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Un comunismo de 'El Principito'
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Javier Caraballo

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Un comunismo de 'El Principito'

Quizá la única etapa en la que el Partido Comunista de España ha sido contestatario de sí mismo, inquieto e inconformista, fue hace ya 30 años, con Julio Anguita

Foto: La vicepresidenta Yolanda Díaz en la fiesta del PCE de 2021. (Twitter)
La vicepresidenta Yolanda Díaz en la fiesta del PCE de 2021. (Twitter)
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Los comunistas de España están este fin de semana de celebración con la tradicional fiesta del PCE, que se celebra en un pueblo cerca de Madrid, el de Rivas-Vaciamadrid. Como la democracia española se va haciendo mayor, la fiesta de los comunistas va a cumplir en esta edición los 44 años, que no es poco, desde 1977, y lo único que mantienen inalterable es la tenacidad, la abnegación, la perseverancia, ajenos a cualquier circunstancia, objetiva o subjetiva, que pueda destruirles el momento. Que nada fastidie la utopía, podría decirse.

El sueño de pensar que aquí, entre ellos, está la única realidad. Eso se percibe hasta en la cartelería, en la que se presenta esta fiesta como "el mayor evento político-cultural del país, contando con artistas de primer nivel y con la participación de las y los protagonistas de los asuntos principales de la agenda política, social, sindical, cultural y académica en el programa de debates". Evidentemente, el programa real no tiene nada que ver con la descripción del evento, pero sirve perfectamente para definir el mayor problema de los comunistas de la actualidad, nunca resuelto y siempre en huida exponencial, su desconexión de la realidad. Entre vivir en un mundo imaginario y ofrecer soluciones a los problemas reales de la sociedad a la que aspiran representar, la autocomplacencia surte un efecto placebo que los consuela a todos. El mayor evento, los protagonistas de primer nivel a la agenda española… Pues eso; nada que ver con la realidad.

Como la democracia española se va haciendo mayor, la fiesta de los comunistas va a cumplir en esta edición los 44 años, que no es poco

Quizá la única etapa en la que el Partido Comunista de España ha sido contestatario de sí mismo, inquieto e inconformista, fue hace ya 30 años, cuando el siempre mencionado Julio Anguita intuyó que la férrea estructura del partido era un lastre insoportable para el progreso de una opción política que se situara a la izquierda del PSOE. Los comités centrales, las mesas de camillas, las purgas internas, la repulsión intrínseca al ajeno, a todo el que pretendiera modificar ese 'statu quo', actuaban como freno y, por ese motivo, era necesario trascender del partido para abrirlo a la sociedad. Sostenía Anguita que la izquierda necesitaba pararse un momento y pensar. "Los contenidos del socialismo, el comunismo o la anarquía han sido asumidos por la sociedad actual, que los ha vaciado de contenido y ha vendido sus continentes, sus envoltorios, en El Corte Inglés. Vengo proponiendo que debemos sentarnos, sin prisa, y sin horizonte electoral, a discutir, todos los que nos llamamos de izquierda, qué entendemos por eso".

Esta fiesta del PCE, aunque quizá sea la que más disculpa tiene al respecto, es una feria de ese 'merchandising', de comercialización de ideas o de iconos que tiene que ver más con la lógica capitalista, con los envoltorios de regalo, como decía el 'califa rojo', que con su verdadero contenido. En los tenderetes, no hay rival ante las camisetas del Ché, las gorras con la hoz y el martillo o las banderas de la URSS. Y, entre tanto, la izquierda se marchita, nostálgica y encerrada en sí misma, ausente de lo que ocurre alrededor.

Así, dando tumbos, con la misma pretensión de reinventarse, aquella Izquierda Unida de los orígenes vuelve de nuevo al punto de partida del que surgió todo, el mismo Partido Comunista de España que, entre tanto, ha conservado su identidad, sus fieles y, sobre todo, su estructura social y organizativa. Eso es lo que lo hace que se mantenga como eje de todo, mientras los movimientos van pasando, como ha ocurrido ya, 'de facto', con aquella revolución morada de Podemos. Pero las urgencias son las mismas y los objetivos siguen intactos: qué es la izquierda y cuáles son sus propuestas para esta sociedad democrática y capitalista en la que vive.

