Con Sánchez se han quebrado muchas cosas, hasta tu propia definición: pensabas que eras de centro derecha y resulta que eres ultraderecha, como tantos socialistas que son fachas
El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra (d), junto al expresidente del Gobierno Felipe González. (EFE/Archivo/Fernando Alvarado)
A ti, que eres netamente progresista, o eso pensabas, pero te ha entrado la duda al oírle decir a Pedro Sánchez que ha decidido nombrar a un nuevo fiscal general que sea "netamente progresista". ¿Qué es ‘netamente progresista’? A eso vamos. No es que Sánchez tenga dudas a la hora de elegir a quien sustituya al condenado, que no, que ya sabes que eso es como una saga, como hablaremos ahora. No es por eso, la duda te ha entrado porque uno de los conceptos que se han roto con Pedro Sánchez es el de saber dónde estás ubicado ideológicamente. Eso ya no lo decides tú. Podría mencionarte a cientos, pero hay decenas de miles que pensaban que eran socialistas y gente de izquierda y resulta que ahora son fachas. Y de la derecha, para qué contar, hay millones de votantes del PP que piensan, muchos de ellos, que son de centro derecha y los colocan en la ultraderecha. Con lo de ser un progresista auténtico puede estar pasando lo mismo.
‘¿Seré yo, dios mío, seré yo?’, habrás llegado a preguntarte cuando, al oír la radio o poner la televisión, has comprobado atónito cómo van cayendo fachas del otro lado. Intelectuales, artistas o políticos que considerabas de izquierdas, progresistas como tú, y ahora son fachas. Desde Felipe González y Alfonso Guerra hasta Joaquín Sabina, pasando por Javier Cercas. Todos ellos han dejado de ser considerados como referencias progresistas porque no están al día de las querencias y las manifestaciones. A los primeros, que ya sabes que supieron sacar al PSOE de la clandestinidad y convertirlo en un partido de masas, los colocan en la derecha los propios socialistas que hoy gobiernan el partido. Ni se van ni los van a expulsar, pero ahí seguirán vegetando como militantes.
Les puede ocurrir como a Joaquín Leguina, que ni siquiera tengan interés en echarlos; para qué gastar un minuto en completar un expediente de expulsión si, en realidad, los ignoran. Por eso ha ganado Leguina en los tribunales su demanda contra el PSOE, por "dilación en el procedimiento" de expulsión, pero ya ves que no es ninguna victoria. Cómo va a ser victoria que alguien te desprecie tanto que te ignora, como dice el refrán: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio". A Sabina, que era comunista, tampoco le van a decir nada, pero todo el mundo sabe que ha dejado de contar para la progresía desde que dijo, hace un par de años, que ya no es "tan de izquierdas porque tengo ojos, oídos y cabeza". ¿Acaso no es lo mismo que dijo Cercas? "Llegados aquí, yo sólo veo dos opciones: una es fingir que la realidad no es la que es y que no sabemos lo que sabemos y la otra es la insumisión. No tengo nada que reprochar a quienes opten por lo primero, siempre y cuando sean indigentes, sin papeles o analfabetos; yo opto por lo segundo".
Otra opción es la que eligieron dos iconos progres, Alaska y Mario Vaquerizo, cuando los acosaron por fachas. Simplemente, pasan de todo. A ver, tampoco es que se hubieran mojado mucho en las causas de ‘la izquierda abajofirmante’, pero siempre se les consideraba lejos de las derechas. Hasta que cometieron la temeridad de dejarse ver con Belcebú, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Ahora, los dos salen espantados cuando se les pregunta. Dice él: "Mira, en la izquierda hay políticos absurdos y en la derecha hay políticos absurdos. Y en la derecha hay políticos buenísimos y la izquierda también. Cada maricón es un mundo". Dice ella: "Yo he vivido 40 años sin pensar en etiquetas y estoy un poquito hasta el coño de que ahora todo sea izquierda o derecha. El mundo es otra cosa".
