecto para algunos discursos políticos, en especial para algunas ideologías amantes del prohibicionismo expansivo, y para justificar algunos desastres naturales provocados por la negligencia de los gobernantes. Pasará cuando lleguen las lluvias como ha pasado ahora con los incendios forestales. Las tormentas traerán lluvias torrenciales, pero si, como ocurre tantas veces, acaban inundando algunas urbanizaciones, lo que no vale es culpar de todo lo ocurrido al cambio climático para soslayar que hubo quien autorizó la construcción de viviendas sobre una zona inundable.

En el fuego devastador de Sierra Bermeja, el titular más repetido ha sido el de ‘incendio de sexta generación’, del que se ha culpado, directamente, al cambio climático; sin matices, con absoluta ignorancia de los factores que han sido determinantes para ese desastre natural, como el descuido en el cuidado de los bosques, especialmente en épocas de sequía, la despoblación progresiva de los núcleos rurales y, sobre todo, la acción premeditada de un canalla, el pirómano que lo provocó a conciencia para provocar el mayor daño. ¿Que el cambio climático influye en los incendios? Por supuesto, nadie lo niega, pero que no sirva de comodín para ocultar los graves defectos que influyen igualmente, desde las tareas de cuidado y limpieza de los bosques hasta el debate sobre las penas actuales para los criminales que los provocan. Se invoca el cambio climático, como si fuera una maldición bíblica sobre el ser humano por su mal comportamiento, y ya nadie se hace más preguntas. Pues no.

Foto: Bomberos en Sierra Bermeja. (Reuters)

Hablemos de lo ocurrido en Sierra Bermeja, en Málaga, que es la catástrofe más reciente: arrasó 9.963 hectáreas de bosque, provocó el desalojo de 2.670 personas y acabó con la vida de un bombero forestal, Carlos Martínez, de 44 años, que había acudido a las labores de extinción del fuego desde el retén de Almería. La primera ‘peculiaridad’ con la que nos encontramos es que este riquísimo paraje natural no cuenta con ninguna protección especial, al estar atravesado por una carretera, la A-397, que va desde Ronda hasta San Pedro de Alcántara, junto a Marbella. Vecinos, científicos y grupos ecologistas, agrupados en la Plataforma Sierra Bermeja Parque Nacional, llevan más de dos décadas reclamando que se convierta en parque nacional, pero no lo han conseguido porque “la cuestión de la carretera A-397 ha sido repetida como un mantra tanto por políticos como por aquellas personas contrarias a la ampliación de la propuesta de parque nacional Sierra de las Nieves, para integrar la parte excluida de Sierra Bermeja”, sostienen en la plataforma.

¿Existen otros muchos parques nacionales en todo el mundo atravesados por carreteras y autopistas? Por supuesto que sí, pero no es eso lo que ocurre en Sierra Bermeja donde, además, casi la mitad del paraje natural está en manos privadas. La patronal Asaja ha recordado ahora, tras el incendio de Sierra Bermeja, que durante cinco años, desde el año 2012, la Junta de Andalucía estuvo sin convocar ayudas forestales: eran los tiempos de la grave crisis en que se vio envuelta la Administración socialista por los grandes escándalos de corrupción. Esas ayudas forestales, que provienen muchas de ellas de la Unión Europea, son esenciales para mantener limpios los montes. “Los incendios forestales se apagan en invierno, que es cuando hay que acometer las tareas de limpieza de los montes para que cuando lleguen el verano y las altas temperaturas no ocurran estos desastres”, afirman en Asaja. En 2019, con el nuevo Gobierno andaluz que preside Juanma Moreno, las ayudas se han vuelto a conceder, pero los propietarios siguen denunciando que no existe un sistema ágil de concesión de ayudas: en septiembre de 2021, todavía están pendientes de resolver los expedientes de 2019, cuando se ‘reanudaron’.

