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¿Tiene Pedro Sánchez el síndrome de hubris?
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Javier Caraballo

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¿Tiene Pedro Sánchez el síndrome de hubris?

Todo aquello que nos parece excesivo o admirable en el presidente tiene un nombre en psiquiatría y proviene de la diosa griega que representaba la insolencia, la prepotencia y la desmesura

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa. (Europa Press/Alberto Ortega)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Moncloa. (Europa Press/Alberto Ortega)
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Existe una conexión directa entre el carácter de Pedro Sánchez y una diosa griega, Hybris. Si está en lo cierto un reconocido psiquiatra zaragozano, José Carlos Fuertes Rocañín, esa es la explicación de muchas conductas, comportamientos y decisiones del presidente que nos desconciertan, nos exasperan y, en ocasiones, hasta nos admiran de este hombre. Hybris es una diosa de la mitología griega que, por su forma de ser, derivó en una forma de ser repudiada por las buenas costumbres griegas y, muchos siglos después, en el auge de la psiquiatría, le prestó su nombre a un síndrome, el de hubris. En el universo mitológico de la antigua Grecia, en el que los dioses tenían debilidades humanas, sexuales y vanidosas, equivocaciones humanas, odios y venganzas; en ese mundo, la diosa Hybris representaba lo opuesto de la mesura y la modestia que aconsejaban los oráculos, como el "conócete a ti mismo" y "nada en exceso".

Esta diosa representaba la desmesura, la insolencia, la prepotencia, el exceso y la confianza exagerada en uno mismo. Según Higinio, Hybris era hija de Érebo y de Nix, dos hermanos y esposos. El primero era la Oscuridad, la segunda era la Noche y los dos provenían del Caos. Poetas y dramaturgos utilizaron a Hybris para representar a quienes se consideraban iguales o superiores a los dioses. No hará falta añadir más detalles de la mitología griega para hacernos cargos de cómo pudo acabar dándole nombre a un síndrome asociado al poder, a los excesos del ser humano a lo largo de toda la existencia.

Esa es la razón por la que el psiquiatra Fuertes Rocañín, que tanto habrá observado, como todos los españoles, la especial naturaleza política del presidente, ha conectado a Pedro Sánchez con la diosa griega. Según su diagnóstico, "Pedro Sánchez reúne los criterios diagnósticos del ‘síndrome hubris’ y no renunciará al poder, sino que lo justificará diciendo que no quiere que su obra quede inconclusa". ¿Cuáles son los síntomas de ese síndrome, a juicio de este psiquiatra? El detalle de esa sintomatología es también interesante porque, sin ser psiquiatras, muchos de nosotros sí tenemos un grado superior en el conocimiento de Pedro Sánchez como personaje político.

Siete años después de su llegada a la presidencia del Gobierno de España, el presidente Sánchez ha dejado un rastro indeleble de su forma de ser, tantas veces exaltada por él mismo, o por sus más devotos admiradores, por cómo se enfrenta a las peores adversidades y consigue superarlas. Por su frialdad, por su hieratismo al ejecutar sus planes, aunque afecten a directos colaboradores. Y la elasticidad de su palabra, ese estado en el que la mentira se vuelve un cambio de opinión y la negación de la realidad es sólo un debate dialéctico.

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Antes de seguir con la enumeración de los síntomas, aclaremos, por cierto, que la referencia a este síndrome asociado al presidente se realiza aquí porque nada tiene que ver con las barbaridades, enormes barbaridades, que se dicen sobre Pedro Sánchez cuando se le atribuyen trastornos mentales. Línea roja que jamás -jamás- se debe traspasar por un mínimo decoro político y consideración hacia la persona y, sobre todo, porque existen enfermos reales que padecen esas enfermedades y no merecen la frivolidad ni el manoseo. De hecho, es el propio doctor Fuertes Rocañín quien aclara en su página web que "no se trata de una enfermedad sino que se trata, más bien, de un subtipo del trastorno narcisista de la personalidad". Este síndrome, dice, es un patrón de comportamiento que se observa en personas que ostentan poder, particularmente líderes políticos, empresariales, o de cualquier otro ámbito donde ejerzan una influencia significativa. "No es un diagnóstico psiquiátrico reconocido formalmente, sino más bien un constructo descriptivo propuesto por el neurólogo británico David Owen, quien lo utilizó para analizar el comportamiento de ciertos líderes políticos", añade.

Los síntomas más habituales son los que, sentado lo anterior, nos van dibujando un perfil que, en efecto, se parece mucho al presidente Pedro Sánchez. Son diez: "Tendencia a ver el mundo como un escenario donde se busca la gloria y el reconocimiento. Inclinación a realizar actos para conseguir alabanza y autoexaltación. Preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación ante los demás. Creencia exagerada en la propia capacidad y juicio. Confianza excesiva en su propio juicio y desprecio por el consejo de otros. Pérdida de contacto con la realidad, asociada con el aislamiento. Inquietud o imprudencia en la toma de decisiones. Tendencia a la grandilocuencia y al uso de lenguaje elevado o exagerado. Creencia en que son responsables ante Dios o la historia más que ante sus contemporáneos. Convencimiento inquebrantable de la corrección de su juicio, llegando a la obstinación, cuando no a la ideación deliroide".

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Es verdad que, al leer esa sintomatología, muchos de nosotros podemos asociarla al instante con otros muchos líderes políticos, además del líder del PSOE. Pero no sólo, también se le puede adjudicar a extravagantes multimillonarios y a grandes estrellas del espectáculo. Hasta puede parecernos que, en realidad, muchos de esos síntomas están directamente vinculados al poder, sin más.

Existe una extraordinaria unanimidad entre los pensadores más grandes de la historia, desde aquella Grecia clásica hasta la actualidad, cuando han definido al poder como una gran tentación que desnuda el alma de los hombres, que extrae sus instintos más bajos y ocultos cuando se ve revestido de esa autoridad que siempre les parece eterna e inmutable. Es esa ceguera que Tácito resumió con una sola frase: "para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio". Es así. No podemos afirmar que el ‘síndrome de hubris’ sea exclusivo de Pedro Sánchez pero nadie rebatirá que es ‘el puto amo’, como le dijo el otro, en su ánimo de adulación perpetua.

Existe una conexión directa entre el carácter de Pedro Sánchez y una diosa griega, Hybris. Si está en lo cierto un reconocido psiquiatra zaragozano, José Carlos Fuertes Rocañín, esa es la explicación de muchas conductas, comportamientos y decisiones del presidente que nos desconciertan, nos exasperan y, en ocasiones, hasta nos admiran de este hombre. Hybris es una diosa de la mitología griega que, por su forma de ser, derivó en una forma de ser repudiada por las buenas costumbres griegas y, muchos siglos después, en el auge de la psiquiatría, le prestó su nombre a un síndrome, el de hubris. En el universo mitológico de la antigua Grecia, en el que los dioses tenían debilidades humanas, sexuales y vanidosas, equivocaciones humanas, odios y venganzas; en ese mundo, la diosa Hybris representaba lo opuesto de la mesura y la modestia que aconsejaban los oráculos, como el "conócete a ti mismo" y "nada en exceso".

Psiquiatría PSOE Pedro Sánchez
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