Pedro Sánchez, en su declive vertiginoso, ha conseguido esta vez quedar por mentiroso en España, por tramposo en Europa y por indeseable en Estados Unidos
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ofrece una rueda de prensa en la cumbre de la OTAN. (EFE/J.J. Guillén)
"No tengo palabras para expresar mi disgusto". La prensa estadounidense, tan meticulosa en la búsqueda de gargantas profundas, resumió la decepción provocada por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, con esas palabras, ese sentimiento de un alto funcionario de Defensa de la Unión Europea "al que, como a otros, se le concedió el anonimato para hablar con franqueza, al margen de la cumbre de la OTAN", decía la crónica de ‘Político’. La recopilación de decepciones anónimas en Europa debió ser tan abundante que el periódico encabezó su artículo con uno de los titulares más agresivos de la prensa internacional contra el presidente socialista español: "El nuevo villano de la OTAN". Tan acertado fue el periódico norteamericano en su análisis que, al día siguiente, fue el propio Pedro Sánchez el que se encargó de proporcionarle una foto a su marginalidad.
Cuando todos los jefes de Estado y presidentes de Gobierno se citaron para la foto de grupo, el presidente español llegó tarde, con la mayoría ocupando ya el espacio que tenían asignado, pasó por delante de todos ellos con el paso acelerado y la cabeza gacha, sin hablar con nadie, y se fue a una esquina, a un metro de distancia. A veces, se puede cortar la tensión que se acumula en el ambiente, pero esta vez no es necesario recurrir a metáforas porque se puede cortar la foto perfectamente: por un lado, los jefes del mundo occidental y, a un metro de distancia, el presidente Pedro Sánchez. Dicen que era una foto buscada por él mismo, aunque uno no alcance a entender qué hay de ventaja en señalarse como el villano de una organización a la que se pertenece. Todos equivocados, menos Sánchez.
Desde que el presidente Sánchez comenzó su huida hacia adelante el año pasado, a raíz de lo Koldo y su esposa, las distintas etapas de su degeneración política se corresponde con cartas a la ciudadanía y declaraciones institucionales. En siete años no ha hecho tantas como en este último ejercicio. Los politólogos que estudien en el futuro los detalles de la ‘era de Sánchez’ deberían detenerse en esas declaraciones y cartas porque van reflejando los distintos estados de ánimo de presidente, los altibajos, y acaban dibujando con extraordinaria nitidez la soberbia de su carácter, su frialdad en la mentira, la impostura tragicómica de tonos y de gestos. En ese declive vertiginoso, ha llegado la ‘cumbre de la OTAN’ y Pedro Sánchez ha conseguido quedar por mentiroso en España, por tramposo en Europa y por indeseable en Estados Unidos. Prodigioso desastre. Repasemos algunos detalles interesantes.
La ‘declaración institucional’ con la que comienza la secuencia se convocó con tanta urgencia que se le comunicó a los medios de comunicación tan solo doce minutos antes de comenzar. No ha existido ninguna otra circunstancia en España, en los siete años de Gobierno de Sánchez, que haya merecido esa celeridad. En el ‘apagón’, por ejemplo, el presidente tardó más de seis horas en comparecer. De modo que, en plena canícula de la tarde de un domingo de junio, el presidente corrió a la sala de prensa de la Moncloa urgido por la necesidad que tenía de contar su propia versión distorsionada de lo que acababa de firmar con la OTAN. Mirando, con giros de cabeza, los sillones vacíos de los periodistas, proclamó solemne que había alcanzado "un acuerdo con la OTAN que permitirá a España cumplir plenamente con sus compromisos en el seno de la Alianza sin necesidad de elevar el gasto en defensa al 5% del PIB". Era falso. Tal acuerdo no existe, en todo caso la aceptación de que ese dinero anual se pueda aportar en un plazo de cinco años o diez años. Es decir, que la urgencia de Pedro Sánchez aquel domingo era la de trasladarle a los españoles una versión mentirosa de medias verdades.
