El interés del PSOE por presentar a Leire Díez como un 'pequeño Nicolás' es directamente proporcional a lo que se oculta de los encargos para servir al líder socialista, Pedro Sánchez
La exmilitante del PSOE Leire Díez, a su salida de los juzgados de Plaza de Castilla tras declarar ante el juez. (EFE/Archivo/Sergio Pérez)
Los ‘soldados’ que movilizó Pedro Sánchez en los cinco días en los que planificó su venganza, como un Napoleón acorralado y furioso, están pasando por los calabozos. Quizá todos ellos lo sabían, desde el primer instante, que se trataba de una prueba de lealtad y de sacrificio, que lo que les estaban pidiendo era que se inmolaran por una causa mayor, el presidente del Gobierno y secretario general de su partido. Fueron los días, los cinco días de abril de 2024, en los que Pedro Sánchez se desconectó del mundo para organizar su ofensiva contra quien había publicado, denunciado o censurado el comportamiento de su mujer, Begoña Gómez. En una de las cartas que dirigió a la ciudadanía, el propio Pedro Sánchez anunció lo que venía: "un punto y aparte".
En esa nueva fase, más agresiva, más sucia, es en la que el fiscal general condenado, Álvaro García Ortiz, compromete su prestigio para que el líder socialista tuviera un caso real que contraponer al de su esposa, el del fraude fiscal del novio de Díaz Ayuso. Y en esa nueva fase es en la que Leire Díez se pone al frente de una ‘brigada de guerra sucia’ para silenciar a fiscales, guardias civiles, periodistas… Esa es la trama que se está investigando desde hace meses, de la que ‘la fontanera’ ha querido zafarse con burlas y mofas, al igual que los portavoces más deslenguados del PSOE que siempre la han presentado como un ‘pequeño Nicolás’, ajena por completo al aparato socialista. La detención de Leire Díez por presuntos delitos de fraude, falsedad documental, malversación, tráfico de influencias y prevaricación, cometidos con anterioridad a la ‘brigada de la guerra sucia’, lo que demuestra es que esta mujer jamás ha actuado por su cuenta, que estaba plenamente incardinada en la estructura socialista. Todos los esfuerzos y el interés del PSOE por presentarla como "un pequeño Nicolás" son directamente proporcionales a lo que se oculta.
Cuando SantosCerdán citó en su despacho, en aquellos cinco días de abril, a Leire Díez no estaba llamando a ninguna desconocida, como falsamente han afirmado los dos en varias ocasiones. Incluso cuando El Confidencial desveló lo que se estaba tramando y hasta publicó las fotos de Leire Díez entrando y saliendo de la sede de Ferraz, seguían negando la evidencia. Lo que podemos presumir ahora, a raíz de lo que vamos conociendo, es que se eligió a Leire Díez por la plena confianza que se tenía en ella por todas las operaciones anteriores, que se remontan al tiempo de Santos Cerdán en Navarra, antes de que Pedro Sánchez consiguiera ganar las primarias de su partido y llegar a la Moncloa.
Cuando el líder del PSOE toca a rebato en esos días críticos de abril del pasado año, lo que se reúne en la sede socialista es una especie de ‘gabinete de crisis’ en el que están presentes las tres patas de la estrategia que se va a poner en marcha: la Moncloa, la Ejecutiva federal del PSOE y los ejecutores, encabezados por Leire Díez. Ninguno de los presentes, como Santos Cerdán, secretario de organización del PSOE o Antonio Hernando, del Gabinete de la Presidencia de Moncloa, ha negado la existencia de esa reunión. Tampoco Leire Díez, aunque ella sigue insistiendo en que acudió a la misma como "periodista de investigación", una grotesca mentira que se difuminó completamente cuando El Confidencial tuvo el acierto de apodarla "la fontanera".
La operación de la Guardia Civil, que está coordinada por la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción, nos introduce en el pasado de Leire Díez, antes de su encargo para la ‘brigada de guerra sucia’. Por esa razón, aunque se conocen pocos detalles por el secreto de sumario decretado, en la investigación de la Guardia Civil vuelve a aparecer la empresa Servinabar, que es, presumiblemente, con la que operaba el secretario de organización del PSOE. Y lo que asombra, una vez más, es el funcionamiento sincronizado de toda esa estructura oculta. Detengámonos, por ejemplo, en dos detalles. Cuando Pedro Sánchez llegó al Gobierno, situó al frente de la SEPI a Vicente Fernández, una persona de la confianza de María Jesús Montero, desde entonces ministra de Hacienda. Quince meses después, Fernández se vio obligado a dimitir de la SEPI -por un escándalo de minas en Andalucía que ha quedado en nada por falta de pruebas, a pesar de las evidencias iniciales- y pasó a trabajar para Servinabar. Atentos a esa trayectoria: de la presidencia del holding empresarial del Estado (Correos, Navantia, Tragsa…) a una empresa diminuta que lo tuvo durante tres años pagándole una buena suma anual, hasta
117.579 euros en 2022. Ahora, en esta nueva línea de investigación de la Fiscalía Anticorrupción, Vicente Fernández puede verse implicado en la trama de cobro de comisiones ilegales por las adjudicaciones de obras públicas. El segundo detalle menor que nos habla de la sincronización de esa estructura, y de la amplitud de la misma, tiene que ver con Leire Díez. Desde 2018 hasta 2021 fue jefa de Comunicación de ENUSA, empresa dependiente de la SEPI que se dedica al suministro de uranio enriquecido. Cuando salió de esa empresa, se fue a otra del mismo holding del Estado, Correos, donde ocupó el puesto de directora de Filatelia y Relaciones Institucionales hasta febrero de 2024, que es cuando estalla el escándalo del caso Koldo. En abril de ese mismo año, es cuando recibe el encargo de Cerdán y, a partir de ese momento, quien la financia es Gaspar Zarrías, a través de su consultora Zaño, que la mantiene en nómina hasta octubre de 2024, un mes después de que El Confidencial desvelara la existencia de esa operación.
Aquel primer titular, el 16 de septiembre de 2024, decía: "El PSOE prepara en secreto una campaña contra jueces y periodistas para tapar el caso Begoña". Esa fue la información en la que se mencionó por primera vez el nombre de María Leire Díez Castro. Hoy todo el mundo la conoce como ‘la fontanera’ y lo que sabemos de ella es que, como sucede con todas las mentiras, sus trolas tienen las patas muy cortas.
Los ‘soldados’ que movilizó Pedro Sánchez en los cinco días en los que planificó su venganza, como un Napoleón acorralado y furioso, están pasando por los calabozos. Quizá todos ellos lo sabían, desde el primer instante, que se trataba de una prueba de lealtad y de sacrificio, que lo que les estaban pidiendo era que se inmolaran por una causa mayor, el presidente del Gobierno y secretario general de su partido. Fueron los días, los cinco días de abril de 2024, en los que Pedro Sánchez se desconectó del mundo para organizar su ofensiva contra quien había publicado, denunciado o censurado el comportamiento de su mujer, Begoña Gómez. En una de las cartas que dirigió a la ciudadanía, el propio Pedro Sánchez anunció lo que venía: "un punto y aparte".