El antiguo bastión de Pedro Sánchez combina sus mentiras habituales con una interesante aportación de nuevas pistas sobre hasta dónde llega la mano de Zapatero en el Gobierno
José Luis Ábalos, durante la entrevista con El Confidencial.
José Luis Ábalos, el antiguo bastión de Pedro Sánchez, debe ser un gran aficionado a la técnica divina de escribir recto con renglones torcidos. Es la sutil estrategia de ir repartiendo mamporros sin sacar las manos del bolsillo, que como expresión se adecúa mejor a la naturaleza de la política y de quienes la habitan, como este señor de Valencia que miente en la misma proporción que la cantidad de secretos que esconde. Lo uno no es incompatible con lo otro si pensamos que se trata de alguien procesado por la comisión de cuatro presuntos delitos (cohecho, malversación, tráfico de influencias y organización criminal) y que miente y guarda secretos como estrategia de defensa. Anotémoslo sólo para que nos obligue siempre a tenerlo presente. Para descartar las mentiras, sin más, y para buscar en sus declaraciones el sentido oculto de las cosas que va diciendo.
Las mentiras le acompañan en todas sus entrevistas, desde el inicio de este escándalo, en febrero del año pasado, cuando estalló el caso Koldo con una veintena de detenciones por parte de la Guardia Civil. Entre los detenidos de aquella primera ‘redada’ no estaba José Luis Ábalos y cuando le preguntaron por lo sucedido afirmó, con absoluta tranquilidad, que apenas conocía a Víctor de Aldama. Luego hemos sabido que, no sólo no es que tuviera una estrecha relación con el comisionista, sino que fue lo primero que hizo al llegar al Gobierno, entablar relaciones con la persona que iba a dedicarse a cobrar las comisiones con las empresas por la adjudicación de obras públicas. Ya se ha dicho aquí otras veces que este ha sido el Gobierno de la corrupción inmediata, nada más llegar, quizá acuciado por la propia debilidad parlamentaria del grupo socialista de entonces, que sostenía un gobierno con solo 85 diputados, y por la incertidumbre de hasta cuándo se podría estirar el Gobierno. Han pasado siete años y ahí sigue Pedro Sánchez…
En la entrevista de José María Olmo en El Confidencial, el exministro de Transportes sigue mintiendo, como cuando retuerce burdamente una de las ‘pilladas’ de Koldo y se les oye hablar en una grabación del mucho dinero que gasta Ábalos, unos cuatrocientos mil euros en dos años. Sigue mintiendo sí, pero a estas alturas del proceso se detecta que su mayor interés en una entrevista como la de este periódico es el de señalar objetivos y enviar advertencias. Los pespuntes más interesantes que ha dejado José Luis Ábalos se refieren al ‘enigma’ de Venezuela y su relación con el Gobierno de Pedro Sánchez. Enigma por todo lo que se oculta desde el principio y por el mutismo, la cautela, y hasta temor, con el que se han pronunciado algunos de los participantes en algunos de esos episodios. A partir de estas últimas declaraciones de José Luis Ábalos, podemos aventurarnos ya a una primera tesis sobre lo sucedido.
Cuando Pedro Sánchez consigue llegar al Gobierno sorpresivamente, gracias a la única moción de censura que ha prosperado en España, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero es el que se queda más descolocado de todos porque, a diferencia de otros barones y antiguos líderes, él sí necesita esa relación para sus negocios. Otros en el partido, de gran relevancia histórica, como Felipe González o Alfonso Guerra, también apoyaron a Susana Díazen las elecciones primarias, pero ellos no tienen las necesidades de Zapatero como lobista reconocido. Esa es la razón por la que Zapatero le pide una reunión a José Luis Ábalos, para que hable bien de él ante Pedro Sánchez y le ayude a construir una relación que nunca existió entre ambos. Lo consigue y, a partir de ahí, Zapatero comienza a tener un protagonismo fundamental en la defensa de Pedro Sánchez. Y viceversa, también es notoria la influencia de Zapatero en el presidente Pedro Sánchez.
