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Educación, el mayor falso éxito del Gobierno
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Javier Caraballo

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Educación, el mayor falso éxito del Gobierno

Las notas de las pruebas de acceso a la Universidad en todas las comunidades autónomas han experimentado un impresionante aumento de aprobados y de sobresalientes

Foto: Pruebas de la EBAU en Murcia. (EFE/Marcial Guillén)
Pruebas de la EBAU en Murcia. (EFE/Marcial Guillén)
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El mayor éxito educativo del Gobierno ha pasado desapercibido y esa es la primera sospecha de lo que se oculta, porque bien sabemos que no hay demagogia que se resista a una campaña sobre cualquier servicio público. En todas las administraciones. La cuestión es que el nivel de la educación en España ha dado un salto teórico espectacular en los últimos cinco años y nadie lo destaca. Más sobresalientes que nunca y menos suspensos. ¿Por qué no se celebra? Eso lo vemos en los exámenes del final del ciclo de bachillerato, cuando los estudiantes se enfrentan a un examen general que pone a prueba sus conocimientos generales antes de entrar en la Universidad. Antes se llamaba Selectividad y, desde hace unos años, Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad que, por esa manía enfermiza de buscar unas siglas para todo, se reduce a 'la EBAU', que suena más a plataforma web de artículos de segunda mano que a Educación, pero es como se llama.

Pues bien, lo que ha pasado en España es que, en los tres últimos años, las notas de las pruebas de acceso a la Universidad en todas las comunidades autónomas han experimentado un impresionante aumento de aprobados y de sobresalientes. No hay comunidad en España en la que los aprobados no hayan superado el 90%. Más aún: los sobresalientes se han multiplicado en los últimos tres años, pasando de ser apenas un 4% de los alumnos a más del 8%. ¿Qué está pasando? ¿Tanto ha mejorado la calidad de la enseñanza en España en este tiempo tan duro de pandemia y pospandemia? Es evidente que no se trata de eso, sino que estamos ante la que, quizá, supone la primera aplicación de un cambio de modelo educativo en España. El espíritu de la Lomloe, la ley de Educación aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez, ya ha inundado las aulas y ha impregnado los exámenes de la prueba de acceso a la Universidad.

Foto: Estudiantes utilizando ordenadores en una clase. (EFE/Antonio García)

El cambio de 'modelo' se ha realizado, además, de la forma más chapucera y cutre que podía realizarse. En vez de obedecer a un debate serio y riguroso, consciente, se aplica de tapadillo. Las circunstancias especiales del alumnado y de las clases durante la pandemia de covid-19 llevaron al Gobierno a aplicar un criterio más laxo en la Selectividad de 2020 y, a partir de entonces, aunque se haya acabado la pandemia y las aulas hayan vuelto a la normalidad, se han mantenido y consolidado las medidas excepcionales que se adoptaron entonces. Política de hechos consumados.

Es verdad que, a partir de 2024, la intención del Gobierno es la de cambiar radicalmente el tipo de examen de la Selectividad, pero nada de ello justifica esta forma de actuar. Lo que se sabe es que la nueva EBAU será más una prueba de competencias del alumno que un examen, propiamente dicho, con contenidos concretos. Y que habrá alumnos que puedan examinarse, aunque mantengan alguna asignatura suspensa del Bachillerato, algo que, también, han comenzado a aplicar ya algunas autonomías, esencialmente las gobernadas por el PSOE y sus socios parlamentarios.

Definitivamente, por lo tanto, en el sistema educativo español se está imponiendo este nuevo modelo en el que la memorización de contenidos, los exámenes y las repeticiones empiezan a pertenecer al pasado. ¿Y es una buena medida o no? De momento, las consecuencias inmediatas son estas que vemos, el 'milagro' de la Selectividad, y por esa razón estamos ante un falso éxito del gobierno, porque no es que se haya elevado el nivel de los estudiantes españoles, sino que, con las mismas capacidades de antes, se les ha puesto más nota. Muchos de los que antes no aprobaban, ahora lo hacen y a quien sacaba notable, ahora le han puesto un sobresaliente. Es todo. Otra cosa es que, al cabo de los años, un cambio así, tan importante, suponga una mejora del sistema educativo español o lo contrario. En eso hay un amplio debate. Algunos profesionales de la educación en España lo consideran un modelo camuflado de aprobado general, mientras que otros muchos lo ven como una evolución necesaria, que nos acercará a los modelos educativos más exitosos de nuestro entorno.