¿Habrás dejado de ser ‘netamente progresista’, como les ha pasado a ellos? Entiendo tu azoramiento porque cuando Pedro Sánchez lo ha dicho es como si estuviera elevando el listón de las exigencias. Y no todo el mundo va a llegar, ya te lo digo: muchos no van a superar esa prueba. Porque se trata de eso, sí, de pruebas que se superan, y la última es la del fiscal general del Estado que ha sido condenado por revelación de secretos. La competencia, además, se ha puesto muy complicada porque esta vez la escalada de insultos, manifestaciones y manifiestos ha comenzado ardiendo. Directamente al cuello de quien sea menester para defender la inocencia de García Ortiz, que para eso se ha sacrificado por la causa sin importarle las consecuencias, este lastre en su carrera aunque le hayan prometido que el Tribunal Constitucional acabará arreglándole el estropicio de la condena.
Para que te vayas situando, por si no quieres resbalar cuando surja el debate y pienses que a lo mejor te están poniendo a prueba, lo que puedo recomendarte es que no digas que esto es "un golpe de Estado de la Justicia", porque eso ya lo han dicho muchos y empieza a sonar como algo descafeinado. Además, está lo otro, si mañana hay otra condena, pongamos al hermano de Pedro Sánchez, qué vas a decir: "segundo golpe de Estado". ¿Y luego el tercero, el cuarto…" No, un auténtico progresista tiene que subir el nivel si no quiere aparecer ante Pedro Sánchez como un pusilánime que está a un cuarto de hora de volverse facha.
El insulto no está mal, sobre todo si suena como un escupitajo o así, pero lo mejor será mostrarse partidario de un cambio radical en la democracia, que no puede caer en manos de los fachas. ¿Que no lo piensas? Pues ya te advierto que hasta la vicepresidenta Yolanda Díaz ha dicho ya que esto tiene que ser "un punto de inflexión". La siguiente barbaridad tiene que ser más grande… Ya verás, además, cómo Pedro Sánchez, mantiene su línea en la elección del nuevo fiscal general. A la primera que nombró, María José Segarra, se le ocurrió decir que un fiscal general tiene que tener "plena autonomía" porque "al fiscal general del Estado no se le pueden dar órdenes de ningún tipo" y ya ves cómo acabó, sólo duró un año y medio. La nueva fiscal general que se nombrará es Teresa Peramato, también de la Unión Progresista de Fiscales, de la que ha sido presidenta, y en la Carrera la definen como “jurídicamente solvente, ideológicamente radical y personalmente adusta”. Podemos verla como una continuación de Dolores Delgado y de García Ortiz. Ya veremos qué pasa, aunque pueda parecerte que el servilismo es una copa de ambiciones que se colma. No es así, con Sánchez no es así. Por eso te digo, a ti, que eres netamente progresista, o eso pensabas, y te ha entrado la duda al oírle… Este es mi mensaje: tranquilo, no estás solo.
A ti, que eres netamente progresista, o eso pensabas, pero te ha entrado la duda al oírle decir a Pedro Sánchez que ha decidido nombrar a un nuevo fiscal general que sea "netamente progresista". ¿Qué es ‘netamente progresista’? A eso vamos. No es que Sánchez tenga dudas a la hora de elegir a quien sustituya al condenado, que no, que ya sabes que eso es como una saga, como hablaremos ahora. No es por eso, la duda te ha entrado porque uno de los conceptos que se han roto con Pedro Sánchez es el de saber dónde estás ubicado ideológicamente. Eso ya no lo decides tú. Podría mencionarte a cientos, pero hay decenas de miles que pensaban que eran socialistas y gente de izquierda y resulta que ahora son fachas. Y de la derecha, para qué contar, hay millones de votantes del PP que piensan, muchos de ellos, que son de centro derecha y los colocan en la ultraderecha. Con lo de ser un progresista auténtico puede estar pasando lo mismo.