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El fontanero del Gobierno y la fontanera de Ferraz
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Javier Caraballo

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El fontanero del Gobierno y la fontanera de Ferraz

Ahora que podemos mirar todos los escándalos del PSOE con cierta perspectiva entendemos que el eje de todo es Santos Cerdán, ‘el arquitecto’ de la corrupción en sus dos fases

Foto: El exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán, a su llegada a declarar en el Tribunal Supremo. (Reuters/Juan Medina)
El exsecretario de Organización del PSOE Santos Cerdán, a su llegada a declarar en el Tribunal Supremo. (Reuters/Juan Medina)
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Una forma de gobernar, ese es el verdadero nexo corruptor de todos los escándalos que aparecen como hongos en el tronco podrido del Gobierno. Por eso se llaman ‘hongos de pudrición’, aunque en política tienen nombres propios; Koldo García Izaguirre y Leire Díez Castro, pongamos por ejemplo. Claro que hay otros muchos protagonistas de los escándalos en curso, pero estos dos personajes son los más relevantes, los más interesantes, para hacernos una idea del modelo de gestión que ha implantado Pedro Sánchez desde que llegó a la presidencia del Gobierno, en julio de 2018.

Nunca le hemos dado importancia a todo lo que tienen en común Koldo García y Leire Díez pero, al hacerlo, nos damos cuenta de que, en realidad, los dos forman parte de una misma realidad. Cumplen el mismo papel, el uno de fontanero en el Gobierno y la otra de fontanera en Ferraz. Los dos nacieron en el País Vasco, el primero en Baracaldo y la segunda en Bilbao, con tres años de diferencia. Los dos han sido militantes del PSOE y de la UGT, como suele ocurrir, y la plenitud al servicio del partido la encuentran bajo el manto protector de Santos Cerdán, que también es de la misma edad, sólo un año más que Koldo. La diferencia fundamental es que la carrera política de Santos Cerdán es exponencial: se afilia a los 30 años y, en ese mismo año, ya es teniente de alcalde de su pueblo natal, Milagros, en Navarra, y poco después, miembro de la ejecutiva regional y secretario de organización. Es entonces cuando comienza la verdadera amistad de Cerdán y Koldo. Esa fue la época en la que Koldo era portero de discoteca y, por las razones que sea, Santos Cerdán comenzó a tenerle tanto aprecio que lo metió en las listas del PSOE en las elecciones municipales de Huarte, en Navarra. Y salió de concejal.

También es posible que lo que Cerdán valoró en Koldo fuera su valentía para enfrentarse a los violentos matones del entorno etarra y para ponerse al servicio del partido allí donde se le requiriese. "Un inagotable aizcolari contra las injusticias, un ejemplo para la militancia", como lo denominó el propio Pedro Sánchez. Si Cerdán le decía a Koldo que había que meter en las urnas de unas primarias dos papeletas más, Koldo las metía; si le decía que custodiase unas cajas con avales, Koldo era capaz de pasar hasta dos días sin salir de la habitación, con las cajas a su lado. Cuando comienza el ascenso al poder de Pedro Sánchez, tras ganarle las primarias a Susana Díaz, es Cerdán quien presenta a Koldo, quien lo introduce y lo pone al servicio de José Luis Ábalos, destinado, como secretario de organización, a resolver los asuntos más delicados. En alguna ocasión, ha sido el propio Ábalos quien ha reconocido que la elección de Koldo como chófer y asesor era por la ventaja de contar con una persona de confianza ante la que poder hablar por teléfono mientras viajaban sin temor a que se pudiera filtrar nada.

Esa relación se fortalece en los primeros años en el partido y se consolida, definitivamente, cuando se hacen con el Gobierno. A esas alturas, Koldo es mucho más que un asesor, es la voz autorizada de quien manda en el partido. Quien lo oye hablar sabe perfectamente, que detrás de esas palabras está el secretario de Organización y, detrás del secretario de Organización, está el secretario general. Si al conocer tantas entretelas de esas relaciones, nos preguntamos por qué un ‘simple asesor’ como Koldo tenía capacidad para recoger y repartir sobres con dinero en metálico en la sede del PSOE, o para descolgar un teléfono y ordenar a un presidente autonómico que acelerase el pago de un contrato de mascarillas, sólo tenemos que reparar en ese poder delegado para explicárnoslo.

