La vicepresidenta lleva cinco meses prometiendo la presentación inmediata de los presupuestos, a sabiendas de que es falso, pero lo dice sin que se le mueva un solo músculo de la cara
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante una sesión de control al Gobierno. (Europa Press/Eduardo Parra)
María Jesús Montero es un ejemplo certero de aquello que se dice en un proverbio judío, que con las mentiras puede llegarse muy lejos, pero sin esperanza alguna de volver. Montero hace años que eligió ese camino y nadie podrá reprocharle que le ha ido mal. En tres décadas, ha pasado de viceconsejera en una comunidad autónoma a vicepresidenta de todo el país. Ha llegado muy lejos y lo que nunca podrá hacer ya es regresar del mundo político en el que vive con su papel de mujer que sabe ocultar la verdad, transformarla o cambiarla, sin que le tiemble un solo músculo de la cara. Por eso será que en el lenguaje de las aceras se dice lo de la cara de cemento…
Daría cualquier cosa por conocer una reunión de trabajo entre Pedro Sánchez y María Jesús Montero cuando ambos, el ‘número uno’ y la ‘número dos’, se sientan a organizar estrategias, a preparar respuestas, a preparar emboscadas para enemigos, adversarios y dudosos. Debe ser apasionante saber de lo que hablan y cómo hablan. Aquí ya se ha contado en alguna ocasión, y es la única aproximación mental que podemos tener para imaginarnos una reunión así, que en sus inicios en la política andaluza le ‘pillaron’ una conversación en el AVE en la que daba instrucciones a su equipo: "El hospital de Granada lo cerramos y le echamos la culpa al Partido Popular. Eso es lo que haremos y a mí no me toquéis la polla". Cómo va a poder regresar nadie de una carrera política así. Imposible.
Lo que está sucediendo con los Presupuestos Generales del Estado es prodigioso. Este es un breve resumen de las noticias que se han publicado en los últimos cinco meses, después de que el presidente del Gobierno dijera, en la copa de Navidad del pasado año, que en esta ocasión, "sí o sí", su Gobierno sí iba a presentar un proyecto de presupuestos. A partir de ese compromiso, y conociendo que el límite constitucional para presentarlos era el 30 de septiembre, atención al desparpajo con el que se ha manejado la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Estas son informaciones de prensa con sus declaraciones literales. Junio: "Montero anuncia ‘el pistoletazo de salida’ de los presupuestos y revela que en las próximas semanas habrá techo de gasto". Julio: "Montero pide ‘absoluta tranquilidad’ y afirma que ‘vamos con tiempo’ para la presentación de los presupuestos". Agosto: "Montero afirma que ‘por supuesto’ puede confirmar ‘rotundamente’ que habrá proyecto de presupuestos". Septiembre: "Montero asegura que se están ‘ajustando los últimos números de los presupuestos’ para llevarlos ‘pronto’ al Consejo de Ministros". Octubre: "Montero dice que ‘estamos en el mayor diálogo’, ‘ultimando los últimos flecos’ y que presentará ‘en unos días’ la senda de estabilidad y el techo de gasto".
Si nos fijamos, lo que ha acabado diciendo en este mes de octubre, esta misma semana, es lo mismo que ya dijo en junio. Con lo cual es evidente que, si lleva cinco meses diciendo lo mismo, lo hace a sabiendas de que es falso. Cinco meses después, sin problema alguno, le dice a los periodistas que, aunque ella es una persona rigurosa y discreta, puede adelantar que "en los próximos días" habrá un proyecto de presupuestos. Impresionante. Pasen y vean: este es ‘el show embustero de María Jesús Montero’, que hasta compone un pareado.
En ocasiones, para demostrar cómo ha cambiado de opinión el presidente del Gobierno, se recuerda lo que le reprochaba a Mariano Rajoy cuando el PSOE estaba en la oposición. Es aquella frase de que "un Gobierno sin presupuestos es como un coche sin gasolina", pero son mejores, más contundentes, las afirmaciones de Pedro Sánchez cuando ya era presidente del Gobierno. Breve repaso cronológico. En junio de 2018, el líder socialista llegó a la Moncloa, tras la moción de censura a Mariano Rajoy, y el compromiso de convocar elecciones. No sólo no convocó elecciones sino que, para poder agotar los dos años que le quedaban a esa legislatura, presentó un proyecto de presupuestos. En febrero de 2019, el presupuesto fue rechazado por el Congreso de los Diputados, por la oposición de varios grupos parlamentarios, desde el PP hasta los independentistas catalanes, pasando por Ciudadanos. Lo que hizo Sánchez de forma inmediata, varios días después de que le rechazaran los presupuestos, fue convocar elecciones para abril de ese año de 2019 y el argumento que utilizó fue que la oposición estaba bloqueando el desarrollo de España.
Dijo Pedro Sánchez: "El presupuesto es una propuesta de país: teníamos que presentarlos. Lo hicimos y no salieron adelante, pero hay derrotas parlamentarias que son victorias sociales porque la ciudadanía ha visto lo que queríamos para este país. España no merecía quedar varada por los intereses particulares de quienes solo tiran de crispación para hacer oposición. Llámenme clásico, pero sin Presupuestos no se puede gobernar". Esta última frase debe releerse porque es un hit del sanchismo, claramente: "Llámenme clásico, pero sin presupuestos…".
Tras pasarnos tres años seguidos sin presupuesto, portavoces y replicantes van diciendo ahora en entrevistas y tertulias que, en realidad, como también dijo Pedro Sánchez, tampoco se detiene el mundo porque no se aprueben los presupuestos, que un Gobierno tiene mucho margen de maniobra con unos presupuestos prorrogados y que, por tanto, no poder aprobarlos, o incluso ni siquiera presentarlos, es razón suficiente para que Pedro Sánchez disuelva las Cámaras y convoque elecciones. En su osadía, llegan a decir, incluso, que "es un bulo afirmar que España no hay presupuestos, porque existen unos presupuestos prorrogados que sirven igual para gobernar".
De modo que no hay nada que hacer. Este Gobierno se mantendrá sin presupuestos, sin socios parlamentarios y hasta sin socios de gobierno mientras el presidente Sánchez lo considere oportuno. Hace unos días, el Fondo Monetario Internacional confirmó que Polonia ya ha superado a España en riqueza per cápita y, pronto, lo hará también en PIB per cápita. Pero tranquilos, que siempre podemos contar con una vicepresidenta que nos aclare las ideas porque España, en realidad, "va como un cohete". Palabra de María Jesús Montero.
María Jesús Montero es un ejemplo certero de aquello que se dice en un proverbio judío, que con las mentiras puede llegarse muy lejos, pero sin esperanza alguna de volver. Montero hace años que eligió ese camino y nadie podrá reprocharle que le ha ido mal. En tres décadas, ha pasado de viceconsejera en una comunidad autónoma a vicepresidenta de todo el país. Ha llegado muy lejos y lo que nunca podrá hacer ya es regresar del mundo político en el que vive con su papel de mujer que sabe ocultar la verdad, transformarla o cambiarla, sin que le tiemble un solo músculo de la cara. Por eso será que en el lenguaje de las aceras se dice lo de la cara de cemento…