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La empanada política de Feijóo
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Javier Caraballo

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La empanada política de Feijóo

El PP sigue enredado en su barullo, generándose problemas, como eso de negar un 'cordón sanitario' a Vox y, a continuación, realizar la insólita promesa de que abortará una legislatura antes que gobernar con ellos

Foto: El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Jesús Hellín)
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. (Europa Press/Jesús Hellín)
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El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, da la impresión siempre de que transita por la política con pasos indecisos, de forma que uno no sabe nunca dónde se encuentra exactamente ni a dónde se dirige. Si el congreso de este fin de semana, celebrado en Madrid, ha sido en el que Feijóo "ha dejado de galleguear", como decían las crónicas de El Confidencial, resulta que a las pocas horas, nada más iniciarse la semana, ya se ha estrenado con una nueva polémica que desmiente todo lo dicho un día antes. Los dirigentes populares siguen enredados en sus barullos, generándose problemas, trabándose con inexplicables torpezas. Lo último ha sido el anuncio, insólito en una democracia, de que jamás formará un gobierno de coalición con Vox, que es su socio natural en la política española, por grandes y abismales que sean las diferencias que los separan.

El nuevo secretario general del Partido Popular, el tosco Miguel Tellado, se ha comprometido, nada menos, que a provocar la disolución de las Cortes Generales y convocar unas nuevas elecciones si al PP no le queda más remedio que alcanzar un pacto con Vox para gobernar juntos. Como decimos, se trata de una promesa electoral insólita porque nadie, por mero tacticismo, se ata de pies y manos de esa forma, sin saber qué le va a deparar el futuro. Sobre todo cuando el día anterior, en el supuesto interés por dejar las cosas claras, Núñez Feijóo se contestó a sí mismo, tajante, a la pregunta de si pensaba establecer un ‘cordón sanitario’ en torno a Vox: "No. Vox es la tercera fuerza política de este país, sus votantes merecen un respeto, y yo no estoy dispuesto a arrinconarles".

Si la decisión de romper la baraja, darle una patada a la legislatura antes de gobernar con Vox, no es un ‘cordón sanitario’, que nos expliquen, entonces, cuál es su concepto de ‘cordón sanitario’ porque, precisamente, la negativa a gobernar con alguien es el mayor desprecio que se puede imaginar en política. Todavía se entiende menos cuando recordamos que el Partido Popular y Vox ya han gobernado juntos -y lo siguen haciendo- en numerosos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas. Que no le quepa la menor duda al nuevo secretario general del Partido Popular que, a partir de ahora, le van a recordar sus palabras a todos los candidatos del PP, aunque sólo gobiernen juntos en una comunidad de vecinos. ¿O es que Vox sólo es despreciable para gobernar en España, pero no en las demás administraciones?

El caudal incesante de apuros en los que acaba de meterse el Partido Popular es inimaginable. En fin… Cuando el discurso político se construye con complejos y sin principios sólidos, lo normal es que se incurra en este tipo de contradicciones que, además, todos saben que será imposible de cumplir. Como ha dicho la nueva portavoz, Esther Muñoz, cuando le han preguntado por la decisión de no gobernar jamás con Vox: "Vamos a esperar a que haya elecciones y que veamos los diputados que tenemos cada uno", dijo, con lo que no debe tener muy claro, tampoco ella, qué ha decidido su propio partido.

Foto: vox-crecimiento-feijoo-sanchez-1hms Opinión

Hace dos años, en julio de 2023, que es de donde arranca la empanada política del Partido Popular de Feijóo, su biógrafo, Xosé Luis Barreiro, apuntó, en una entrevista en El Confidencial, los dos errores estratégicos, fundamentales, que había cometido el líder de la derecha en aquellas elecciones generales, que ganó, pero no logró gobernar. El primero era el de no haber asumido la nueva realidad política de España, que descarta mayorías absolutas y provoca la necesidad de gobernar con los extremos, tanto a la izquierda como a la derecha. El segundo error fue el de practicar una ‘política de partidos’ en un momento de polarización en el que lo que existe es una ‘política de bloques’.

El biógrafo de Feijóo, convencido de que todo proviene del "enorme complejo de la derecha frente a la moralidad estereotipada de la izquierda", añadía algo más que, perfectamente, se podría aplicar a la actualidad: "La realidad es la que tenemos delante desde hace mucho tiempo, que el PP va a necesitar de Vox para gobernar. ¿Qué se debía haber hecho? Asumirlo, no pregonarlo, pero tampoco estorbarlo. Para ello, había que prepararse con un marco de relaciones, limitado y elegante, para cuando se tenga que negociar con Vox. No se hizo y se propició un cambalache incomprensible en los ayuntamientos y las autonomías, con el que acabó tragando con todo lo que tenía que tragar".

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En alguna ocasión se ha apuntado aquí mismo, en el mismo sentido que lo apuntado por el biógrafo de Feijóo, que no se puede pretender ninguna estrategia eficaz en política si, previamente, no se reconoce y se asume la realidad. En esa política de bloques en la que nos encontramos, polarizada y estática, lo primero es el reconocimiento de los aliados naturales, que para el PP está en la extrema derecha, una vez que ha desaparecido la representación política del centro y del centroizquierda. No hay partidos en la actualidad que representen ninguna de las dos. A partir de ese reconocimiento, lo siguiente es la aprobación de un marco ideológico inamovible para todas las relaciones con Vox, en cualquier administración del Estado. Si el coste de mantener esos principios es la pérdida de una administración, se asume antes que promover uno de los espectáculos habituales en los que incurre el PP cuando, al negociar con Vox, se infringe un sinfín de humillaciones, renuncias, contradicciones y división.

Era Mariano Rajoy quien decía aquello de que "hay ocasiones en las que la mejor decisión es no tomar ninguna decisión". Es posible que, a veces, Rajoy lograse que los problemas se pudrieran y desaparecieran, pero no es lo que suele ocurrir habitualmente. Ni en la vida ni en la política. De modo que a Feijóo habría que aconsejarle que, antes que por su colega gallego, se deje aconsejar por lo que decía uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, Benjamin Franklin, que en política "la peor decisión es la indecisión". Y en último extremo, todo menos esta empanada política.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, da la impresión siempre de que transita por la política con pasos indecisos, de forma que uno no sabe nunca dónde se encuentra exactamente ni a dónde se dirige. Si el congreso de este fin de semana, celebrado en Madrid, ha sido en el que Feijóo "ha dejado de galleguear", como decían las crónicas de El Confidencial, resulta que a las pocas horas, nada más iniciarse la semana, ya se ha estrenado con una nueva polémica que desmiente todo lo dicho un día antes. Los dirigentes populares siguen enredados en sus barullos, generándose problemas, trabándose con inexplicables torpezas. Lo último ha sido el anuncio, insólito en una democracia, de que jamás formará un gobierno de coalición con Vox, que es su socio natural en la política española, por grandes y abismales que sean las diferencias que los separan.

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