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Síntomas de la próxima victoria de Pedro Sánchez
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Javier Caraballo

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Síntomas de la próxima victoria de Pedro Sánchez

Desde septiembre, el líder del PSOE es más eficaz que Feijóo y ya no se ve descabellado que, de seguir así, gane las elecciones aunque no le dé para gobernar ni con Frankenstein en brazos

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Pool/Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Pool/Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa)
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Tiene mejor equipo, mejores ideas, más liderazgo y una base electoral sólida. Además de todo eso, tiene el Gobierno, que sigue siendo el arma electoral más potente. Hablamos de Pedro Sánchez y del PSOE. En nuestros sistemas democráticos sigue estando vigente la expresión de que "las elecciones las pierde el gobierno, más que ganarlas la oposición". Y siempre se pone, a continuación, el ejemplo de Winston Churchill, que ganó la II Guerra Mundial, pero perdió las elecciones a continuación por sus errores en la campaña electoral. Todo esto lo conoce bien Pedro Sánchez, como tantos otros, y, por esa razón, es tan importante que, además del poder, un líder político disponga de los mejores equipos de analistas, de las mejores ideas para llevar siempre el control de la agenda política y la mejor estrategia, que en estos tiempos de big data se convierte en un sofisticado sistema de control de los estados de opinión de cada ciudad y de cada barrio para conocer exactamente, qué mensajes se deben enviar.

Con ese manejo de todos los resortes, la novedad con la que se ha iniciado este nuevo curso político es la posibilidad de que Pedro Sánchez pueda competir en las próximas elecciones con serias aspiraciones para ser la lista más votada, aunque esta vez no pueda repetir gobierno porque lo que se descarta en todas las prospectivas es que el bloque de las izquierdas pueda sumar más que el de las derechas. Ni con Frankenstein en brazos podría repetir Sánchez en la Moncloa, con los datos actuales. Pero lo de ser la lista más votada, después de haber perdido las últimas elecciones, sí que puede estar al alcance de su mano y esa circunstancia puede ser fundamental para el futuro del actual secretario general del PSOE.

Dicho de otra forma, tal y como se ha comportado Pedro Sánchez desde que ascendió a la primera línea de la política, podríamos apostar a que, con un resultado así, se mantendría en el Congreso de los Diputados y como secretario general en el partido a la espera de socavar, lo antes posible, con sucesivas movilizaciones sociales (y sindicales) al Gobierno del Partido Popular. Mucho más si ese gobierno de Feijóo está integrado también por Vox o, simplemente, apoyado por Vox. En el amplio catálogo de ‘primeras veces’ de Pedro Sánchez, muchas de ellas con líneas rojas que nunca se habían traspasado en democracia, la próxima ‘primera vez’ puede ser esta de tener que abandonar la Moncloa y mantenerse como líder de la oposición para presentarse nuevamente a unas elecciones generales.

Pero ¿realmente el PSOE puede ser la primera fuerza política, si desde que ganó en 2019 ha ido por detrás en los sondeos la mayor parte del tiempo? Aclaremos, antes de continuar, que cualquier análisis político debe prescindir de las apetencias personales, las filias y la fobias. Esta advertencia, advertencia boba, se hace muy necesaria en las circunstancias actuales porque una de las peores consecuencias que tiene el sanchismo, y la tensa polarización que genera, es que conduce a muchos a una implicación personal que acaba nublándoles el juicio. Al menor atisbo de que nos suceda algo parecido, debemos separarnos y contemplar las cosas con distancia. Porque suele ocurrir que luego, si Pedro Sánchez gana las elecciones, provoque depresiones y aturdimientos. No sería la primera vez que suceda, de modo que atención con los tropiezos en la misma piedra para todo aquel que no quiera vivir en una trinchera.

