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Juanma Moreno y el paraíso madrileño
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Javier Caraballo

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Juanma Moreno y el paraíso madrileño

Ha anunciado la sexta bajada de impuestos desde que llegó a la presidencia, convencido de que esa es una de las piedras que debe mover para conseguir que la economía fluya más en esta comunidad

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (d), y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE/Mariscal)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (d), y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE/Mariscal)
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Se fue el presidente andaluz, Juanma Moreno, a uno de esos desayunos de hoteles madrileños en los que se arregla España todos los días, y la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, lo recibió con un mensaje como de carteles turísticos del Caribe, el ‘todo incluido’, la hamaca y las palmeras cocoteras: ‘Andaluces, bienvenidos al paraíso’. Esta vez, la presidenta Díaz Ayuso no ha llegado en su nacionalismo madrileño a la defensa de la figura del ‘ex evaporado’, la expareja con la que no se tropieza por las calles, sino que se refería a algo más tangible, aunque siempre controvertido, la bajada de impuestos que en Madrid es seña de identidad política de los distintos gobiernos del Partido Popular.

El presidente de la Junta de Andalucía quiere seguir esa senda de bajadas fiscales y, por esa razón, llegó a Madrid para subirse al atril y confesar que su propósito inmediato, para esta legislatura, es el de competir con la capital de España en confort de impuestos, podríamos decir. Sostiene Moreno Bonilla: “El modelo de Madrid ha triunfado, ha sido un éxito. Y como yo no me fijo en los peores, sino en los mejores, (…) haremos que Andalucía sea la segunda comunidad autónoma de España en la que se pagan menos impuestos”. Con ese espíritu, ha anunciado la sexta bajada de impuestos desde que llegó a la presidencia, convencido de que esa es una de las piedras que debe mover para conseguir que la economía fluya más en esta comunidad instalada en la última posición, española y europea, de todas las estadísticas socioeconómicas. Atención a esto, que siempre lleva a equívocos: Andalucía ya es la tercera economía del país, la comunidad más poblada de España, con una superficie superior a la de varios países europeos, y dispone de una Administración autonómica con un presupuesto global que este año rozará los 44.000 millones de euros, pero nunca, nunca, en las últimas cuatro décadas de democracia, ha bajado de los dos dígitos en desempleo. Revertir esa situación es el objetivo, nada menos.

Lo que, de forma general, persigue el presidente andaluz es convertir Andalucía en una tierra más atractiva para los inversores, tanto nacionales como extranjeros y, si en Madrid ha funcionado esa política, junto a otras medidas de agilización y dinamización de la burocracia administrativa, el potencial de la comunidad andaluza es muy relevante. Hasta ahí, el planteamiento teórico, pero, como veremos ahora, la realidad es mucho más compleja y enrevesada: el crecimiento exponencial de Madrid en las últimas décadas no se debe solo a las bajadas de impuestos, sino a un fenómeno migratorio, que ni siquiera es nacional sino mundial. Hace un par de años, aquí mismo, en El Confidencial, se publicó un detallado estudio sobre el éxodo urbano en España, una inercia exponencial de emigración desde distintas comunidades autónomas hacia la capital de España. Desde los años ochenta, es decir, desde la instauración de la democracia, la movilidad territorial se ha multiplicado sin cesar, y ha pasado de unas 300.000 migraciones interprovinciales al doble, más de 600.000 en este nuevo siglo. Los dos polos principales de atracción han sido Madrid y Barcelona, pero mucho más la primera, por las sinergias que se crean, y se buscan, en la capital de un Estado y también, claro, por la deriva catalana de los últimos años de independentismo.

Además de las consecuencias visibles de ese fenómeno migratorio, uno de los componentes más desoladores es la incidencia en las capas más jóvenes de la sociedad. Se decía en aquel reportaje: “Si los jóvenes de mediados del siglo XX abandonaban los pueblos para instalarse en las capitales de provincia como mano de obra barata para la incipiente industria, ahora son sus hijos, 'millennials' con formación universitaria, los que abandonan estas ciudades para desplazarse a Madrid y Barcelona en busca de empleos de alta cualificación”. Cada año llegan casi 100.000 nuevos inmigrantes de otras comunidades autónomas a Madrid, en busca de unas salidas laborales que no encuentran en sus provincias de origen, donde han sido educados, o porque las oportunidades de empleo son mucho mayores en la capital. En definitiva, que la ‘metropolización’, que es como se conoce este fenómeno que también afecta a otras capitales cercanas como París o Londres, excede con mucho a las políticas de rebajas de impuestos, como la anunciada por el presidente andaluz.

Foto: Gerard Piqué presenta la primera edición sostenible de la Copa Davis. (EFE/JJ Guillén) Opinión

El ‘paraíso’ madrileño, del que habla Díaz Ayuso, no se ha construido solo por la presión fiscal menor, aunque es indudable que siempre es un incentivo para las grandes fortunas y para los inversores. Así que, bueno, en fin, por algo hay que empezar en Andalucía; ya veremos los resultados. Por el momento, lo menos interesante es ese debate cansino sobre si la bajada de impuestos es de derechas y lo contrario, de izquierdas. Ni sí, ni no, porque lo relevante es lo que se haga con el dinero público. Cuando se pretende convertir en dogma político, es un debate falso y oportunista. Un solo ejemplo: en 2003, Rodríguez Zapatero, presidente socialista, declaró solemnemente que “bajar impuestos es de izquierdas” y, decidido, suprimió el impuesto de patrimonio que, unos años más tarde, volvió a recuperar Mariano Rajoy, presidente de derechas. Ahora ese es uno de los impuestos que elimina el presidente andaluz mientras la izquierda lo censura. Es decir, nada. Hojarasca ideológica sin más.

En los albores de la autonomía, Carlos Cano, adorado icono del andalucismo primero, cantaba sus añoranzas de ver una Andalucía nueva, próspera, a la que pudieran volver los cientos de miles de inmigrantes que se marcharon, algunos, muchos, a Cataluña, y otros a varios países de Europa, Alemania, Suiza… “Que vuelvan pronto los emigrantes, 'haiga' cultura y prosperidad”. Esa era la ‘Murga de los currelantes’, fotografía musical de aquella inmigración del campo, por la mecanización de las tareas agrícolas y el auge de las ciudades por la industrialización. El fenómeno de ahora es muy distinto, pero la globalización causa el mismo empobrecimiento, el ocaso o el estancamiento de pueblos, ciudades y regiones. Así que volvemos a lo mismo, la misma murga del currelante para que vuelvan los que se han ido a buscarse fuera el sustento. Quién le iba a decir a Carlos Cano que el resultado de casi medio siglo de descentralización y autonomías en España iba a ser una mayor potenciación de la capital, Madrid, como centro económico y político.

Se fue el presidente andaluz, Juanma Moreno, a uno de esos desayunos de hoteles madrileños en los que se arregla España todos los días, y la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, lo recibió con un mensaje como de carteles turísticos del Caribe, el ‘todo incluido’, la hamaca y las palmeras cocoteras: ‘Andaluces, bienvenidos al paraíso’. Esta vez, la presidenta Díaz Ayuso no ha llegado en su nacionalismo madrileño a la defensa de la figura del ‘ex evaporado’, la expareja con la que no se tropieza por las calles, sino que se refería a algo más tangible, aunque siempre controvertido, la bajada de impuestos que en Madrid es seña de identidad política de los distintos gobiernos del Partido Popular.

Juanma Moreno Isabel Díaz Ayuso
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