La crisis de los cribados de cáncer de mama provoca la mayor crisis a la que se ha enfrentado el presidente andaluz y pone a prueba su credibilidad ante los andaluces, hasta ahora arrolladora
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. (EFE/Carlos Barba)
La sanidad pública andaluza es el fracaso más grave e inexplicable del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. El más grave porque, en unas horas, ha destrozado toda la estrategia electoral que había comenzado a desplegar sin que, en este momento, se pueda saber exactamente en qué acabará todo. Y el más inexplicable porque ha sido, precisamente, la sanidad de Andalucía una de las apuestas más firmes de su mandato, que ya se acerca a los ocho años. En ninguna otra parcela del Gobierno se ha implicado más personalmente, en ninguna otra ha invertido más, y en ninguna otra, paradójicamente, ha tenido que afrontar más crisis, protestas y problemas de toda naturaleza.
Que la política no es una ciencia exacta es un aserto largamente comprobado a lo largo de los años, pero en el caso de la sanidad andaluza la aparente paradoja de la que hablamos se resuelve con una simple deducción lógica: si no se trata de un problema de dinero, de inversión, estamos ante un problema de gestión, de mala gestión. No hay más: el presidente andaluz, en todos estos años, no ha sido capaz de encontrar un equipo que gestione de manera efectiva la Sanidad andaluza, que es un gigante de 15.247 millones de euros de presupuesto anual, con una plantilla que supera los 110.000 trabajadores y una población potencial a la que atender de más de ocho millones y medio de personas. Si, como parecía inevitable, la actual consejera de Salud terminaba abandonando el cargo, como ha ocurrido, su sustituto, o sustituta, será la cuarta persona en pasar por ese puesto. Lo anunció anoche el propio Moreno Bonilla, en una declaración institucional absolutamente inusual, propia de los días de pandemia, buscando quizá la gran conexión social, por su talante moderado, que se forjó en aquellos días de confinamiento.
En el centro de ese gigante que es la Sanidad pública andaluza se encuentra el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, que está considerado como uno de los diez mejores hospitales de España. Y ha sido, precisamente, en ese hospital donde se localiza el grueso de la polémica de los cribados del cáncer de mama, con un 90 % de los casos. Para no contribuir, ni un solo instante, a la tendencia de la política nacional de exagerarlo todo para criticar al adversario, hasta llegar a deformar la propia realidad, repasemos brevemente la crisis.
Los cribados con mamografías para prevenir el cáncer de mama, que en Andalucía se realiza a las mujeres entre 48 y 71 años, se comunican de forma inmediata cuando se detecta un tumor o cuando se descarta absolutamente. Si cada año se realizan en torno a 500.000 cribados, eso es lo que sucede en el 98 % de los casos. Pero queda un 2 % de los cribados, según la Junta de Andalucía, cuyos resultados son dudosos y precisan una segunda prueba para confirmar o descartar. Es ahí donde está la polémica. ¿Por qué? Pues porque a esas mujeres no se les decía nada hasta que, pasados los meses, la Sanidad andaluza se ponía en contacto con ellas para informarles de que tenían que someterse a una nueva prueba radiológica por ese motivo.
Eso es lo que el PSOE ha denominado como “el protocolo de la vergüenza”, por someter a las mujeres a una angustia de silencio y por tratarlas como seres inmaduros, incapaces de gestionar sus propias malas noticias. Ocurre, sin embargo, que ese protocolo que el PSOE ahora llama “de la vergüenza” no lo ha aprobado el Gobierno de Juanma Moreno, sino que entró en vigor en 2011, siendo consejera andaluza de Salud la actual vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero. Y no se redactó con un ánimo de sobreprotección de las mujeres, sino por consejo médico: se posterga la comunicación a las pacientes hasta que se someta a una segunda prueba para evitarle unos meses de angustia durante la espera y son los propios médicos que quienes determinan cuándo debe realizarse (entre 6 y 12 meses) para evitar radiar en exceso a la paciente.