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Ahora, volvamos a la pregunta. La posibilidad de que el PSOE consiga ser la lista más votada está lejos, en estos momentos, pero mucho más cerca de lo que sucedía antes del verano, por ejemplo. En estos momentos, si tomamos como referencia la última gran encuesta que se ha hecho en España, nos encontramos con que el PP sólo le saca tres puntos de distancia al Partido Socialista. Los datos los ha aportado el analista César Calderón (RedLines) a partir de la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas. Es decir, lo que hace este consultor, al igual que otros, es prescindir de la cocina grasienta de Tezanos y trabajar los datos del CIS de forma profesional, sin trampas ni manipulaciones. En ese caso, el PP sería la primera fuerza (31,6% y 134/137 diputados) y el PSOE la segunda (28,3% y 111/115 diputados). Por detrás de ambos, se encuentra Vox, que certifica su ascenso (18.3% y 63/67 diputados). Nada que ver, desde luego, con la ‘encuesta oficial’ de Tezanos que, con esos mismos datos, colocó al PSOE al borde de la mayoría absoluta, con 15 puntos de ventaja sobre el PP.

En todo caso, lo fundamental sigue siendo que el Partido Popular de Feijóo no consigue despegar, porque es su propio liderazgo el que no despega. En la peor legislatura que se pueda imaginar un político, acosado de escándalos de corrupción, con su antiguo número dos en la cárcel, su esposa y su hermano procesados, y sin mayoría parlamentaria para poder sacar adelante ni una sola ley o reforma de cierta relevancia; en esas pésimas condiciones, el PSOE sólo está tres puntos por debajo del Partido Popular. Es evidente, que en el fragor de una campaña electoral, y si los populares siguen perdiendo apoyos por la derecha, el PSOE puede lograr ser la lista más votada si vuelve a movilizar a su electorado, como suele.

Foto: ayuso-feijoo-aborto-emocion-poder-1hms Opinión

De momento, lo que podemos constatar, como se decía al principio, es que Pedro Sánchez ejerce su liderazgo en el electorado de izquierdas con mucha más solvencia que Alberto Núñez Feijóo en las derechas. Además de eso, también constatamos que el presidente del Gobierno se rodea de mejores equipos de analistas y estrategas; cientos de ellos, por cierto, financiados por fondos públicos en la Moncloa. Y que desde septiembre han puesto en marcha una campaña de ‘rescate’ de la figura política de Pedro Sánchez, muy similar a la que con tanto éxito desplegó en las últimas elecciones. Cercanía, frescura, iniciativa política… Desde una cuenta en TikTok que lleva adelante un grupo de jóvenes en la Moncloa, hasta los anuncios inesperados como el cambio de hora, pasando por la periódicas campañas de crispación y agitación como Palestina o el aborto. O lo de hace unos días con David Broncano en el programa de RTVE La Revuelta.

Si lo sumamos todo, con lo que nos encontramos es con un conjunto sólido de síntomas de que Pedro Sánchez ha regresado de las vacaciones con el ánimo renovado, las ideas claras y el objetivo posible de ganar las próximas elecciones, aunque se quede muy lejos de poder gobernar. De todas formas, añadamos, en un concepto libre y extendido del canciller Von Bismarck, que también sabemos que la política no es una ciencia exacta y, además, se puede joder en cualquier momento.

Tiene mejor equipo, mejores ideas, más liderazgo y una base electoral sólida. Además de todo eso, tiene el Gobierno, que sigue siendo el arma electoral más potente. Hablamos de Pedro Sánchez y del PSOE. En nuestros sistemas democráticos sigue estando vigente la expresión de que "las elecciones las pierde el gobierno, más que ganarlas la oposición". Y siempre se pone, a continuación, el ejemplo de Winston Churchill, que ganó la II Guerra Mundial, pero perdió las elecciones a continuación por sus errores en la campaña electoral. Todo esto lo conoce bien Pedro Sánchez, como tantos otros, y, por esa razón, es tan importante que, además del poder, un líder político disponga de los mejores equipos de analistas, de las mejores ideas para llevar siempre el control de la agenda política y la mejor estrategia, que en estos tiempos de big data se convierte en un sofisticado sistema de control de los estados de opinión de cada ciudad y de cada barrio para conocer exactamente, qué mensajes se deben enviar.

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