La ‘excusatio non petita’ con la que Ábalos contesta a una de las preguntas de mi compañero José María Olmo es de una elocuencia abrumadora. La pregunta genérica era qué asuntos le interesaban a Zapatero del Gobierno y Ábalos responde: "No lo sé, pero lo que sí puedo decirle es que yo me enteré de lo de Plus Ultra en el pleno Consejo de Ministros y eso es muy raro". Extraordinario. De modo que sigamos con la elaboración de la tesis sobre el enigma venezolano. Zapatero logra hacerse un hueco al lado de Pedro Sánchez y se convierte en el sanchista más destacado. Su apoyo tiene como contraprestación el acercamiento a Venezuela, país en el que el expresidente Zapatero tiene un trabajo de lobista a favor de Nicolás Maduro. Si Pedro Sánchez llegó al Gobierno a mediados de 2018 y en 2019 se produjo el reencuentro con Zapatero, no será extraño pensar que fueron ambos los que idearon el viaje de la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, a España, pese a estar prohibido que pisara suelo europeo.
La extraña visita de la vicepresidenta de Maduro se produjo en febrero de 2020 y, aunque a las pocas semanas comenzó la pandemia mundial del coronavirus que arrasó con todo, el Gobierno de Pedro Sánchez no ha dejado de ofrecer versiones falsas de aquella visita. Lo último que ha desvelado un informe de la UCO es que Pedro Sánchez estaba plenamente informado de la visita y que dio ‘luz verde’. También se ha asegurado que se trataba de negociaciones para que varias empresas españolas pudieran cobrar las deudas que tenían pendientes en Venezuela. Esa explicación puede ser cierta porque, además de Zapatero, en esas negociaciones estaba presente el comisionista Víctor de Aldama, a sueldo de Javier Hidalgo, el CEO de Air Europa, que reclamaba una deuda de 176 millones.
Pero todas estas negociaciones oscuras siempre tienen un reverso: curiosamente, un año después, en mayo de 2021, el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó el rescate de una compañía aérea en quiebra, Plus Ultra, especializada en viajes a Sudamérica, en especial a Venezuela. Fue tan escandaloso aquel rescate por 53 millones de euros a una compañía que sólo tenía dos aviones, que todavía se sigue investigando en los tribunales. Lo último que hemos sabido es que la Fiscalía Anticorrupción sospecha que ese rescate se utilizó para blanquear dinero. Cuando Plus Ultra recibió el dinero, de forma inmediata, comenzó a ingresar distintas cantidades en cuentas de varios países pertenecientes a sociedades que, según se sospecha, forman una trama criminal para blanquear capitales de fondos ilícitos procedentes de Venezuela. Es decir, se redondea el círculo de intereses: una especie de ‘quid pro quo’ de los negocios o de las mafias, ya se verá.
La cuestión es que, unidos de esa forma todos los elementos gracias al ‘pegamento’ que proporciona José Luis Ábalos, el ‘enigma’ de Venezuela comienza a despejarse ligeramente y, al mismo tiempo, a sofisticarse más. En todo caso, de lo que podemos estar seguros es que todos esos mensajes tenían destinatarios y, a través de la entrevista de El Confidencial, ya los han recibido.
José Luis Ábalos, el antiguo bastión de Pedro Sánchez, debe ser un gran aficionado a la técnica divina de escribir recto con renglones torcidos. Es la sutil estrategia de ir repartiendo mamporros sin sacar las manos del bolsillo, que como expresión se adecúa mejor a la naturaleza de la política y de quienes la habitan, como este señor de Valencia que miente en la misma proporción que la cantidad de secretos que esconde. Lo uno no es incompatible con lo otro si pensamos que se trata de alguien procesado por la comisión de cuatro presuntos delitos (cohecho, malversación, tráfico de influencias y organización criminal) y que miente y guarda secretos como estrategia de defensa. Anotémoslo sólo para que nos obligue siempre a tenerlo presente. Para descartar las mentiras, sin más, y para buscar en sus declaraciones el sentido oculto de las cosas que va diciendo.