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El siniestro silogismo palestino
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Javier Caraballo

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El siniestro silogismo palestino

La atrocidad asesina del Gobierno de Israel en Gaza no puede llevarnos a una espiral de caos democrático, de atropello de libertades, y de fomento del odio contra todo el pueblo judío

Foto: Vallas en la carretera en el centro de Madrid durante la manifestación propalestina que bloqueó la carrera. (Europa Press/SOPA Images vía ZUMA Press/David Canales)
Vallas en la carretera en el centro de Madrid durante la manifestación propalestina que bloqueó la carrera. (Europa Press/SOPA Images vía ZUMA Press/David Canales)
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Si nada puede igualarse a la tragedia humanitaria de la Franja de Gaza, lo que ocurra para denunciarlo no tendrá importancia en comparación con las decenas de miles de muertos gazatíes. La atrocidad asesina del Gobierno de Israel ha llevado a los henchidos propagadores de las protestas en España a un peligroso silogismo antijudío que ni ellos mismos saben dónde puede acabar, porque muy probablemente sólo conduzca al caos y al desastre. Desde el presidente Pedro Sánchez hacia abajo en la cadena de difusores y propagandistas, todos han elegido ese silogismo para defenderse o justificarlo todo, ya sea la suspensión de la Vuelta Ciclista a España, las agresiones a los policías, el vandalismo y hasta las agresiones a los ciclistas, como tirar un puñado de clavos en la carretera por la que circulaban a ochenta kilómetros por hora.

"Por favor, somos ciclistas y estamos haciendo nuestro trabajo. Si esto continúa así, es nuestra seguridad la que se ve amenazada y nos sentimos en peligro. ¡Sólo queremos correr!", como dijo un ciclista italiano, Simone Petilli, al que dos descerebrados tiraron al suelo en Navarra, al grito de "Palestina Askatu" (Palestina Libre). Ese incidente ocurrió a principios de septiembre, cuando la Vuelta Ciclista discurría por Navarra y el País Vasco y las protestas comenzaron a salir en la tele, en los periódicos y en los informativos de radio. Ahí comenzó a armarse el siniestro silogismo palestino que puede llevarnos a una espiral de caos democrático, de atropello de libertades, y de fomento del odio contra todo el pueblo judío. Porque nada va a ser nunca más grave que las decenas de miles de hombres, mujeres y niños que han sido asesinados en la Franja de Gaza, pero nada será más corrosivo e irreparable que convertir esa rabia, esa impotencia, en gasolina para quienes quieren acabar, por cualquier motivo, con la democracia y el Estado de derecho.

Detengámonos, por ejemplo, en la espiral de odio contra todo el pueblo judío que ya se ha comenzado a propagar. El estallido de las protestas contra la barbarie de Israel tiene mucho que ver con el momento en el que esa indignación, y el rechazo que ya existía, encuentra un molde político adecuado. Si nos fijamos, la protesta contra la salvajada del Gobierno israelí adquiere una dimensión mayor, una dimensión de campaña política, cuando se establecen los tres elementos que podemos encontrar repetidos en todas las estrategias de esta naturaleza que se desarrollan en España: una palabra que lo resuma todo, "genocidio", un enemigo concreto, "Israel", y la conexión de ambos con la derecha y con la extrema derecha españolas.

De la misma forma que se acuñó "la fachosfera", se ha acuñado ahora "el genocidio". El objetivo estratégico es el mismo: trazar una línea en el suelo para acusar a quien no la pronuncie de estar "blanqueando" la muerte de miles de niños en Gaza. En tertulias, entrevistas o debates, sólo se trata de poner contra las cuerdas a dirigentes del PP, o de Vox, para que explícitamente se nieguen a pronunciar la palabra. Cuando lo hagan, inmediatamente quedarán identificados como siniestros colaboradores de los genocidas y una prueba más de la encarnación del mal ultra en España.

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Lo que ha sucedido con uno de los campeones españoles de ciclismo, Perico Delgado, es muy ilustrativo de lo anterior, la raya que se traza en el suelo para identificar únicamente dos bandos, palestinos y genocidas. Perico Delgado estalló, irritado, en la retransmisión de La Vuelta, en La 1 de Televisión Española, y las redes sociales explotaron al instante pidiendo su salida inmediata de la cadena, ¡fuera de la televisión pública!. "No tiene ni pies ni cabeza lo que está pasando. La violencia lleva a más violencia y así hacen un flaco favor a lo que está pasando en Gaza", dijo Perico Delgado. Dijo lo suficiente para ser considerado como un detestable proisraelí porque, cuando se aumenta la tensión en las protestas, ni siquiera la condena expresa de la brutalidad de muerte y destrucción de Gaza es suficiente si no se utiliza la palabra elegida, el genocidio.

En lo que no se repara es que "genocidio" es un término creado por un jurista judío, nacido en Polonia, para definir el Holocausto nazi en el que fueron asesinados seis millones de judíos. Y podemos pensar, serenamente, que es muy posible que haya muchos miles de judíos repartidos por todo el mundo que están en contra de la masacre perpetrada por Netanyahu pero que se sienten ofendidos cuando oyen hablar de Israel como "un Estado genocida". También se olvida, y jamás se podrá oír decirlo a alguien de la algarada, que en el propio Estado de Israel hay decenas de miles de ciudadanos contrarios a este Gobierno y que se manifiestan para intentar detener la escalada mortífera. Hace un mes, el 10 de agosto, tuvo lugar una de las últimas grandes manifestaciones en Tel Aviv, exigiendo el final de la guerra y de los bombardeos para la invasión de Gaza. Y, por supuesto, nadie de la algarada dirá nunca algo tan elemental como que, de la misma forma que se exige a Israel el reconocimiento de Palestina, se le debe exigir a las autoridades palestinas que defiendan el reconocimiento de Israel y que repudien a los asesinos de Hamás, que tienen como único objetivo la destrucción del pueblo judío.

Sólo desde el más miserable de los intereses electorales se puede entender que, por no emplear la palabra genocidio, se está amparando la masacre. Israel está en manos de un Gobierno asesino, pero Israel, su gente, no es un Estado genocida o asesino. Israel está en manos de un Gobierno asesino, encabezado por alguien que, con toda probabilidad, acabará condenado como criminal de guerra, pero ya será un tribunal internacional quien determine si el gobierno judío ha acabado perpetrando el mismo delito atroz que padecieron en la Segunda Guerra Mundial.

Si nada puede igualarse a la tragedia humanitaria de la Franja de Gaza, lo que ocurra para denunciarlo no tendrá importancia en comparación con las decenas de miles de muertos gazatíes. La atrocidad asesina del Gobierno de Israel ha llevado a los henchidos propagadores de las protestas en España a un peligroso silogismo antijudío que ni ellos mismos saben dónde puede acabar, porque muy probablemente sólo conduzca al caos y al desastre. Desde el presidente Pedro Sánchez hacia abajo en la cadena de difusores y propagandistas, todos han elegido ese silogismo para defenderse o justificarlo todo, ya sea la suspensión de la Vuelta Ciclista a España, las agresiones a los policías, el vandalismo y hasta las agresiones a los ciclistas, como tirar un puñado de clavos en la carretera por la que circulaban a ochenta kilómetros por hora.

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