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Aborto, hachís y dos huevos duros
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Javier Caraballo

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Aborto, hachís y dos huevos duros

El desinterés por los problemas reales de los ciudadanos es un agente corrosivo de las democracias, quizá el peor, porque supone desconfianza y rechazo de las instituciones

Foto: Irene Montero interviene en el Congreso. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Irene Montero interviene en el Congreso. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
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Ha faltado el cachopo. Una campaña cuestionando el volumen excesivo del cachopo, por ejemplo, y ponernos a debatir sobre las medidas ecosostenibles del empanado. Pero quizá llegue en la próxima crisis; esta vez ha bastado con el aborto y con la legalización del hachís para usos terapéuticos. ¿Y dos huevos duros? También, por eso el borrador de la ley del aborto es tan adecuado para estos momentos, porque incluye otros debates de gran impacto social como la baja temporal de las mujeres que padecen una menstruación dolorosa o incapacitante.

¿Quiere decirse, entonces, que ninguno de esos temas es de interés público o que no deben abordarse? En absoluto, porque se trata justo de lo contrario, por el respeto y la consideración que merecen determinados problemas que afectan a la sociedad, lo inadmisible, lo insultante, es que se manoseen y se utilicen como bombas de humo para ocultar una realidad de que la que quiere huir. Una gran polvareda que lo tape todo.

Foto: El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. (EFE/Xoán Rey)

Debe pensar el gobierno que el control de la agenda política se recupera creando una nueva hornada de controversia, pero la primera responsabilidad de un cargo público es justo la contraria, solucionar los problemas y hacernos la vida más fácil a los ciudadanos. Pero esa es la inercia de la política española, de este Gobierno acorralado por su torpeza y sus complejos frente a un puñado de diputados independentistas. Podrá servir a sus intereses, pero qué ocurre con los afectados por los problemas que plantea.

Qué derecho tiene ningún dirigente para frivolizar sobre asuntos que merecen un debate sereno, riguroso y profesional. Eso, por no hablar de los asuntos que jamás merecerán la atención de la vida pública española, y en esto también debemos incluir la responsabilidad que tenemos en los medios de comunicación. Pongamos un ejemplo reciente, de esta misma semana, este jueves pasado, en plena pompa del debate provocado por el Gobierno para tapar la polémica del espionaje, 25.000 personas se manifestaron en León.

Foto: Manifestación por el futuro de León. Fotografía: Policía Local de León

Que, en una capital como la leonesa, de 125.000 habitantes, protesten ese número de personas es equivalente a una manifestación de 600.000 o 700.000 en Madrid o en Barcelona, pero de vecinos de esas ciudades, no de ningún colectivo económico, laboral o político. Pues bien, la protesta de León apenas tuvo repercusión en los medios de comunicación y, desde luego, ni una sola referencia por parte de los dirigentes políticos nacionales. León no está en el debate, no interesa, aunque tendríamos que estar muy preocupados por el malestar creciente de esos ciudadanos que se sienten ignorados, maltratados y olvidados, como los de otros muchos rincones de España.

El desinterés por los problemas reales de los ciudadanos es un agente corrosivo de las democracias, quizá el peor, porque supone desconfianza y rechazo de las instituciones, del sistema mismo, mucho más allá del descrédito de la clase política. Gente dispuesta a darle una patada al tiesto, como se dice vulgarmente, porque se ha cansado de esperar sin que nadie le escuche.

Foto: La vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño (i),escucha a la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. (EFE/ Hidalgo)

La utilización del aborto y del uso terapéutico del hachís son, en ese contexto, los mejores ejemplos de la deriva política en la que se halla el Gobierno de Pedro Sánchez, un presidente al que es imposible oírle un discurso de Estado, de intereses generales, por encima de las trifulcas de fango. Eso que dijo el otro día desde la tribuna del Congreso de los Diputados, absolutamente impropio e indigno de la principal autoridad del Estado, cuando habló de "los mangantes" de los gobiernos de Mariano Rajoy, su predecesor… En fin.

Es posible que los primeros sorprendidos por el anuncio de la nueva ley del aborto hayan sido los propios socialistas, y muchos de sus electores, porque carece completamente de sentido político que se proponga una nueva ley cuando, como se adelantó en El Confidencial, el Tribunal Constitucional está a punto de dictar sentencia, favorable para la ley actual, aprobada en tiempos de Rodríguez Zapatero. La victoria socialista, después de doce años, se minimiza, se autosilencia, con el anuncio del borrador de una ley que, además, incluye otros muchos aspectos que, con claridad, desbordan los límites competenciales del Ministerio de Igualdad.

Pedro Sánchez, por cierto, aunque ya no se recuerda, votó por error a favor de la reforma de la Ley del Aborto que promovió en 2015 el Gobierno de Mariano Rajoy para impedir que las mujeres menores de edad pudieran abortar sin el permiso paterno, que es lo que ahora quiere volver a modificarse. Y podría hacerse, como entonces, sin necesidad de aprobar una nueva ley, con una simple reforma de la 'Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo' de 2010, que es sobre la que dictará sentencia del Tribunal Constitucional, pero como lo que se persigue es, sobre todo, el impacto social, la polémica y la controversia política, se incluyen los problemas laborales de las mujeres durante la menstruación.

El aborto se ha convertido en un arma arrojadiza en las tensiones del Gobierno

El aborto, como excusa o como percha, de una especie de ley transversal de Igualdad, a la que solo le falta que se incluyan todas las demás banderas feministas, sin consideración legal alguna por la invasión de competencias de otros ministerios. El aborto, también, como arma arrojadiza para azuzar las tensiones dentro del Gobierno, entre los socios del Gobierno.

Conviene repetir lo que se decía al principio, que no se trata de desacreditar el debate, sino de exigir la consideración que se merecen los colectivos afectados. Se trata de exigirle seriedad a la política española, al Gobierno de España, el respeto que se merecen las mujeres de que no se utilice para la bronca un asunto como el de las dolencias menstruales, porque ya tienen suficiente con la frivolización social que se hace de todo ello. El respeto que merece también un debate como el de la legalización del hachís, como han hecho ya tantos países, para usos terapéuticos o, incluso, recreativos, como se ha defendido aquí mismo en otras ocasiones. Debates serios y no esta política burda y despegada de la realidad, esta estrategia de aluvión y humareda. El aborto, el hachís y dos huevos duros.

Ha faltado el cachopo. Una campaña cuestionando el volumen excesivo del cachopo, por ejemplo, y ponernos a debatir sobre las medidas ecosostenibles del empanado. Pero quizá llegue en la próxima crisis; esta vez ha bastado con el aborto y con la legalización del hachís para usos terapéuticos. ¿Y dos huevos duros? También, por eso el borrador de la ley del aborto es tan adecuado para estos momentos, porque incluye otros debates de gran impacto social como la baja temporal de las mujeres que padecen una menstruación dolorosa o incapacitante.

Aborto Tribunal Constitucional Pedro Sánchez