"No podemos fallar", ha dicho el líder conservador en la despedida de la temporada, como si el fantasma de hace dos años le acompañara, igual que el augur del César, para recordarle que la puede pifiar otra vez
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo durante la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP. (EFE/Pablo R. Seco)
'En tiempos de bonanza, no malgastar las ganancias'. El consejo de san Ignacio era otro, como sabemos, pero se permitirá esta adaptación para la política cuando se refiere a las expectativas de un partido, o de su líder. En el caso español, todo se resume en la pregunta, o en la duda, que se suscita desde hace tres años, cuando se pensaba que la caída del ‘sanchismo’ era ya algo inexorable: ¿Por qué no consigue Alberto Núñez Feijóoderrotar claramente aPedro Sánchez, qué tendría que hacer para ganar holgadamente unas elecciones cuando se presenten y poder formar gobierno?
La primera respuesta a esta pregunta es la del refrán tuneado de san Ignacio, lo fundamental es no estropear la tendencia que repiten todas las encuestas, favorable al bloque del centro derecha y muy negativa para la ‘mayoría Frankenstein’. Dicho de otra forma, lo esencial es que el Partido Popular haga una labor eficaz de oposición y no cometa los errores de tantas ocasiones, en los que acaba zancadilleándose y tropezando. Menos estruendo e inconsistencia y más paciencia y solidez.
El Partido Popular es el principal enemigo del Partido Popular, y para certificarlo sólo hay que recordar lo que pasó hace dos años. También a principios de julio de 2023, a tres semanas de las elecciones del 23J, las encuestas le otorgaban la victoria al Partido Popular y la posibilidad de gobernar, con el respaldo principal de Vox. Pero pasaron los días, se sucedieron los errores de estrategia, y el resultado de las elecciones fue el más frustrante de todos, ganar sin posibilidad de gobernar. "No podemos fallar", dijo ayer el presidente del PP en su despedida de la temporada política. Lo decía y parecía como si le acompañara el fantasma del fiasco de aquellas elecciones y que, igual que el augur que le susurraba al César al oído, le estuviera recordando que la puede pifiar otra vez.
Sentado todo lo anterior, ninguna comparación entre la situación actual con la ocurrida hace dos años puede obviar tres cambios sociológicos, que podríamos calificar de estructurales, que han sacudido severamente las expectativas electorales de la actualidad. La corrupción del Gobierno, el desapego del voto femenino y el hundimiento completo de las opciones políticas a la izquierda del PSOE. Ninguno de ellos existía hace tres años, principalmente los dos primeros.
El tercero, el desplome de las izquierdas, tiene que ver también con la ola neo conservadora que se viene imponiendo en las democracias occidentales desde hace varios años. La ‘contribución’ de las izquierdas radicales a ese desplome propio consiste en la constante división y la imposible unificación de un abanico de siglas, plataformas y movimientos cada vez más amplio. Los otros dos factores, la corrupción y el voto femenino, sí son nuevos, recientes, y su impacto en las expectativas de voto ha sido casi inmediato. En comparación, por ejemplo, con la otra gran polémica de la legislatura, la ley de amnistía, es llamativo cómo, a pesar de la mayor gravedad de esta última, nunca llegó a afectar a los votantes socialistas. Sólo una parte insignificante del electorado del PSOE entendió que la amnistía a los golpistas de la revuelta independentista catalana era un motivo suficiente para abandonar a su partido, a pesar del desprestigio constitucional que supone.
Una sola grabación de Koldo hablando despectivamente de las mujeres o sorteándose unas prostitutas tiene, sin embargo, un efecto inmediato y demoledor. Lo ha reconocido así el propio Centro de Investigaciones Sociológicas, el CIS de Tezanos, en su barómetro de julio, con lo cual ya podemos sospechar cómo será de verdad la avería. La cuestión es que, según el CIS, la intención de voto de las mujeres hacia el PSOE ha caído del 26,2% al 19,4 . Nunca el Partido Socialista había sufrido un descalabro igual entre el voto femenino y esa es la explicación principal de que las encuestas comiencen a colocar al PSOE por debajo de los cien escaños y que la valoración de Pedro Sánchez entre los socialistas también haya caído: es el menos valorado de todos los líderes entre sus propios votantes.
La traducción de estos dos factores para la estrategia del Partido Popular es la que nos devuelve a la necesidad de realizar una oposición eficaz y sólida, sin estruendos ni frivolidades inconsistentes. Los dirigentes de la derecha tienen que entender que esas dos grietas en el partido de gobierno ya están abiertas, que no tienen que insistir a martillazos para abrirlas, sino que el trabajo a realizar tiene que ser el de mostrarse como una alternativa fiable y ejemplar de centro derecha, atractiva para el voto femenino y esperanzadora para los hastiados de la corrupción. Pero, ¿está ocurriendo así?
Por lo que estamos oyendo del líder del Partido Popular no lo parece. Es más, el discurso de Núñez Feijóo, tras la primera reunión ayer de su nuevo comité ejecutivo nacional, es un discurso viejo, similar al que empleó para las elecciones de hace dos años. El PP sigue con la bandera de "derogar el sanchismo" y, según lo anunciado ayer por Feijóo, en septiembre próximo presentarán "un listado de leyes sanchistas para derogar, y otro para sustituir". Más de lo mismo de un mensaje negativo que ya fracasó cuando lo presentaron en 2023. Además de eso, el PP se plantea cinco bloques de actuación ("corrupción, seguridad/inmigración irregular, financiación, bajada de impuestos y acceso a la vivienda") en los que, como se apreciará, no existe ningún guiño a la mujer y, además, puede volverse en su contra cuando, al hablar de corrupción, se le recuerde la Gürtel que comienza en noviembre, y al hablar de impuestos, se les caiga encima el caso Montoro.
En fin, que, para suerte de los populares, nada de lo que puedan errar en su estrategia para "electoralizar" el partido -Feijóo también ha rescatado ese palabro que ya usó Acebes hace veinte años- será relevante si, al cabo de unas semanas o de unos meses, la corrupción del PSOE se retuerce con una derivada de financiación irregular. Y como sabemos que ese sí que será el final de la legislatura, lo mejor que puede hacer el centro derecha hasta entonces es seguir el consejo tuneado de san Ignacio.
'En tiempos de bonanza, no malgastar las ganancias'. El consejo de san Ignacio era otro, como sabemos, pero se permitirá esta adaptación para la política cuando se refiere a las expectativas de un partido, o de su líder. En el caso español, todo se resume en la pregunta, o en la duda, que se suscita desde hace tres años, cuando se pensaba que la caída del ‘sanchismo’ era ya algo inexorable: ¿Por qué no consigue Alberto Núñez Feijóoderrotar claramente aPedro Sánchez, qué tendría que hacer para ganar holgadamente unas elecciones cuando se presenten y poder formar gobierno?