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Sánchez, lo que oculta y lo que cambia
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Javier Caraballo

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Sánchez, lo que oculta y lo que cambia

La cita clandestina del presidente con Otegi tendría una carga simbólica que la hace distinta a lo conocido porque, por ejemplo, esta vez no podrá decir que es un 'cambio de opinión' más

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Borja Sánchez-Trillo)
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Conocemos a Pedro Sánchez por lo que cambia, pero no es menos importante lo que este hombre oculta. De todos los episodios que ignoramos, la reunión clandestina con Arnaldo Otegi, el líder heredero de los asesinos de ETA, es la más relevante de todas por tres motivos, la indignidad del hecho en sí, la estrategia de quienes lo han denunciado y la diferencia entre mentira y ‘cambio de opinión’.

Una aclaración antes de continuar: tras la derrota de ETA y el cese definitivo de su estrategia asesina hace catorce años, son muchos los que defienden, sobre todo en el País Vasco, que debemos dejar de relacionar a los abertzales con la banda terrorista. Tienen razón, es necesario, pero ninguna normalización, ninguna pacificación, se puede conseguir sin que pidan perdón aquellos que perpetraron la extorsión, el miedo y el tiro en la nuca, aquellos que atemorizaron a una sociedad entera durante casi medio siglo. Mientras sigan organizando homenajes a los etarras más sangrientos cuando salen de la cárcel, mientras sigan considerando héroes a esas alimañas, tenemos que seguir recordándoles su pasado miserable. Aquí se ha defendido en otras ocasiones que se pueda pactar con Bildu en las instituciones, porque los ‘cordones sanitarios’ atentan contra los principios elementales de una democracia, pero con la misma determinación se ha afirmado que esos pactos jamás pueden incluir nada que tenga que ver con el olvido o la tergiversación del terrorismo vasco.

La laxitud ética e ideológica demostrada por Pedro Sánchez desde que llegó al poder es la que le ha llevado a pactar, sin más, con quienes han sido enemigos políticos del Partido Socialista, especialmente con los dirigentes de Bildu. Es decir, aquellos que rompían la convivencia democrática y el respeto a la Constitución española, valores fundamentales de la Transición democrática que el PSOE contribuyó a asentar como uno de los principales protagonistas. No es lo mismo dialogar y pactar públicamente con Bildu para que renuncie al pasado terrorista, que dialogar y pactar clandestinamente con Bildu para asumir su discurso y las exigencias de beneficios penitenciarios para los presos etarras. Esa diferencia es lo que separa a un hombre de Estado de un farsante que sólo busca el poder. El bien común y el bien personal; un país al servicio de una persona, como ya se dijo aquí alguna vez.

Por esa razón, es inasumible, y una terrible afrenta a la memoria democrática del PSOE, que se pueda demostrar, como afirman el exministro José Luis Ábalos y su asesor, Koldo García, que Pedro Sánchez se reunió clandestinamente con Arnaldo Otegi en un caserío vasco para negociar su apoyo a la moción de censura contra Mariano Rajoy. Esa reunión, de haber existido, se produjo en 2018, que era cuando Pedro Sánchez todavía afirmaba en las entrevistas, envalentonado, que jamás pactaría con Bildu. "Con Bildu no vamos a pactar, si quiere se lo digo 5 veces o 20 durante la entrevista. Con Bildu no vamos a pactar", como dijo en una entrevista en la televisión de Navarra. Que, pasados los años, acabara pactando leyes o gobiernos, como ha ocurrido, podría justificarlo con sus famosos ‘cambios de opinión’, pero eso no vale para una reunión clandestina cuya existencia ha negado, taxativamente, cuando la desveló el periódico El Español. Y resulta que el presidente Sánchez lo ha hecho con rotundidad: "Eso es mentira". Si se acredita documentalmente que esa reunión existió, esta vez no tendrá la escapatoria del eufemismo cínico.

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Lo que se ha trasladado desde el Gobierno es que tanto Ábalos como Koldo mienten y actúan "por temor a que el juez los mande a prisión" y que, por eso, "aumentan la presión sobre Pedro Sánchez". Tampoco esa explicación se sostiene porque en las decisiones sobre el juez instructor, al igual que sobre la Fiscalía Anticorrupción, que es quien solicita la prisión (además de las acusaciones), sólo podría pesar que Ábalos y Koldo se decidieran a colaborar activamente en la causa, como hizo Aldama. Qué tiene que ver con la causa una reunión clandestina previa al primer Gobierno de Sánchez… Tampoco tiene sentido que quieran presionar al presidente del Gobierno porque, aunque quisiera, no puede hacer nada para evitar que entren en prisión, si así se decide, como ya ocurrió con Santos Cerdán. Por ningún lado tiene sentido, en definitiva.

En todo caso, lo que sí podemos verificar es que la filtración de esas reuniones en un caserío vasco lo que nos confirma es que la estrategia de defensa de Ábalos y Koldo es completamente distinta a la de Santos Cerdán y Leire Díez. La sensación que se desprende hasta del propio tono de las declaraciones de unos y otros es que, mientras que Cerdán y Leire están siguiendo la estrategia de defensa de la Moncloa, acaso porque el líder socialista les ha asegurado su apoyo presente y futuro, en el caso del exministro y su asesor esa vinculación no existe. En este sentido, es posible -aunque esto no pasa de ser una mera elucubración- que tanto Koldo como Ábalos hayan llegado a la conclusión de que tendrán que defenderse, no sólo de las acusaciones precisas de la investigación de la UCO, sino del intento del líder del PSOE de hacer recaer en ellos toda la responsabilidad de lo sucedido. Chivos expiatorios.

El único problema para Pedro Sánchez es el de no haber calculado bien la información que ambos puedan manejar, y demostrar, contra él. Que ya lo dijo Juan de Mairena, que a Maquiavelo se le había olvidado un detalle fundamental cuando aconsejaba que "no conviene irritar al enemigo". A lo que Mairena añadía: "Consejo que olvidó Maquiavelo: Procura que tu enemigo nunca tenga razón".

Conocemos a Pedro Sánchez por lo que cambia, pero no es menos importante lo que este hombre oculta. De todos los episodios que ignoramos, la reunión clandestina con Arnaldo Otegi, el líder heredero de los asesinos de ETA, es la más relevante de todas por tres motivos, la indignidad del hecho en sí, la estrategia de quienes lo han denunciado y la diferencia entre mentira y ‘cambio de opinión’.

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