Foto: Exámenes EBAU del año 2022 (EFE/Abel Alonso)

De forma resumida, de los muchos reportajes y opiniones que se han realizado sobre el cambio de modelo educativo, podemos extraer las dos posiciones enfrentadas. La favorable al cambio dice así: "Lo que está claro en España es que la repetición no funciona y produce efectos indeseables en la formación de los niños y adolescentes. A muchos de ellos se les empuja para que se marchen a los 16 o 17 años sin terminar la ESO. Además, la repetición de curso puede ser una medida socialmente injusta, ya que el alumnado con menos recursos repite en mayor proporción que el que cuenta con mayor nivel socioeconómico. En España existe una 'cultura de la repetición' que otros países de nuestro entorno, como Francia o Portugal, ya han superado".

En contra de ese criterio, quienes critican el cambio de modelo, sostienen lo siguiente: "Estamos en la era en la que se les dice a los niños que todo vale y que se puede conseguir sin esfuerzo. Lo primero que hay que considerar es que no somos todos iguales y eso lo sabemos porque tenemos hijos y hermanos. En una familia de tres hijos, puede ser que uno sea muy brillante en los estudios y que otro suspenda siempre. Esto lo entendemos en las familias y parece que la escuela se niega a aceptarlo. Los seres humanos no somos todos iguales. Nadie puede demostrar que lo mejor es que los alumnos no repitan. Si la repetición fuera mala, los países donde no se repite tendrían mejores resultados, pero no los tienen".

El debate seguirá por muchos años en España, aunque es verdad que algunos países que siempre se han puesto como ejemplos de legislación avanzada, como Noruega, ya tiene regulado que todos los alumnos tienen derecho a la promoción automática de curso durante la educación obligatoria. Es exactamente la misma orientación pedagógica que ha plasmado el Gobierno de Pedro Sánchez en la nueva ley de educación, en la que los estudiantes podrán pasar de curso, con independencia de los suspensos que tengan, si los profesores lo creen adecuado.

Foto: La ministra de Educación, Isabel Celaá. (EFE)

No todas las autonomías aplicarán esta norma, pero habrá muchas que sí lo hagan respondiendo al espíritu de la Lomloe que cuestiona abiertamente el modelo tradicional de evaluación, sustentado en exámenes y notas, y pide que se contemplen también otros factores que tienen que ver con las actitudes y las aptitudes de los alumnos, aunque no aprueben. De todas formas, no hay que perder de vista que este debate sobre la promoción automática, o no, se limita a los años de educación obligatoria, en menor medida al Bachillerato, pero jamás puede referirse a los estudios universitarios. Que es lo que más puede llamarnos la atención, o preocuparnos, de este súbito y falso auge de las notas de Selectividad en España.

El mayor éxito educativo del Gobierno ha pasado desapercibido y esa es la primera sospecha de lo que se oculta, porque bien sabemos que no hay demagogia que se resista a una campaña sobre cualquier servicio público. En todas las administraciones. La cuestión es que el nivel de la educación en España ha dado un salto teórico espectacular en los últimos cinco años y nadie lo destaca. Más sobresalientes que nunca y menos suspensos. ¿Por qué no se celebra? Eso lo vemos en los exámenes del final del ciclo de bachillerato, cuando los estudiantes se enfrentan a un examen general que pone a prueba sus conocimientos generales antes de entrar en la Universidad. Antes se llamaba Selectividad y, desde hace unos años, Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad que, por esa manía enfermiza de buscar unas siglas para todo, se reduce a 'la EBAU', que suena más a plataforma web de artículos de segunda mano que a Educación, pero es como se llama.

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