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Si eres de derechas y te gusta Trump
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Javier Caraballo

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Si eres de derechas y te gusta Trump

El presidente de Estados Unidos siempre habla muy claro, pero aquí muchos se empeñan en interpretarlo, confundiendo sus deseos con la zafiedad del tipo y abocándose al patetismo

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Elizabeth Frantz)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Elizabeth Frantz)
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Si eres de derechas y te gusta Trump, es importante para ti que no hagas el ridículo. Porque tienes que saber que ni Trump es de derechas ni le gustas tú, con lo que la relación se complica desde el principio. Puede ser que lo que te atrae del presidente de los Estados Unidos sea su determinación, su pulso firme, su manera de afrontar los conflictos sin complejos, haciéndose valer, diciendo siempre lo que quiere sin esconderse. Tienes razón, Trump es así, pero no deberías celebrarlo, ni tomarlo como paradigma, porque acabarás frustrándote: sus intereses no son los tuyos, nunca lo serán. Si tú eres de derechas, de la derecha europea, puede que eches de menos un liderazgo creíble, consistente, algo distinto a esa política previsible, que no se despega de lo políticamente correcto, que cambia la solución y el análisis de los problemas por eslóganes hueros, repetidos y cansinos.

Cómo va a negar nadie esa triste realidad, no sólo en España, sino en toda Europa, que se despeña año tras año por esa pendiente de nadería, de insustancialidad bien costeada de los burócratas europeos. Pero aunque esta sea la realidad, la exasperación no puede cegarte el entendimiento hasta el punto de pensar que el presidente de los Estados Unidos tiene la intención de seguir colaborando con Europa, y tú eres europeo, o que su ideología es la misma que tú defiendes. Porque la ideología de Donald Trump es unipersonal, su propio interés, su fortuna y la de sus amigos. El ‘America First’ no es más que una extensión de su verdadera realidad, ‘Trump, primero’.

La derecha europea, con sus raíces liberales y democratacristianas, no tiene nada que ver con esa zafiedad trumpista. Tus valores, si eres de derechas, nunca se separan de la defensa de las libertades, de los principios sociales cristianos, la familia o la solidaridad, y de la economía de mercado. Frente a eso, Trump prescinde de toda ideología porque su ideario se resume en las tres reglas que han destacado sus biógrafos: "Primera regla, si alguien te persigue con un cuchillo, dispárale con un bazooka. Segunda, la verdad en la vida es negarlo todo, no admitir nada; la verdad es lo que yo digo. Y tercera: jamás admitas la derrota, canta siempre victoria". Ya sabemos todos que la ‘política testicular’ siempre ha tenido muchos adeptos en España, en todos los bandos, que para eso son bandos, pero incluso en ese caso no deberías olvidar que los arrebatos del presidente de los Estados Unidos pueden acabar arrasando con tus intereses como demócrata y como europeo.

David Brooks, uno de los mejores columnistas de The New York Times, dijo hace un año que "esta política de Trump es como intentar curar el acné con la decapitación". Eso es lo que ha hecho desde que llegó, va pegando patadas a los avisperos sin importarle nada más que la prosperidad de sus negocios y los de sus amigos. Lo mismo que de Ucrania lo único que le interesaba era la explotación de los minerales como el litio, el grafito, o el titanio, fundamentales para el desarrollo de las nuevas tecnologías, en Venezuela sólo le interesa el petróleo. Ni Putin ni el chavismo se sienten realmente amenazados por el presidente americano. De ahí la dificultad, o el imposible, de encasillar ideológicamente a Trump. Es un populista radical, hasta ahí podemos estar todos de acuerdo, pero si le añadimos ‘extrema derecha’ tendremos que explicar luego cómo se lleva tan bien con los populismos de extrema izquierda, mientras arremete contra los socialdemócratas y democristianos europeos.

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Por eso es tan importante, si eres de derechas y te gusta Donald Trump, que no caigas en el absurdo de querer interpretar al presidente norteamericano cada vez que hace una de las suyas. Trump habla claro, clarísimo, y expone sus bravatas con crudeza y descaro. Aunque muchos se empeñen en interpretarlo, lo que dice es lo que suele hacer. Si en esta ocasión ha mencionado en 26 ocasiones la palabra petróleo en su justificación del ‘golpe blando’ contra Nicolás Maduro, es porque el motivo de su intervención es hacerse con el control de la mayor reserva petrolífera del mundo. No hay más. La euforia de las primeras horas fue especialmente cruel con aquellas personas de buena voluntad, cientos de miles de venezolanos del exilio, que pensaban que la captura de Maduro suponía, ipso facto, la restauración de la democracia que les fue hurtada, en julio de 2024. Pero a Donald Trump no le interesan las actas electorales, que demuestran el triunfo de Edmundo González y María Corina Machado. Esto último conviene que lo graben especialmente aquellos que son dirigentes de la derecha española, aunque quizá sea ya demasiado tarde para algunos. Fundamental: la crítica a Pedro Sánchez no debe llevarlos a la sumisión ante Donald Trump. Ni siquiera por el interés electoral de los cientos de miles de venezolanos que viven en España, principalmente en Madrid, porque pueden estar conduciéndolos a la frustración.

La captura de Nicolás Maduro sólo será satisfactoria para todos los demócratas del mundo cuando sea satisfactoria para los presos políticos, que se acercan a un millar. Y cuando acabe la represión, cuando se conozcan las actas electorales, cuando se encauce realmente la democracia, cuando sean los venezolanos los que puedan disfrutar de la riqueza de sus recursos naturales. No es tan difícil mantener la crítica a Pedro Sánchez, que tiene muchos flancos y mucha oscuridad en su relación con Venezuela, y la defensa firme de la legalidad internacional y la instauración de la democracia que robaron los chavistas. Que no se te ocurra nunca ser tan bobo como el torero ese que aplaude con las orejas y le ha pedido al presidente de Estados Unidos que mire también a España. Aunque seas de derechas y te guste Donald Trump, no caigas nunca en esa estulticia.

Si eres de derechas y te gusta Trump, es importante para ti que no hagas el ridículo. Porque tienes que saber que ni Trump es de derechas ni le gustas tú, con lo que la relación se complica desde el principio. Puede ser que lo que te atrae del presidente de los Estados Unidos sea su determinación, su pulso firme, su manera de afrontar los conflictos sin complejos, haciéndose valer, diciendo siempre lo que quiere sin esconderse. Tienes razón, Trump es así, pero no deberías celebrarlo, ni tomarlo como paradigma, porque acabarás frustrándote: sus intereses no son los tuyos, nunca lo serán. Si tú eres de derechas, de la derecha europea, puede que eches de menos un liderazgo creíble, consistente, algo distinto a esa política previsible, que no se despega de lo políticamente correcto, que cambia la solución y el análisis de los problemas por eslóganes hueros, repetidos y cansinos.

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