No será necesario recurrir a lo que, en contra de esa versión adulterada del presidente español, haya dicho el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un demostrado pelota y bocachanclas al servicio de Donald Trump. Basta con leer la declaración institucional que se ha aprobado al final de la cumbre de la OTAN, en la que todos los Estados miembros "se comprometen a invertir el 5% del PIB anual en los requisitos básicos de defensa, así como en gastos relacionados con la defensa y la seguridad, de aquí a 2035, para garantizar nuestras obligaciones individuales y colectivas, de conformidad con el Artículo 3 del Tratado de Washington". Si Pedro Sánchez se creyese sus propias palabras del domingo,no habría firmado tres días después esa declaración de la OTAN. Pero el respeto a la verdad es un sarpullido en este hombre, con lo que es capaz de afirmar una cosa y a contraria, como acaba de ocurrir. Lo peor es que sus colegas de la Unión Europea han asistido atónitos al espectáculo, quizá porque todos ellos conocían bien antes de la ‘urgente’ declaración institucional de Sánchez cuáles eran los compromisos reales. El primer ministro de Bélgica, Bart De Wever, se lo tomó directamente a broma cuando le preguntaron. "Sería genial ver que puedes hacer lo que está calculado que es un 3,5 por un 2,1, como ha dicho Pedro Sánchez. Si él puede hacerlo, es un genio. Y por supuesto, la genialidad me inspira", dijo el mandatario belga, con cuidado de que no se le escapara una carcajada.
Sentado lo anterior, el mayor síntoma del declive de Pedro Sánchez no son las trolas, tan habituales en él, sino la torpeza estratégica que viene demostrando. Si pudiéramos fragmentar la declaración institucional de la OTAN, veríamos que le dedica, casi a partes iguales, un tanto por ciento a reinventarse el acuerdo alcanzado sobre la inversión obligatoria en Defensa, otro tanto a la exaltación de su habilidad con "mi amigo Rutte" para hacer que España sea el único país de la OTAN que no tendrá que sacrificar su Estado del Bienestar. Luego le dedicó varios párrafos a la demagogia antimilitarista más rampante –eso que dijo de "en ninguna guerra hay vencedores; en ninguna", sin reparar en el ‘leve’ detalle de lo que pasó con Hitler- y finalmente, ofreció los únicos argumentos razonables de toda la perorata institucional. Como dijo el presidente Sánchez, no se trata sólo de gastar más en Defensa, sino "gastar mejor y gastar juntos" en la Unión Europea.
España está firmemente comprometida con los objetivos de capacidad y los cumplirá en tiempo y forma.
Hoy, alcanzamos un acuerdo satisfactorio para todos y que defiende el multilateralismo.
Nuestro país seguirá siendo una pieza clave de la arquitectura de la seguridad europea. pic.twitter.com/gMChPm32XO
"Lo esencial -dijo Pedro Sánchez- es aumentar la interoperabilidad de nuestras Fuerzas Armadas. Lo fundamental es establecer mecanismos de compra común, es desarrollar una industria de la defensa propia y crear de una vez por todas, al menos a juicio del Gobierno de España, el Ejército Común Europeo". Tiene razón en eso y quien abocó a la Unión Europea a este discurso, a esta necesidad, fue el propio Donald Trump cuando anunció en noviembre que "Estados Unidos no puede ser la policía del mundo, no vamos a hacer más el bobo". Antes de esta cumbre de la OTAN, el propio Trump ha insistido en lo mismo al cuestionar el artículo 5 del Tratado, que obliga a la OTAN a defender a aquellos países miembros que se vean agredidos. Nadie hubiera criticado a Pedro Sánchez si hubiera alzado la voz en Europa para recordarnos la urgencia de avanzar en ese ideal de ‘unos estados unidos americanos’, acorde con las exigencias del nuevo orden internacional. No es la firmeza, los principios y las convicciones lo que se rechaza, sino la trampa, el fingimiento, la simulación. Pero no, este Pedro Sánchez del declive vertiginoso sólo atiende al corto plazo, atropellándose, sin norte ni objetivos. Se trata de salir del paso, aunque sea engañando a todo el mundo al mismo tiempo.
"No tengo palabras para expresar mi disgusto". La prensa estadounidense, tan meticulosa en la búsqueda de gargantas profundas, resumió la decepción provocada por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, con esas palabras, ese sentimiento de un alto funcionario de Defensa de la Unión Europea "al que, como a otros, se le concedió el anonimato para hablar con franqueza, al margen de la cumbre de la OTAN", decía la crónica de ‘Político’. La recopilación de decepciones anónimas en Europa debió ser tan abundante que el periódico encabezó su artículo con uno de los titulares más agresivos de la prensa internacional contra el presidente socialista español: "El nuevo villano de la OTAN". Tan acertado fue el periódico norteamericano en su análisis que, al día siguiente, fue el propio Pedro Sánchez el que se encargó de proporcionarle una foto a su marginalidad.