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Espadas, la duda existencial del PSOE
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Javier Caraballo

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Espadas, la duda existencial del PSOE

Cómo recuperar al electorado, cómo activarlo, manteniendo al compás dos discursos contradictorios, el miedo a la derecha y la crítica de continuismo. Y todo con un candidato que replica el mismo perfil del presidente popular

Foto: Juan Espadas. (EFE/José Manuel Pedrosa)
Juan Espadas. (EFE/José Manuel Pedrosa)
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Juan Espadas, su designación como candidato del PSOE a la Junta de Andalucía, es fruto de una duda socialista: ¿Cómo debemos recuperar el Gobierno andaluz, con qué perfil se puede derrotar a la derecha de Juanma Moreno? La respuesta inicial se dividía en dos perfiles distintos, un candidato agresivo y rupturista, netamente de izquierdas, o un candidato moderado, templado, propio de los grandes momentos del PSOE en Andalucía. Manolo Chaves, por ejemplo, el más longevo de todos los presidentes socialistas andaluces en cuatro décadas de gobiernos sucesivos en esta comunidad autónoma. ¿Quién es mejor? En plena batalla por el control de la potente agrupación socialista de Andalucía, Pedro Sánchez, y sus fieles en esta comunidad, se lo estuvieron planteando mientras acumulaban fuerzas para derrotar a Susana Díaz, la anterior presidenta y líder de los socialistas andaluces, a la que tenían sentenciada desde mucho antes. Las apuestas de entonces eran dos, una mujer con un carácter muy marcado, curtida en mil batallas, agresiva cuando se lo propone, implacable con la derecha, o un hombre con experiencia de gestión, moderado y conciliador, con el bagaje de haber ganado en unas elecciones el voto conservador al mismo tiempo que al electorado socialista. ¿Qué hacer? La mujer era la actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el hombre el ex alcalde de Sevilla, Juan Espadas.

Foto: El alcalde de Sevilla, Juan Espadas. (EFE)

La respuesta fue Espadas, “nuestro Juan, el alcalde buena gente”, como lo definió un día, en un mitin, en febrero de 2019, Susana Díaz, la persona a la que finalmente sustituiría. Tampoco debe dársele más importancia a este detalle, son las cosas de la política, las puñaladas habituales que se suceden cuando se disputa el poder en un partido político. De hecho, los dos citados, tanto Juan Espadas como María Jesús Montero, estuvieron en su día a las órdenes de la mujer con a que acabaron enfrentados: el primero fue aupado por Susana Díaz para ser alcalde de Sevilla, y la segunda fue consejera de Hacienda de su Gobierno, antes de que Pedro Sánchez se la llevase a Madrid para el mismo menester. Las lealtades en política, como las traiciones, siempre son de ida y vuelta. La consecuencia, en fin, es que la duda socialista se resolvió a favor del perfil de “buena gente” que representaba Juan Espadas con el convencimiento, aunque no generalizado en las filas socialistas, de que la experiencia de cuarenta años les dictaba que un candidato así, como el del exalcalde, era el que triunfaba en Andalucía.

El único problema que tiene ese diagnóstico, que sin duda alguna es acertado, es que en los últimos tres años y medio el que ha ocupado ese espacio político en Andalucía ha sido un dirigente político del partido rival, Juanma Moreno del Partido Popular. Cuando alcanzó, de forma absolutamente inesperada, la presidencia de la Junta de Andalucía, el actual presidente llegó a la misma conclusión que los socialistas, que el perfil político que triunfaba en esta comunidad era el de un político moderado, de centro templado, asimilable a izquierda y a derecha, defensor del andalucismo, sin veleidades nacionalistas. En ese punto preciso es en el que llegamos a la duda actual de los socialistas andaluces: ¿Cómo se combate a un presidente que, al final, está replicando el modelo de los socialistas en Andalucía durante tantos años de hegemonía? No es que sean partidos iguales, claro, pero durante años el PSOE andaluz había advertido que la llegada de la derecha supondría el desmantelamiento de la sanidad pública, de la educación, de los servicios sociales, hasta de las pensiones… Y nada de eso ha ocurrido.