Pero, entonces, ¿es exactamente eso lo que ha sucedido? ¿No hay más? Claro que hay más, entre otras cosas una enorme desinformación por parte de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y, en consecuencia, grandes lagunas en las explicaciones oficiales que se han ofrecido. Para empezar, tendría que aclararse desde cuándo se conoce la existencia de “errores o problemas” en el cribado del cáncer de mama. La Asociación de mujeres con cáncer de mama afirma que existen denuncias, que no fueron debidamente atendidas, desde 2021. Sin embargo, el presidente de la Junta ha dicho que se ha enterado hace unos días, cuando estalló la polémica en los medios de comunicación. Tampoco se conoce con exactitud el número de mujeres que han padecido un retraso de meses, o de un año, en la realización de la segunda prueba, que es donde radica la mayor gravedad de esta crisis. Igualmente, se desconoce por qué el mismo protocolo parece que no ha originado ningún incidente en la mayoría de los hospitales y sí los ha provocado en un área concreta del Virgen del Rocío, porque eso podría indicarnos que, a lo mejor, el fallo no está en el protocolo en sí mismo.
Por ejemplo, el caso de una paciente del Virgen del Rocío, que ha trascendido a los medios de comunicación, que pertenecía al grupo de cribados indecisos y a la que, por tanto, no se le comunicó inmediatamente que debería realizarse una segunda prueba. Ni se le comunicó ni la segunda prueba se realizó nunca: fue la propia mujer la que, un año y dos meses después, se notó un bulto en el pecho y acudió a su médico de cabecera. Entonces fue cuando se dieron cuenta del fallo, pero la mujer ya tenía dos tumores de mama, uno de ellos con infiltración en el sistema linfático, que tuvieron que extirparle. ¿Cuántos casos hay como este, que claramente apuntan a una negligencia? ¿Se trata de algo aislado o no? ¿El problema está en que no se informaba a la paciente o en que la segunda prueba se retrasaba más de lo debido? Ninguna de esas dudas están resueltas.
En la mayoría de las informaciones que se han publicado sobre los cribados, los periodistas andaluces coinciden en que se trata de la mayor crisis a la que se enfrenta Moreno Bonilla en sus dos legislaturas como presidente de la Junta de Andalucía. Tienen razón, bajo mi punto de vista. Y no sólo por la crisis en sí misma, sino por el momento en el que se produce: a pocos meses de las elecciones andaluzas, con Vox creciendo en todas las encuestas y justo al comienzo de su gran campaña electoral, sustentada en la ‘revolución fiscal’ que ya prometió en la anterior legislatura. Esa ofensiva electoral, tras estallar la crisis de los cribados, se ha vuelto hasta contraproducente, con sólo mencionar las rebajas de impuestos para mascotas y gimnasios mientras se retrasaban las mamografías. Que es una interpretación demagógica de lo sucedido, no cabe duda, pero plenamente legítima para la oposición.
Menos sustento tienen otras críticas como el abandono de la sanidad andaluza, cuando la inversión por habitante ha subido un 51 % desde 2018, o la privatización de los hospitales, si resulta que el porcentaje de conciertos con clínicas privadas para aligerar las listas de espera es menor ahora que en la última década de Gobiernos socialistas. Como se decía antes, esa es la paradoja política a la que se enfrenta el presidente Moreno Bonilla, su imposible sanitario. Y será su credibilidad y su carisma, arrolladores en este momento, los que se pongan a prueba.
La sanidad pública andaluza es el fracaso más grave e inexplicable del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. El más grave porque, en unas horas, ha destrozado toda la estrategia electoral que había comenzado a desplegar sin que, en este momento, se pueda saber exactamente en qué acabará todo. Y el más inexplicable porque ha sido, precisamente, la sanidad de Andalucía una de las apuestas más firmes de su mandato, que ya se acerca a los ocho años. En ninguna otra parcela del Gobierno se ha implicado más personalmente, en ninguna otra ha invertido más, y en ninguna otra, paradójicamente, ha tenido que afrontar más crisis, protestas y problemas de toda naturaleza.