Influyen la despoblación rural, el cierre de negocios agrícolas y ganaderos y la desaparición de actividades que mantenían el monte limpio

Si el incendio de Sierra Bermeja ha sido demoniaco —el más complejo que se ha combatido en España por la capacidad que tenía para multiplicarse en focos nuevos y por la dificultad de reducir las llamas, dadas la altura y la intensidad del fuego—, ha sido por la acumulación de combustible vegetal: es decir, por la falta de limpieza en el monte. Si a ese descuido se añade la subida progresiva de las temperaturas por el cambio climático, lo que provoca que la vegetación se marchite antes, nos explicaremos una buena parte de lo sucedido. Pero hay más, claro: no solo son ayudas, también influyen la despoblación de los núcleos rurales, el cierre de negocios agrícolas y ganaderos y la desaparición de algunas actividades que ayudaban a mantener el monte limpio (pensemos, por ejemplo, en la producción de carbón vegetal que se daba hace varias décadas).

La concentración de todos esos elementos —altas temperaturas, abundante vegetación seca y vientos fuertes— es lo que determina las características de un incendio como el de Sierra Bermeja —eso que, de forma tan enigmática, se denomina incendio de ‘sexta generación’—, que se muestra inextinguible. La nube rojiza que se coloca sobre el fuego, compuesta de pavesas incandescentes, que al descender multiplican los focos del incendio y pueden constituir una trampa mortífera para quienes trabajan en la extinción; ese pirocúmulo es la característica tenebrosa de esos incendios.

placeholder Operarios en Sierra Bermeja. (Reuters)
Operarios en Sierra Bermeja. (Reuters)

Y el canalla… El pirómano o pirómanos —ni la Guardia Civil ni la Fiscalía tienen dudas de que el fuego fue intencionado— que provocaron el incendio lo hicieron a sabiendas de que todas las circunstancias eran adversas para los trabajadores del Infoca, el experimentado servicio de extinción de incendios de Andalucía. En una carretera poco transitada, esperaron al anochecer, las 21:35, del pasado 8 de septiembre, con rachas de viento de poniente de hasta 45 kilómetros por hora, para prender fuego en dos puntos distintos, junto a la cuneta, con piñas colocadas sobre un montón de pasto seco de la zona. Para cuando pudiesen actuar los bomberos y los medios aéreos, a la mañana siguiente, el fuego ya estaría completamente descontrolado.

¿Y qué le pasa a uno de esos pirómanos cuando lo detienen? Además de que la mayoría de los incendios forestales se provoca por negligencias o accidentes (el cigarrillo que se arroja por la ventanilla o la avería en el tendido eléctrico), la última reforma penal de 2015 elevó hasta los 20 años de cárcel la condena máxima, que es a la que podría enfrentarse el causante del incendio de Sierra Bermeja. El presidente andaluz, Juanma Moreno, ha propuesto un endurecimiento de las penas, pero, evidentemente, no parece que sea ese el debate que se precisa. Veinte años de cárcel ya es equiparable a la pena por un asesinato, con lo cual no es en el Código Penal donde está el problema. Es la limitación de recursos policiales y judiciales lo que complica extraordinariamente la imposición de condenas ejemplares contra quienes atentan contra el medio ambiente. Podemos detenernos, como muestra final, en lo ocurrido con otro gran incendio en Andalucía, el que afectó a las inmediaciones del Parque de Doñana en 2017: todavía hoy sigue en fase de instrucción. Y uno anterior, en 2004, que calcinó 35.000 hectáreas entre Huelva y Sevilla, acabó muchos años después con el único acusado absuelto por falta de pruebas.

El cambio climático, que es una realidad cada vez más palpable que nadie puede rebatir, se ha convertido también en el comodín perfecto para algunos discursos políticos, en especial para algunas ideologías amantes del prohibicionismo expansivo, y para justificar algunos desastres naturales provocados por la negligencia de los gobernantes. Pasará cuando lleguen las lluvias como ha pasado ahora con los incendios forestales. Las tormentas traerán lluvias torrenciales, pero si, como ocurre tantas veces, acaban inundando algunas urbanizaciones, lo que no vale es culpar de todo lo ocurrido al cambio climático para soslayar que hubo quien autorizó la construcción de viviendas sobre una zona inundable.

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