Foto: Reunión entre Moreno y Espadas el pasado octubre en el marco de la negociación de los Presupuestos de Andalucía. (EFE/Julio Muñoz)

En las entrevistas de precampaña que va concediendo el propio Juan Espadas, se puede detectar perfectamente la contradicción con la que convive el PSOE ante estas elecciones, en su objetivo de volver a gobernar Andalucía. Cuando le han preguntado, como hace unas semanas en El País, por su valoración del gobierno de Juanma Moreno, afirma, sin dudarlo, que se trata de un gobierno ”continuista”. Pero ¿cómo puede criticar el PSOE que el problema de la gestión de la derecha andaluza sea que no se distingue de la gestión del PSOE? Pues eso es lo que contesta Espadas: “¿Moreno ha hecho continuismo? Efectivamente, se ha demostrado que alguien que en teoría venía a cambiarlo todo ha considerado que los pilares sobre los que se había construido Andalucía eran más sólidos de lo que él criticaba. Ese continuismo es una enmienda a la totalidad a sí mismo de Moreno Bonilla”.

Esa respuesta tiene la legitimidad de quien reclama el modelo, la patente de un Gobierno que supo conquistar el voto de los andaluces de forma sucesiva, pero al mismo tiempo supone una enmienda a la totalidad al otro discurso socialista sobre el miedo a la derecha. Quiere decirse que no se puede acusar al presidente del PP de haber mantenido los pilares de la gestión socialista y, al mismo tiempo, amenazar con el peligro que supone un gobierno de la derecha para el mantenimiento de esos mismos pilares, que son los del estado del bienestar. Y, sobre todo, no lo puede hacer quien se esfuerza en tener un perfil político conciliador, sin crispaciones, de talante moderado, muy lejos de la agresividad dialéctica, como es Juan Espadas. “¿Cómo se recupera la confianza de la ciudadanía cuando se ha podido perder?”, se preguntó el candidato del PSOE a la Junta de Andalucía el pasado miércoles, en Sevilla, cuando presentó el programa electoral de los socialistas para estas elecciones de junio. Él mismo aportó la respuesta: “se resume en escuchar a la gente”, Pues con esa misión, que encierra una duda existencial, se plantea el PSOE estas elecciones andaluzas. Cómo recuperar al electorado socialista, cómo activarlo, manteniendo al compás dos discursos contradictorios, el miedo a la derecha y la crítica de continuismo. Y todo eso, además, con un candidato que replica el mismo perfil del presidente popular.

Juan Espadas, su designación como candidato del PSOE a la Junta de Andalucía, es fruto de una duda socialista: ¿Cómo debemos recuperar el Gobierno andaluz, con qué perfil se puede derrotar a la derecha de Juanma Moreno? La respuesta inicial se dividía en dos perfiles distintos, un candidato agresivo y rupturista, netamente de izquierdas, o un candidato moderado, templado, propio de los grandes momentos del PSOE en Andalucía. Manolo Chaves, por ejemplo, el más longevo de todos los presidentes socialistas andaluces en cuatro décadas de gobiernos sucesivos en esta comunidad autónoma. ¿Quién es mejor? En plena batalla por el control de la potente agrupación socialista de Andalucía, Pedro Sánchez, y sus fieles en esta comunidad, se lo estuvieron planteando mientras acumulaban fuerzas para derrotar a Susana Díaz, la anterior presidenta y líder de los socialistas andaluces, a la que tenían sentenciada desde mucho antes. Las apuestas de entonces eran dos, una mujer con un carácter muy marcado, curtida en mil batallas, agresiva cuando se lo propone, implacable con la derecha, o un hombre con experiencia de gestión, moderado y conciliador, con el bagaje de haber ganado en unas elecciones el voto conservador al mismo tiempo que al electorado socialista. ¿Qué hacer? La mujer era la actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el hombre el ex alcalde de Sevilla, Juan Espadas.

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