El PNV, con el apoyo del Partido Socialista, ha sido el primero en publicar una estadística prohibida: la procedencia de los delincuentes. Temen que les pase como al nacionalismo catalán
La espita se ha abierto, ¿quién delinque más en España los españoles o los extranjeros? Hasta ahora, esos datos estaban vetados, ninguna administración accedía a publicar las estadísticas de delincuencia organizadas por la procedencia de los delincuentes, y será muy difícil que, progresivamente, no se faciliten esos mismos datos de toda España y de cada comunidad autónoma. Ha sido en el País Vasco, esta misma semana, donde se ha roto la ‘prohibición’ y de lo que no cabe duda, reconozcámoslo abiertamente, es de que se trata de un triunfo político de VOX, que lleva reclamando estas estadísticas desde hace años. Este aspecto, por cierto, es interesante retenerlo para que reflexionemos sobre las formas equivocadas de combatir a la extrema derecha.
Cada vez se demuestra más que los cordones sanitarios y la negación de algunas realidades sociales solo contribuyen al crecimiento exponencial de esas opciones políticas, tan dañinas en otros muchos aspectos de la convivencia democrática. Pensemos, además, que los partidos que han accedido a publicar la estadística de delincuencia que señala a los inmigrantes son dos partidos, socios del Gobierno vasco, el PNV y el PSOE, que en la política nacional mantienen un discurso diametralmente opuesto al que practican en el País Vasco. También en Euskadi, donde VOX solo tiene un diputado, nacionalistas y socialistas se habían negado hasta ahora a secundar cualquier política que relacionara la delincuencia con la inmigración. Hasta mediados de octubre pasado.
Todo comenzó con una nota de prensa de la Ertzaintza en la que, por primera vez, daba cuenta de unas detenciones por un delito de robo con fuerza en un caserío de un pueblo de Guipúzcoa, pero con los detalles de procedencia que antes omitía. Decía así: "Los detenidos, de 22 y 27 años, ambos de procedencia magrebí, cuentan con antecedentes policiales". Un mes después, ha ampliado la información y ha publicado todos los datos referidos a este año, desde enero a septiembre. Como suele suceder con este tipo de estadísticas, se pueden ofrecer conclusiones distintas dependiendo de dónde se ponga la mirada. De forma general, en todo caso, no deben diferir demasiado de lo que ocurre en las demás comunidades autónomas de España.
La mayoría de los delitos los cometen ciudadanos españoles, pero en un porcentaje similar al de los extranjeros. La clave de todo está en que la población de origen extranjero en Euskadi no llega al 15%. Y además de eso, como dice el informe de la Ertzaintza, los delincuentes extranjeros están detrás del 77% de los robos con violencia, que son los que generan más alarma social. Y el porcentaje de reincidencia es, de igual forma, muy elevado. En definitiva, todos los elementos que provocan una reacción de la sociedad que hace crecer el populismo. Por la misma razón de siempre, si la alarma social no recibe una respuesta por parte de los partidos políticos clásicos los ciudadanos que están preocupados por lo que ven o por lo que oyen se refugian en quien sí les habla de sus problemas cotidianos.
Lo que ha hecho cambiar la política de información en el País Vasco ha sido una doble constatación. Por una parte, han comprobado cómo en Cataluña el nacionalismo equivalente de Junts está cediendo terreno ante la extrema derecha independentista de Aliança Catalana. Por otro lado, en las encuestas periódicas que se realizan han destacado el aumento exponencial de la delincuencia y la inseguridad como problema de los ciudadanos. En julio pasado, por ejemplo, el Ayuntamiento de Bilbao realizó una encuesta en la que el 48% de los vecinos consideraba la delincuencia era su principal problema.
