La religiosidad aumenta entre los más jóvenes cuando nadie lo esperaba, aunque son muchos los que lo miran con recelo por si se trata sólo es una moda kitsch y no un fenómeno auténtico
Imagen de un portal de Belén. (Europa Press/Alberto Ortega)
Dios ha muerto, proclamó Nietzsche, y desde entonces han ido cayendo ideologías y tendencias filosóficas mientras que Dios permanece ahí, en el centro de casi todo. El auge de los últimos años es un despliegue que se extiende sobre todo entre los jóvenes, muchos de ellos de padres ateos, a través de la filosofía, la política y la música. Ahí está Rosalía como el último impacto que nos ha descolocado a todos, no sólo por la calidad sobresaliente de algunas de las canciones y por su valentía musical. Lo que nos deja pillados es verla en la portada del disco con una toca blanca, vestida de monja, con los brazos por dentro, abrazándose a sí misma, con lo que ofrece una sensación extraña de camisa de fuerza. Como si quisiera liberarse o lo contrario, reprimirse.
Cuando le han preguntado, ha querido dejar claro que su religiosidad es sincera, meditada y decidida. "Dios es el único que puede llenar los espacios si tú tienes la predisposición, la actitud y la manera de abrirte para que eso pueda pasar", ha dicho en algunas de las entrevistas que ha concedido para la promoción de su disco Lux. Rosalía, en todo caso, no es la única joven que nos sorprende como quedó patente a finales de julio pasado cuando el Vaticano reunió a más de mil ‘influencers católicos’ de 46 países, cada uno de ellos con cientos de miles de seguidores en sus redes sociales.
Si se necesitan ejemplos recientes de cómo la Iglesia católica sabe adaptarse a los tiempos, igual que administra el dogma con una pausa que puede durar decenios o siglos, ese Jubileo de Misioneros Digitales puede servirle como pocos. La cuestión es que el propio papa León XIV, a los dos meses de que el cónclave lo eligiera para suceder a Francisco, ya caminaba con seguridad en su pontificado para intentar corregir los graves problemas de la Iglesia.
El repunte de la religiosidad entre los más jóvenes no pasa de ser un mero espejismo si contemplamos la realidad estadística
De hecho, en términos generales, el repunte de la religiosidad entre los más jóvenes no pasa de ser un mero espejismo si contemplamos la realidad estadística, que es lo que debe preocuparle al Papa. Porque es la propia Iglesia la que afirma que, si bien es verdad que el número de católicos está subiendo a nivel mundial, ese aumento se debe al crecimiento en África mientras que en Europa y en Estados Unidos el descenso es apabullante y constante desde hace cinco o seis décadas. Por ejemplo, en los años 70, al final de la dictadura, el 90% de los españoles se declaraba católico; en la actualidad, esa cifra supera ligeramente el 50%. En sentido contrario, el 40% de los españoles se declaran ateos, agnósticos o no creyentes cuando ese porcentaje no llegaba ni al 8% en los 70.
Es evidente que todas estas cifras nos llevarían a pensar que, en efecto, quien tenía razón era Nietzsche y que toda la religiosidad que envuelve el ‘fenómeno Rosalía’ -por englobarlos con su nombre, aunque no respete la verdadera amplitud del fenómeno- es una moda y, como tal, una moda pasajera. Podríamos compararlo, si se permite, con lo que ocurre estos días, en la Nochebuena y en la Navidad, que la celebran casi la totalidad de los españoles. La gran mayoría, es cierto, dice que la entiende como unas fiestas familiares, pero la cuestión es que todo lo que subyace son sentimientos plenamente cristianos, como el amor, la familia, la amistad…
Un buen amigo, sobresaliente en compromiso y conocimiento de la Iglesia católica, Carlos Pérez Laporta, sostiene con acierto que este fenómeno es simétrico a otros que se corresponden con los valores de esta época. Por eso lo denomina un "cristianismo kitsch", a partir de las aportaciones de un filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky, que, junto con el escritor Jean Serroy, ha publicado este año un libro que abarca lo religioso en una tendencia mayor: ‘ La nueva era del kitsch. Ensayo sobre la civilización del exceso’ (Editorial Anagrama). Su tesis es que ‘lo kitsch’ ya no tiene nada que ver con los orígenes del concepto, asociado a ciertos gustos decorativos o estéticos. Ahora se trata de algo más amplio, el ‘neokitsch’, y es lo que impregna toda la sociedad, la cultura, los valores, la política y el ocio.
Ana SomavillaIeva Kniukštienė (Delfi. Lituania)Kim Son Hoang (Der Standard. Austria)Voxeurop (Francia)Krasen Nikolov (Mediapool. Bulgaria)Maria Delaney (The Journal Investigates. Irlanda)
Dicen: "Es expansivo y omnipresente, ya no se limita a los objetos o las imágenes, sino que configura una auténtica civilización cimentada en la lógica del exceso: la ‘civilización del demasiado’". Mi amigo Carlos, doctor en Teología y en Derecho, lo da por bueno porque él también intuye que debajo de todo está la religiosidad. Y dice: "Ahí lo cristiano es efectivo. Su poderosa estética sirve a la diferenciación. Su moral particulariza hasta el escándalo social. Su mística penetra hasta la frontera del alma y el espíritu. Y con todo ello se pueden hacer buenas versiones kitsch, donde nos vestimos como cristianos, cumplimos unas cuantas reglas y componemos varias canciones que nos ericen la piel. No digo que no se pueda buscar así a Dios de esta manera (¡«todo es vuestro»!)".
Uno de los acontecimientos filosóficos y religiosos de este año que ya se acaba se desarrolló en un debate universitario entre un reconocido físico italiano, Valerio Rossi, y el papa León XIV. El vídeo se propagó por YouTube a una gran velocidad por cómo el Papa sabía rebatir, con serenidad y contundencia, las provocaciones ateas del profesor Rossi.
Se escribieron crónicas elogiosas sobre aquel acontecimiento, por su altura intelectual, hasta que, al cabo de unos días, se descubrió que todo era mentira. El debate nunca había existido y todo, absolutamente todo, el profesor con sus gestos provocativos, el público universitario entusiasmado y el Papa flemático, habían sido creados por la inteligencia artificial. Aun así, el debate artificial, que sigue vivo en las redes sociales, merecía la pena por las cosas que se decían, aunque pueda parecer una solemne tontería valorar una falsedad virtual. La cuestión es que, en su réplica ficticia, el papa León XIV decía una cosa que sirve para enmarcar todo lo que nos podemos plantear estos días: "No debemos confundir al autor de la obra con uno de sus personajes". Es decir, que lo esencial del cristianismo son sus valores, sus propósitos, su humanismo, su ética y su esperanza. Por eso, aunque Nietzsche proclamara que Dios ha muerto, cada año por estas fechas vuelve a nacer. ¡Feliz Navidad!
Dios ha muerto, proclamó Nietzsche, y desde entonces han ido cayendo ideologías y tendencias filosóficas mientras que Dios permanece ahí, en el centro de casi todo. El auge de los últimos años es un despliegue que se extiende sobre todo entre los jóvenes, muchos de ellos de padres ateos, a través de la filosofía, la política y la música. Ahí está Rosalía como el último impacto que nos ha descolocado a todos, no sólo por la calidad sobresaliente de algunas de las canciones y por su valentía musical. Lo que nos deja pillados es verla en la portada del disco con una toca blanca, vestida de monja, con los brazos por dentro, abrazándose a sí misma, con lo que ofrece una sensación extraña de camisa de fuerza. Como si quisiera liberarse o lo contrario, reprimirse.