El pacto imposible PSOE-PP se firma hoy
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Javier Caraballo

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El pacto imposible PSOE-PP se firma hoy

A unos y a otros, quién les iba a decir que acabarían compartiendo sin quererlo la lógica de dos ‘presidentes alemanes’ que rompe todos los esquemas de la viciada política española

Foto: Puig, en una imagen de agosto. (EFE)
Puig, en una imagen de agosto. (EFE)

Juan Manuel Moreno Bonilla y Ximo Puig son dos políticos alemanes. Lo mismo que el añorado Manuel Vázquez Montalbán se hizo con el término ‘polaco’ para referirse a sí mismo como catalán, riéndose de todo, tan lejos de esta deriva odiosa de los independentistas, a los políticos de izquierda y de derecha que pacten en España tendríamos que llamarlos ‘alemanes’. Con ese apelativo subrayaríamos la excepcionalidad que suponen: dirigentes políticos que, aun estando en las antípodas, son capaces de dialogar y alcanzar acuerdos sobre problemas que les afectan a ambos. El político español, como sabemos, jamás acepta ese acercamiento porque es más de cordones sanitarios y de sentencias admonitorias: ¡por encima de mi cadáver! En España, el adversario político es el mal y todo entendimiento es nocivo.

En ese caldo espeso de la política española, Juanma Moreno Bonilla, que es del Partido Popular y presidente de Andalucía, y Ximo Puig, que es del PSOE y presidente de Valencia, van a protagonizar hoy en Sevilla la foto imposible de la política española, la del pacto entre el Partido Socialista y el Partido Popular. Se unen, estrechan sus manos, para reclamar un sistema de financiación autonómica más beneficioso para las comunidades que gobiernan, las más infrafinanciadas de España, según afirman ambos. Tan revolucionario es en la política española el lenguaje que utilizan, que hasta es posible oírles decir que “es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”, lo cual supone una extrañeza aún mayor si tenemos en cuenta que el presidente de Andalucía tiene a la extrema derecha de Vox como aliada parlamentaria y que el presidente de Valencia se apoya en la extrema izquierda de Podemos (Unides Podem) y Compromís para gobernar.

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno. (EFE)

Esa es la conjunción extraordinaria, inédita, que representa la fotografía de esos dos presidentes ‘alemanes’ que gobiernan en España. Por esa razón, más allá de la financiación autonómica, el pacto entre los presidentes de Andalucía y Valencia debería destacar las contradicciones y la irracionalidad de la inercia política en que siempre estamos sumidos. Pero reparemos en el momento político en que se produce este encuentro de Sevilla. Hace justo una semana, el debate en España lo determinaba la reunión de la ‘mesa de diálogo con la Generalitat de Cataluña en la que, a veces hasta de una forma explícita, lo que se plantea es la posibilidad de compensar a la autonomía catalana con una financiación privilegiada, como ya ocurre con el País Vasco y con Navarra. Lo relevante del encuentro entre los presidentes de Andalucía y de Valencia es que ambos han advertido de que "el único debate posible es el del derecho de todos los ciudadanos, con independencia del lugar donde residan, a disponer de los mismos servicios fundamentales".

La presencia de un dirigente del PSOE tan relevante como Ximo Puig supone una clara interferencia en los planes de quienes consideran en el Gobierno y en el Partido Socialista que a Cataluña se le debe procurar un modelo ‘más confortable’ en el seno de España, como se afirma eufemísticamente. A los propios independentistas catalanes y a sus socios parlamentarios no les debe resultar fácil rebatir con los esquemas dialécticos habituales de izquierda/derecha un acuerdo como el de Andalucía y Valencia. Quiere decirse que cuando es un presidente como Ximo Puig quien afirma que “en ningún caso permitiré un trato de favor a Cataluña”, a medio arco parlamentario se le complica la réplica porque no pueden acusarlo de ‘fascista’, ‘centralista’ o ‘franquista’, que suele ser lo habitual cuando la misma frase la pronuncia un presidente de derechas.

placeholder Moreno, en una imagen de septiembre. (EFE)
Moreno, en una imagen de septiembre. (EFE)

En todo caso, también el propio PP se ve afectado por las contradicciones que surgen a partir del acuerdo de los presidentes de Andalucía y Valencia, sobre todo cuando, como ocurre en la actualidad, la estrategia de la dirección nacional de los populares se reduce a rebatir todo lo que apruebe, haga o diga el Gobierno socialista y a no pactar nunca nada. No es posible pensar que, de la misma forma que Ximo Puig y Juanma Moreno han detectado la existencia de “problemas comunes que están por encima de las ideologías”, en España no existen problemas comunes que puedan merecer el acuerdo del PSOE y del Partido Popular en el Congreso. Es verdad que el interés de Casado por alcanzar un acuerdo con Pedro Sánchez es directamente proporcional al que tiene Pedro Sánchez por alcanzar un acuerdo con Pablo Casado, pero esa evidencia no exime de responsabilidad, ni sirve de excusa, al líder de la oposición, como pretende en ocasiones. En todo caso, lo que tienen ambos ante sí es el ejemplo de estos dos políticos que ya habían demostrado su pragmatismo y su capacidad conciliadora en el seno de sus respectivos partidos y que, ahora, han trasladado esas mismas capacidades a sus responsabilidades públicas.

Foto: Ximo Puig y Juan Manuel Moreno, el viernes en Barcelona. (GVA)

Es curioso reparar, en este sentido, en que tanto Juanma Moreno como Ximo Puig apostaron en sus respectivos partidos por líderes nacionales distintos a los que acabaron imponiéndose: el presidente de Andalucía apoyó decididamente a Soraya Sáenz de Santamaría y el presidente de Valencia apostó fuerte por Susana Díaz. Ambos perdieron en su apuesta interna, pero lograron recomponer las relaciones dentro del partido una vez que lograron presidir sus respectivas comunidades. Eso, quizá, también pueda explicarnos la independencia con la que ahora alcanzan un acuerdo, aunque contradigan los intereses de las direcciones nacionales del PSOE y del PP, y que no les pase factura interna. De hecho, Pedro Sánchez, como secretario general de los socialistas, ha reforzado su alianza con Ximo Puig como aliado dentro del partido, y está obligado a no desairarle para que el PSOE no pierda la comunidad autónoma más importante que gobierna en la actualidad, Valencia. Exactamente igual que ocurre en el Partido Popular con Andalucía, la comunidad más poblada de España y que gobierna ahora, tras casi cuatro décadas de gobiernos socialistas. A unos y a otros, quién les iba a decir que acabarían compartiendo sin quererlo la lógica de dos ‘presidentes alemanes’ que rompe todos los esquemas de la viciada política española.

Juan Manuel Moreno Bonilla y Ximo Puig son dos políticos alemanes. Lo mismo que el añorado Manuel Vázquez Montalbán se hizo con el término ‘polaco’ para referirse a sí mismo como catalán, riéndose de todo, tan lejos de esta deriva odiosa de los independentistas, a los políticos de izquierda y de derecha que pacten en España tendríamos que llamarlos ‘alemanes’. Con ese apelativo subrayaríamos la excepcionalidad que suponen: dirigentes políticos que, aun estando en las antípodas, son capaces de dialogar y alcanzar acuerdos sobre problemas que les afectan a ambos. El político español, como sabemos, jamás acepta ese acercamiento porque es más de cordones sanitarios y de sentencias admonitorias: ¡por encima de mi cadáver! En España, el adversario político es el mal y todo entendimiento es nocivo.

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