A un líder político como Santiago Abascal, presidente de VOX, de una contrastada xenofobia, no le hacen falta más datos para afirmar, como ha hecho estos días, que "gracias a Vox sabemos el origen de los criminales y la realidad es que los crímenes más graves se han multiplicado por las fronteras abiertas de PSOE, PP y sus socios permanentes del separatismo". Ni existe en España una política de ‘fronteras abiertas’, como dice el líder de VOX, ni se puede afirmar que el número de delitos haya experimentado una subida significativa en los últimos quince años. De hecho, el aumento estadístico del número de delitos se produce por el incremento de la ciberdelincuencia, que en modo alguno se puede relacionar con los inmigrantes. Eso sin contar, sobre todo, que España sigue siendo uno de los países más seguros del mundo, con una menor tasa de criminalidad por habitantes. Pero ¿contribuyen estos datos a reducir la alarma social de la que hablamos? En absoluto, ese es el problema. Y necesita respuestas.
La solución, desde luego, no puede ser la de ocultar la realidad de las estadísticas de delincuencia, como sucede todavía en todo el país, salvo en Euskadi, que no depende del Estado para hacerlas públicas, como acaba de ocurrir. Las teóricas ventajas de esa ocultación tienen más que ver con lo políticamente correcto que con la transparencia que merece la sociedad. A partir de ahí, resulta un mero delirio racista pensar que los inmigrantes, por el hecho de ser inmigrantes, son personas más proclives a cometer delitos. En todo caso, esas estadísticas ciertas tendrán que ver con la marginalidad y con la exclusión, pero no con la nacionalidad o la raza. Ocurre, por ejemplo, que también podría decirse que en las grandes ciudades españolas la delincuencia es mucho mayor en los barrios más conflictivos, desde el Raval de Barcelona hasta Las Tres Mil Viviendas de Sevilla, pasando por Carabanchel, en Madrid. Todos ellos están incluidos en una lista de los barrios más peligrosos de España y jamás se le ocurrirá a VOX proponer una deportación masiva de sus habitantes, como sí hace con los inmigrantes ocultando, además, que en la mayoría de los casos es imposible.
Si proceden de Estados fallidos que no admiten el retorno, ¿qué hacemos? ¿Acaso se propone arrojarlos al mar? La única salida es la de legalizar a los cientos de miles (¿cuatrocientos mil? ¿seiscientos mil?) que permanecen en España, porque está claro que la delincuencia se relaciona con la marginalidad y con la exclusión, no con la raza. Y asumir, plenamente, que la bobada de la alianza de civilizaciones o del multiculturalismo no puede hacernos tolerables ‘costumbres’ contrarias a la dignidad del ser humano, sobre todo mujeres, ni a los derechos constitucionales. La cuestión es que se ha abierto la espita. Con lo ocurrido en el País Vasco quedan al descubierto las contradicciones. En Madrid se rechaza cualquier contacto, cualquier legitimación con VOX, y en el País Vasco aplican la más controvertida de sus políticas. Y se reproduce el mismo discurso: "cárcel o expulsión", como ha dicho el nuevo alcalde de San Sebastián, el joven Jon Insausti, del PNV, que cuenta con el apoyo de los socialistas. "Cada vez hay más armas blancas en la calle", ha añadido el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, y lo ha vinculado a "extranjeros sin arraigo". Ahora que el PP y VOX están negociando en Valencia un nuevo pacto de coalición, parlamentaria o gubernamental, pensemos en lo que ocurriría si acuerdan exactamente lo mismo que en el País Vasco y replican ese mismo discurso…
La espita se ha abierto, ¿quién delinque más en España los españoles o los extranjeros? Hasta ahora, esos datos estaban vetados, ninguna administración accedía a publicar las estadísticas de delincuencia organizadas por la procedencia de los delincuentes, y será muy difícil que, progresivamente, no se faciliten esos mismos datos de toda España y de cada comunidad autónoma. Ha sido en el País Vasco, esta misma semana, donde se ha roto la ‘prohibición’ y de lo que no cabe duda, reconozcámoslo abiertamente, es de que se trata de un triunfo político de VOX, que lleva reclamando estas estadísticas desde hace años. Este aspecto, por cierto, es interesante retenerlo para que reflexionemos sobre las formas equivocadas de combatir a la extrema derecha.