Con la misma pretensión de reinventarse, aquella Izquierda Unida de los orígenes vuelve de nuevo al punto de partida del que surgió todo

El hilo argumental con el que se intenta sustentar todo, o más bien disfrazarlo, es el que los lleva al dualismo de considerarse como salvadores de una amenaza fascista creciente, sin reparar siquiera en el trauma enorme que debería suponerles contemplar cómo muchos barrios obreros de las grandes ciudades apoyan esas opciones populistas que detestan. En vez de buscar explicaciones, de mirarse a ellos mismos, buscan un enemigo externo. Hay quien sostiene, en esa lógica cegata, que, en España, todo lo que no es izquierda es fascismo, los fachas, y así van catalogando, despreciando y aislándose en su propia insignificancia.

Hacerse preguntas, sin trampas ni disimulos, pararse a pensar y decidir qué tiene que decir el Partido Comunista de España de esta sociedad del siglo XXI. Ya sabemos que algunos pronuncian la palabra 'comunista' como un insulto, pero eso no le hace justicia a los muchos comunistas españoles que lucharon por esta democracia más que nadie, que se sacrificaron y que, llegado el momento, supieron renunciar a algunos de sus planteamientos para que la concordia nos dejara este periodo de progreso y de estabilidad desconocidos, fortalecidos con la Constitución que nos dimos todos.

Solo sobre esos cimientos de buenos comunistas, tan pragmáticos como idealistas, podría construirse una alternativa de izquierda real y la pregunta ahora, la duda, es si la persona que puede orientar el camino es Yolanda Díaz. Ya ha demostrado liderazgo y valentía para romper con las imposiciones orgánicas, para distanciarse de Podemos, pero queda todo lo demás. ¿Cuál es el pensamiento de Yolanda Díaz, cuál es su comunismo del siglo XXI? ¿Alguna idea o solo tres frases hechas? El pasado año, ante la fiesta del PCE, que volvía tras la pandemia, la vicepresidenta y ministra de Trabajo se decidió a prologar una reedición del 'Manifiesto comunista' y, en ese texto, solo dejó la estela vaporosa de la nada.

Ya ha demostrado liderazgo y valentía para romper con las imposiciones orgánicas

Más ensoñación que ideología, idealización hasta el punto de atribuir a las malas traducciones la literalidad de la dictadura del proletariado. Como si Stalin, Mao o los Jemeres Rojos nunca hubieran existido. La realidad no tiene cabida en la dulce interpretación de las cosas, aunque la deforme. "El 'Manifiesto comunista' es uno de esos libros mágicos e inagotables. Conmueve pensar en aquellos primeros ejemplares, hojas de papel, volando de mano en mano, guardadas, como oro en paño, bajo el uniforme de trabajo o en los pliegues de una falda", escribió Yolanda Díaz en aquel prólogo que sorprendió a tantos.

Uno de los más sorprendidos fue el filósofo Fernando Savater, que se conoce bien el 'Manifiesto comunista', a Marx y a Engels. En su último libro, 'Solo integral' (editorial Ariel), clava su crítica con una comparación cruel y certera cuando se refiere a ese prólogo "que la señora Yolanda Díaz ha perpetrado contra el 'Manifiesto comunista', un texto vigorosamente profético, pero ninguna de cuyas profecías afortunadamente se ha cumplido". Y añade: "La ministra Díaz ha confundido el 'Manifiesto' con 'El Principito' y de ahí la blandura sentimental de su texto. Creo que le hubiera gustado a Marx y a Engels aún menos que a mí...". Pues eso.

Los comunistas de España están este fin de semana de celebración con la tradicional fiesta del PCE, que se celebra en un pueblo cerca de Madrid, el de Rivas-Vaciamadrid. Como la democracia española se va haciendo mayor, la fiesta de los comunistas va a cumplir en esta edición los 44 años, que no es poco, desde 1977, y lo único que mantienen inalterable es la tenacidad, la abnegación, la perseverancia, ajenos a cualquier circunstancia, objetiva o subjetiva, que pueda destruirles el momento. Que nada fastidie la utopía, podría decirse.

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