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Cuestión de confianza, la salida del PP
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Javier Caraballo

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Cuestión de confianza, la salida del PP

En vez de insistir en una moción de censura absurda por imposible, lo que tendría que hacer Feijóo es volver a presentar en el Congreso la cuestión de confianza que ya se le aceptó a Junts

Foto: El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Diego Radamés)
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Diego Radamés)
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El Partido Popular tiene una vía libre para retratar, como pretende, la debilidad extrema del presidente Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados: rescatar la proposición no de ley que presentó Junts para debatir una cuestión de confianza. La banda de Puigdemont, como veremos ahora, acabó renunciando a la iniciativa, probablemente porque el ‘negociador’ Santos Cerdán lo convenció con nuevas prebendas, pero dejó abierta la puerta que jamás hubiera podido cruzar ningún otro grupo parlamentario. Para el Partido Popular, esa cuestión de confianza es la salida y casi su propia escapatoria, antes de seguir amagando con una moción de censura que es absurda por imposible.

Salvo que, en las próximas semanas, se vea implicado el PSOE, directamente, en el caso Koldo por la financiación ilegal del partido, los socios parlamentarios del Gobierno jamás van a respaldar una moción de censura que apoyen el PP y Vox. Incluso en ese supuesto, es muy probable que los socios encontraran una excusa para no secundar ninguna iniciativa en la que esté implicada la extrema derecha, el ogro electoral de todos ellos y el eje central de sus discursos. Sucede, además, que el PP ya debería haberse percatado de que, cada vez que inicia una ronda de conversaciones con los demás grupos parlamentarios, el que sale escaldado es el propio Feijóo, en gran medida por la torpeza rudimentaria de muchos de los cuadros populares. Pensemos, por ejemplo, en el portavoz Miguel Tellado y todo se habrá entendido. Es normal que en este congreso del Partido Popular hayan decidido relevarlo de su tarea en el Congreso de los Diputados para que se dedique a lo que, con toda probabilidad, le saldrá mucho mejor: ejercer de secretario general del PP para aplicar ahí su rigidez y evitar jaulas de grillos.

La presentación de la cuestión de confianza, como decimos, tiene el precedente inmediato de lo que consiguió Junts per Catalunya gracias a su capacidad de chantaje al presidente Pedro Sánchez; los siete escaños de oro de esta legislatura. A principios de año, en uno de los periódicos golpes de efecto del fugado Puigdemont, los parlamentarios de su grupo exigieron al presidente del Gobierno que se sometiera a una cuestión de confianza. Lo que querían poner de manifiesto, según explicaron entonces, es que Pedro Sánchez no estaba cumpliendo con sus compromisos con los independentistas catalanes: transferencias plenas de competencias de inmigración, uso del catalán en las instituciones europeas y, sobre todo, la plena aplicación de la ley de amnistía.

"Sánchez ha demostrado que no es de fiar, no ha hecho lo suficiente para merecer nuestra confianza", dijo el prófugo cuando presentó lo que había ideado. Nada más anunciarlo, los distintos portavoces socialistas rechazaron la idea porque la cuestión de confianza forma parte de las competencias exclusivas del presidente del Gobierno, igual que la convocatoria anticipada de las elecciones. Es el artículo 112 de la Constitución: "El presidente del Gobierno, previa deliberación del Consejo de Ministros, puede plantear ante el Congreso de los Diputados la cuestión de confianza sobre su programa o sobre una declaración de política general. La confianza se entenderá otorgada cuando vote a favor de la misma la mayoría simple de los diputados".

Foto: solucion-sanchez-salida-riesgo-cuestion-confianza

Es decir, la cuestión de confianza conduce a aquello que el presidente Pedro Sánchez quiere evitar desde hace dos años, que se constate que ni existe una mayoría de progreso que lo apoya ni que todos sus socios parlamentarios están dispuestos a confirmar públicamente su respaldo, mucho menos tras el estallido de los casos de corrupción socialista. A pesar de todo, los escaños de oro de Puigdemont consiguieron lo que parecía imposible, que la Mesa del Congreso de los Diputados calificara favorablemente la proposición no de ley de Junts.

A sabiendas de que jurídicamente era insostenible y que la Constitución no ofrece ninguna duda, una vez más se plegaron a los deseos del fugado, sin importarles para nada la legalidad constitucional. Cuando todo estaba ya dispuesto para que la cuestión de confianza se debatiera en pleno, a través de la proposición no de ley de los independentistas, Junts decidió retirarla, aprovechando que reapareció el mediador salvadoreño, Francisco Galindo -¿quién le estará pagando a este señor?- para pedirles ese favor. "Haremos un último sacrificio, pero si el PSOE sigue así tendrá un disgusto grande", dijeron los independentistas.

Foto: partido-motivos-apoyar-mocion-censura-psoe Opinión

Ha sido el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada, Agustín Ruiz Robledo, el que ha tenido la brillante idea de sugerir que se retome esa vía para devolverles a las Cortes Generales la dignidad parlamentaria y democrática que se le ha hurtado. Lo que ha sugerido Ruiz Robledo es que el PP lo utilice como precedente para solicitar la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones, que también es competencia exclusiva del presidente del Gobierno (artículo 115 de la Constitución). Dice el profesor granadino: "Como la Mesa del Congreso admitió en febrero la proposición de Junts para que se sometiera a una cuestión de confianza, no veo motivos jurídicos para que ahora no se admita una iniciativa similar para la convocatoria de elecciones. Sobre todo, si los firmantes se limitan a copiar el texto de Junts, sin más cambio que el necesario para que en lugar de referirse al mecanismo del artículo 112 de la Constitución lo haga al del 115".

La única modificación, o sugerencia, que se le puede hacer a esta habilidosa propuesta es la de prescindir de cambio alguno en la propuesta de Junts, porque ni es necesario ni se deben ofrecer argumentos a quienes buscaran excusas para cambiar de criterio. La salida del PP está en la presentación, exactamente, de la misma proposición no de ley de Junts, letra a letra, en la que pedía la cuestión de confianza de la que Pedro Sánchez huye como gato escaldado. Es difícil pensar que la Mesa del Congreso diga ahora lo contrario que hace cinco meses; es posible pensar que los diputados de Junts no van a votar ahora en contra de lo que ellos mismos plantearon; es razonable presumir que los diputados de Podemos tampoco se implicarán para salvar a Pedro Sánchez… ¿Acaso existe algún factor contraproducente, desfavorable? No parece, no, por eso la cuestión de confianza, aprovechando la grieta abierta por Junts, es la salida que tiene el PP.

El Partido Popular tiene una vía libre para retratar, como pretende, la debilidad extrema del presidente Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados: rescatar la proposición no de ley que presentó Junts para debatir una cuestión de confianza. La banda de Puigdemont, como veremos ahora, acabó renunciando a la iniciativa, probablemente porque el ‘negociador’ Santos Cerdán lo convenció con nuevas prebendas, pero dejó abierta la puerta que jamás hubiera podido cruzar ningún otro grupo parlamentario. Para el Partido Popular, esa cuestión de confianza es la salida y casi su propia escapatoria, antes de seguir amagando con una moción de censura que es absurda por imposible.

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