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Ahora que podemos mirar todos los escándalos del PSOE con cierta perspectiva, entendemos que el eje de todo es Santos Cerdán, ‘el arquitecto’ de la corrupción en sus dos fases. De hecho, fue el mismo Santos Cerdán quien se definió de esa manera ante el juez que decidió mandarlo a prisión. Al principio, pudo parecernos presuntuoso que se autodenominara "el arquitecto de los Gobiernos" de Pedro Sánchez, pero ese papel se ajusta fielmente a la realidad. Cuando la Guardia Civil destapó, en febrero del año pasado, la trama de comisiones ilegales de las mascarillas, en el PSOE se aplicó, de forma inmediata, el ‘manual de respuesta’ para estos casos: expulsión y repulsión de los salpicados, a sabiendas de que nunca desvelarán, ni podrán probar, la verdadera naturaleza de la corrupción política.

Caídos José Luis Ábalos y Koldo García Izaguirre, lo que idea el ‘arquitecto’ es el nombramiento de un nuevo fontanero, fontanera en este caso: Leire Díez para una nueva tarea, igualmente corrupta. También a Leire Díez la conoce Cerdán "desde hace muchos años", como admitió él mismo, y por los nombramientos que recibió la militante vasca en varias empresas públicas podemos deducir que se trataba de una persona de confianza que, además, debía favores a sus superiores jerárquicos en el partido por todos los cargos con sueldo público.

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Su función como fontanera ha sido completamente distinta a la de Koldo, pero sirve al mismo interés, blindar el poder de Pedro Sánchez. Rebobinemos: detenido Koldo y expulsado Ábalos, todo cambia en cuanto un juez acepta una denuncia contra Begoña Gómez. Entonces, el presidente Pedro Sánchez ordena la ejecución de una ofensiva contra todos aquellos que investiguen, cuestionen, censuren o, simplemente, exijan explicaciones sobre el comportamiento de su esposa. Fundamentalmente, altos mandos de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, la Fiscalía Anticorrupción, magistrados y medios de comunicación.

De la misma forma que, ingenuamente, nos preguntábamos cómo era posible que un simple asesor como Koldo tuviera tanto poder en el partido y en el Gobierno, nos hemos cuestionado cómo era posible que una simple militante socialista tuviera capacidad para reunirse con fiscales o empresarios y ofrecerles sobornos y prebendas "en nombre de altas instancias del Estado", como consta en las diligencias judiciales. Al igual que ocurría con Koldo García, todos debían saber cuando aceptaban reunirse con Leire Díez que no era ella quien hablaba en esas reuniones, sino que estaban ante la persona que representaba el poder delegado de Santos Cerdán, el nuevo ‘número dos’ de Pedro Sánchez. Lo que Leire transmitía eran los mensajes del "gran jefe", como ella misma les decía.

Ese debió ser el encargo nítido que recibió de Cerdán cuando Pedro Sánchez, en cinco días de falsa dimisión, planificó la ofensiva antisistema que viene desarrollando desde entonces: "Limpiar a tope", esa era la consigna que parece sacada de las películas de la mafia americana. No era uno solo, eran dos: el fontanero del Gobierno y la fontanera de Ferraz. Y eso es lo único que puede explicarlo todo.

Una forma de gobernar, ese es el verdadero nexo corruptor de todos los escándalos que aparecen como hongos en el tronco podrido del Gobierno. Por eso se llaman ‘hongos de pudrición’, aunque en política tienen nombres propios; Koldo García Izaguirre y Leire Díez Castro, pongamos por ejemplo. Claro que hay otros muchos protagonistas de los escándalos en curso, pero estos dos personajes son los más relevantes, los más interesantes, para hacernos una idea del modelo de gestión que ha implantado Pedro Sánchez desde que llegó a la presidencia del Gobierno, en julio de 2018.

PSOE Caso Leire Díez Koldo García
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