El sanchismo merece la burla antes que la irritación o el cabreo, que es lo que les pasa a tantos, así que aprovechemos la primera hoja del calendario para reírnos de este despropósito de Gobierno
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EP/Javier Cintas)
Es mejor reírse que irritarse. Eso es lo primero que debe quedarnos claro y son estos días de comienzo de un nuevo año cuando lo tenemos que aplicar. Ya está dicho aquí en otras ocasiones que la gran capacidad política que tiene el presidente del Gobierno Pedro Sánchez es la de generar estados de indignación social generalizados. Ese es su gran valor político, la movilización por la mala hostia que provoca conscientemente y, de forma simultánea, la reactivación de los suyos cuando contemplan a los de enfrente cabreados y exaltados. ¿Polarización? Ahí tenemos un ejemplo claro, en la retroalimentación circular de ese estado de crispación, los unos porque están jodidos y los otros porque les complace un ‘jódete’. Es como un círculo vicioso de visceralidad.
Pero podemos evitarlo o, por lo menos, gestionarlo de otra forma. Así que quien no esté a gusto viviendo en ese estado de cabreo, debe replantearse si hace bien cuando recibe como algo personal las provocaciones del presidente Sánchez, ya sea por el cinismo para decir hoy lo contrario de ayer, la frialdad para negar la realidad que tiene delante o la desfachatez para reírse directamente del personal. El primer paso para no enfadarse es el de pensar algo tan sencillo y evidente como que el enfado es, precisamente, lo que se busca. Si quien se irrita logra verse a sí mismo como un colaborador necesario de esa estrategia de crispación, entenderá que tiene que salirse de ese juego. Y tiene que valorar también que son tantos los anzuelos de provocación que se lanzan cada día que, si a uno le afecta todo, su vida se convierte en un sindiós.
Pedro Sánchez, además, es su mismidad y la de sus discípulos. Cuando estamos en épocas festivas como estas, en las que el presidente desaparece y se larga dos semanas de vacaciones (que retenga el dato, ¡dos semanas de vacaciones!, quien piensa que Pedro Sánchez está angustiado y asediado), lo normal es que sean los aventajados de su corte los que más se impliquen en la provocación. Lo veremos claro con el mensaje de estas Navidades de Félix Bolaños, el titular de Ministerio de los Tres Poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Tiene mérito, y mucho trabajo detrás, esa capacidad para tocarle los cataplines a un país entero con una felicitación de Navidad. Pues el tipo lo consiguió con "felicidades a la comunidad cristiana en este día que conmemora el nacimiento de Jesús". Si hay algo que los españolitos, enormes y bajitos, hacemos a la vez, es la cena de Nochebuena. Igual que la Nochevieja; entre gritos y pitos, por una vez, hacemos algo a la vez, como en el himno de Mecano. El ministro Bolaños lo sabe perfectamente y la demostración de su impostura provocativa es su propia reacción, como orgulloso por haber ejercido de tocapelotas del sanchismo: "¿Hay gente cada vez más hiperventilada que busca polarizar con todo o me lo parece a mí?". Objetivo cumplido.
Cuando estamos en épocas festivas como estas, en las que el presidente desaparece y se larga durante dos semanas de vacaciones
Fijémonos en un detalle de lo que dice: "gente que busca polarizar con todo". Lo dice quien utiliza la Navidad para crear mal rollo; ya no le basta el Congreso, las campañas electorales o las entrevistas; no, provoca en Nochebuena y, a continuación, traslada la culpa al otro. Eso sí que es enseñanza directa del maestro. Lo hemos visto mil veces. En el mismo discurso, el presidente acusa al adversario de "bulos, fango, corrupción", que es su triplete de insultos favorito, y a continuación lo culpa de falta de diálogo y de generar crispación. Levanta un muro y te pasa la factura de los ladrillos. "Vende a su madre y entrega a la tuya", como dijo Pérez Reverte. Pues eso. La coherencia en Pedro Sánchez no es necesaria porque el presidente se sabe por encima de todo y capaz de casi todo.
Vayamos a una de las frases del año: "¿Quién le va a pedir perdón al fiscal general?" Esta es de las favoritas de cualquiera que estudie la personalidad del personaje. En el contexto, debemos recordar que Sánchez pide esas disculpas a ‘su’ fiscal general cuando la Guardia Civil analizó su teléfono y descubrió que García Ortiz había borrado todos los mensajes y correos electrónicos que podrían inculparle, o exculparle, de un delito de revelación de secretos. Borrado y destrucción del móvil. Hay un refrán español, tosco y ordinario, que debe ser el que se recita Sánchez cada mañana, "Hay quien mea en lata y no suena, y quien mea en lana y suena".
Lo mejor en esas ocasiones es soltar una carcajada. Al descaro institucional hay que responderle con irreverencia social. Además, puede hacerse sin remordimiento alguno porque Pedro Sánchez ya ha demostrado también que nada le afecta. En el año que ya ha pasado lo plasmó en dos expresiones cargadas de insolencia. "Son las cinco de la tarde y no he comido", como dijo en pleno escándalo de Cerdán, y el bostezo despreciativo de hace unos días, cuando le reprochó a los periodistas que sólo les preocuparan los casos de corrupción y no las iniciativas que aprueba su Gobierno y que, en su mayoría, nunca se van a aplicar porque no tiene ni presupuesto ni apoyo parlamentario suficiente. Qué mejor que responder al bostezo con una carcajada a la insolencia. Sobre todo, para un tipo impermeable que ha inventado en democracia el concepto de "responsabilidad invisible".
A cada paso, Pedro Sánchez dice siempre que "asumo el error en primera persona", o "asumo la responsabilidad en primera persona", pero sin que le afecte a su persona. Entonces, ¿qué es lo que asume, exactamente? Nada. Nueva carcajada, aunque de las mejores frases de estos meses atrás ha sido con la que intentó explicar el retraso intencionado en la investigación del 'caso Salazar'. Lo que sucedió es que, como ya había hecho en otras ocasiones, el líder socialista protegió a los suyos, los ocultó en algún despacho, para rescatarlos pasado un tiempo, como si nada hubiera pasado. Pero esta vez el engaño quedó al descubierto. Y Sánchez, sublime en su descaro, definió la paralización deliberada del ‘expediente Salazar’ como "un error en cuanto a la velocidad". Brutal. Como el año que comienza promete nuevos episodios de osadía y provocación, haga lo que aquí se le aconseja. No se irrite, mejor ríase. Carcajadas para el Año Nuevo.
Es mejor reírse que irritarse. Eso es lo primero que debe quedarnos claro y son estos días de comienzo de un nuevo año cuando lo tenemos que aplicar. Ya está dicho aquí en otras ocasiones que la gran capacidad política que tiene el presidente del Gobierno Pedro Sánchez es la de generar estados de indignación social generalizados. Ese es su gran valor político, la movilización por la mala hostia que provoca conscientemente y, de forma simultánea, la reactivación de los suyos cuando contemplan a los de enfrente cabreados y exaltados. ¿Polarización? Ahí tenemos un ejemplo claro, en la retroalimentación circular de ese estado de crispación, los unos porque están jodidos y los otros porque les complace un ‘jódete’. Es como un círculo vicioso de visceralidad.