De las mentiras de Mazón ya lo sabemos todo, o casi todo, pero insistir en el minuto a minuto de lo que hizo aquel trágico día de la dana es lo que utilizan muchos para ocultar lo demás
El expresidente de la Generalitat Valenciana Carlos Mazón. (EFE/Biel Aliño)
Ridiculizar a Carlos Mazón hasta que deje de mentir tiene que ser compatible con buscar la verdad de la dana de Valencia, que se llevó por delante 230 vidas. Conviene remarcarlo porque ya se han cumplido catorce meses de la tragedia y el interés de muchos por no mirar más allá de Mazón es cada vez más evidente. La desvergüenza del expresidente de la Comunidad Valenciana y su capacidad infinita para tejer una red de mentiras en la que, siempre, acaba atrapado él mismo es una crueldad añadida a los familiares de las víctimas que nadie debería tener que soportar.
Pero esa insistencia no puede llevarnos, como está ocurriendo, o como se pretende, a que la investigación sobre lo ocurrido aquel trágico día se reduzca a Mazón y que descienda hasta lo que hizo en cada minuto, cuánto le costó la factura del restaurante, dónde aparcó su coche o cómo iba vestido porque todo eso, que para muchos es lo único importante, es irrelevante para conocer el porqué de la tragedia. Lo que necesitamos, al margen de la vía judicial que ya se resolverá en el sentido que sea; al margen de las responsabilidades penales, lo que nos merecemos es un debate sereno y riguroso, profesional y científico, que nos diga, exactamente, qué ocurrió y si este tipo de avalanchas, un tsunami violento como el que arrasó el barranco del Poyo, pueden anticiparse para poder desalojar a la población, antes de que sus casas desaparezcan.
Durante todo el fin de semana pasado, por ejemplo, se han emitido en varias provincias del sureste español anuncios de alerta roja, emitidos por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) con la previsión de "lluvias torrenciales y granizo". La predicción era acertada y, de hecho, en muchas de las localidades afectadas se han registrado hasta 250 litros de agua por metro cuadrado, con las consiguientes inundaciones. También ha habido fallecidos, tres personas en Granada y Málaga han perdido la vida arrastradas por la lluvia. Tampoco en Valencia han fallado las previsiones este fin de semana y, de hecho, en el aeropuerto de la capital se ha registrado el domingo el día de diciembre más lluvioso desde que comenzaron las mediciones en ese lugar, hace sesenta años: 93,0 litros por metro cuadrado.
¿De qué estaríamos hablando hoy si este pasado fin de semana, en vez de lluvias de hasta 250 litros por metro cuadrado, se hubieran registrado descargas del doble de esa cantidad, como ocurrió en la Sierra de Chiva el día de la tragedia? La información que la Aemet ha aportado en la causa judicial que se sigue por la dana de Valencia ha certificado que, antes de la tragedia, también se emitió una advertencia de lluvias torrenciales, pero ¿existe algún servicio de meteorología en el mundo que pueda adelantar que van a caer 500 litros de agua por metro cuadrado en una zona concreta? Pues esa es la investigación que nos merecemos para que no vuelva a pasar.
Sucede lo mismo con las obras hidráulicas que se postergan, que se retrasan o que, directamente se rechazan, y que podrían evitar estos desastres tras las avalanchas. En el caso del barranco del Poyo, ya se sabe que varios proyectos se paralizaron cuando, al principio del milenio, el Gobierno de Zapatero derogó el Plan Hidrológico Nacional, pero aquello ocurrió hace veinte años y con posterioridad no se ha propuesto ninguna medida más. Las comprometidas tras la dana de octubre del año pasado no estarán listas, como pronto, hasta 2031. En Andalucía, que acaba de padecer las mayores inundaciones, ocurre igual y siempre sucede en grandes urbanizaciones construidas, durante decenios, en zonas inundables. ¿Cuántas personas viven en España en zonas inundables? Pues según los cálculos más favorables, casi tres millones de personas. Por esa razón, se hace más inexplicable aún que, como advirtió hace unas semanas la Cámara de Cuentas de Andalucía, las administraciones no ejecuten con prioridad las obras hidráulicas que se necesitan.
Es más inexplicable aún si pensamos que no es que falte dinero, sino que no se sabe gestionar. En el caso andaluz, este organismo acaba de instar a la Junta de Andalucía "a continuar con el incremento del ritmo de ejecución de los fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, los fondos europeos, de forma que se garantice su ejecución dentro del periodo 2021-2026 (…) ya que, a diciembre de 2024, sólo se había ejecutado el 37% de los 4.420 millones asignados a la comunidad andaluza". Si el Gobierno de Juanma Moreno no los invierte, directamente se va a perder ese dinero. ¿En cuántas comunidades más sucede lo mismo?
La jueza que instruye el sumario por las 230 muertes de la dana de Valencia tiene en su poder mucha más información sobre lo sucedido que cualquiera de nosotros para saber por qué le parece más interesante la citación como testigo del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que del presidente del Gobierno de España, el ministro del Interior o la vicepresidenta primera, que ese día estaba en funciones y convocó un gabinete de crisis en la Moncloa del que, todavía, no sabemos casi nada. Es muy probable que, en lógica procesal, a la jueza de la dana le interesen también los mensajes de WhatsApp que se intercambiaron todos ellos con algunos de los responsables directos de aquel día, como la delegada del Gobierno de Valencia o el general de la UME. Pero todas esas cuestiones las decidirá la jueza y su insistencia en el minuto a minuto de Carlos Mazónno puede desviarnos de lo fundamental de ese día, al margen de las responsabilidades penales que las decidirá un tribunal de Justicia cuando acabe la instrucción. Más allá de Mazón está todo lo que se oculta.
Otrosí digo. El espectáculo de los mensajes de Mazón, el embustero, está llevando a algunos dirigentes socialistas a cometer algunos errores irrisorios, por el tenor de sus declaraciones que claramente se les pueden volver en contra. Por ejemplo, la portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Montse Domínguez, que pide la dimisión de Feijóo por haberle remitido a la jueza inicialmente sólo una parte de sus mensajes. A su juicio, ocultar wasaps tiene un sentido claro de culpabilidad porque "quien nada teme, nada debería ocultar". ¿Y Álvaro García Ortiz? Como la portavoz socialista querrá ser coherente, seguro que piensa también que, con más motivos, García Ortiz está bien condenado por lo que hizo como fiscal general tras borrar sus mensajes y destruir el móvil.
Ridiculizar a Carlos Mazón hasta que deje de mentir tiene que ser compatible con buscar la verdad de la dana de Valencia, que se llevó por delante 230 vidas. Conviene remarcarlo porque ya se han cumplido catorce meses de la tragedia y el interés de muchos por no mirar más allá de Mazón es cada vez más evidente. La desvergüenza del expresidente de la Comunidad Valenciana y su capacidad infinita para tejer una red de mentiras en la que, siempre, acaba atrapado él mismo es una crueldad añadida a los familiares de las víctimas que nadie debería tener que soportar.