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Presos etarras, la paradoja venezolana
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Javier Caraballo

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Presos etarras, la paradoja venezolana

Los asesinos de ETA fugados en Venezuela temen que la captura de Maduro pueda perjudicarles, pero no deben temer porque allí solo se encarcela a quienes pacíficamente piden democracia y libertad

Foto: Declaración de cese de la violencia de ETA. (EFE/Javier Etxezarreta)
Declaración de cese de la violencia de ETA. (EFE/Javier Etxezarreta)
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Los ciudadanos que se han manifestado pacíficamente contra el régimen chavista han sido encarcelados y torturados y los terroristas de ETA que se fugaron a Venezuela, tras asesinar en España a decenas de personas, han gozado, y gozan, de una vida privilegiada de paz y libertad. Esa es la cruel paradoja venezolana que tenemos delante y que, en estos días, vuelve a removernos las entrañas cuando oímos a esos asesinos, preocupados, no vaya a ser que la salida de Nicolás Maduro del país les cause algún trastorno en su privilegiado estatus de fugados de la Justicia española. Todos estos años, desde hace 27 años exactamente, todos los terroristas de ETA que lograron burlarse de la Justicia española han estado viviendo en distintos países sudamericanos, fundamentalmente en Venezuela, con el amparo del régimen chavista.

Según los cálculos de la Asociación Dignidad y Justicia, han sido 60 los miembros de ETA que se han fugado en este tiempo, una cifra que, necesariamente, tenemos que vincular a la de los 379 asesinatos de esa banda de criminales vascos que todavía no se han esclarecido. Conviene volver a releer esa cifra, 379 asesinatos sin resolver por la fuga de sus autores, por la imposibilidad de concluir la investigación policial y, siempre, por la nula colaboración de los compinches de ETA, como son todos esos que se aglutinan bajo el liderazgo de Arnaldo Otegi. Por incómodo que les resulte a muchos, que piensan que la ‘normalización’ del País Vasco consiste en el olvido y en la liberación progresiva de presos, la sociedad española no debe dejar de repetírselo. Hay 379 personas que fueron asesinadas y sus autores jamás pagarán por ello.

La misma Asociación Dignidad y Justicia, presidida por Daniel Portero, es la que afirma que la mayoría de los terroristas que se han ido fugando, en torno a la mitad, han acabado en Venezuela por las especiales condiciones de protección y facilidades que les han concedido. Iñaki de Juana Chaos puede servirnos de ejemplo de la inmundicia sangrienta que se esconde allí. Todo el mundo lo recordará por la cara de mala hostia que tiene, avinagrado, desagradable, amenazante, temible. Si se suele decir que, a menudo, los criminales no tienen cara de criminales, está claro que ese aserto no se cumple con este asesino. Iñaki de Juana Chaos tiene cara de lo que es y, además, con esa misma cara se ha burlado todo lo que ha querido de los familiares de sus víctimas, de la sociedad española, de la Justicia, de los cuerpos de seguridad…

Foto: de-juana-chaos-no-tiene-empleo-conocido-en-venezuela-y-sigue-a-sueldo-de-eta

La Justicia española lo condenó a 3.129 años de cárcel como autor de 25 asesinatos, uno de los terroristas más sanguinarios de ETA, pero solo cumplió 18 años en la cárcel, gracias a los beneficios penitenciarios que le otorgaba el Código Penal de 1973, aprobado aún durante el franquismo. Cuando salió de la cárcel, se marchó a Irlanda y, de allí, se fugó a Venezuela, donde todavía vive. Lleva una apacible vida de empresario de una licorería en Chichiriviche, un paraíso natural de playas de arena blanca, cocoteros y aguas cristalinas. Para conseguirlo, lo que hizo este malnacido fue declararse en huelga de hambre hasta en tres ocasiones, para presionar al Gobierno de Rodríguez Zapatero. En su estratagema consiguió incluso que The Times publicara una foto suya, enviada por sus abogados, en la que se le veía extremadamente delgado. El asesino más cruel y despiadado pretendía dar pena y lo logró. Salió y se fugó. Jamás ha pedido perdón ni se ha arrepentido de las cosas que dijo, como cuando pidió champán y langostinos en la cárcel para celebrar el asesinato del concejal de UPN, Tomás Caballero, o cuando escribió, tras el asesinato del concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa, Ascensión García Ortiz: "Sus lloros son nuestras sonrisas y terminaremos a carcajada limpia. Me encanta ver las caras desencajadas que tienen".

De todos los etarras que se han ido fugando de España, muchos han regresado ya, en cuanto han pasado los años suficientes para que prescriban los delitos de los que se les puede acusar. La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), Consuelo Ordóñez, le mandó una carta a Pablo Iglesias en 2016, en pleno auge del líder de Podemos, para que le hiciera llegar a Nicolás Maduro "un listado completo de los etarras que hoy se encuentran en Venezuela y que no han sido juzgados". Obviamente, no ocurrió nada. En la actualidad, de hecho, ya solo quedan en Venezuela unos quince etarras, entre ellos el citado De Juana Chaos. Y están preocupados por si la captura de Nicolás Maduro pudiera afectarles a ellos, algo que, de todas formas, no parece probable con la nueva presidenta del régimen chavista, Delcy Rodríguez. Ya lo dijo, hace cuatro años, en una entrevista a un periódico del entorno, uno de los fugados, un criminal que asesinó a diez personas, Eugenio Barrutiabengoa Zabarte 'Arbe'. Este indeseable mostraba, abiertamente, su preocupación porque alguna de las víctimas pudiera localizarlo, al ser menos los que siguen fugados. Decía: "Ahora, como somos menos, las víctimas tienen más posibilidades de hacer un seguimiento estrecho de cada expediente. Vemos que [en España] los presos se acercan [al País Vasco], mientras que aquí nos fastidian cada vez más, no sé por qué. Si cae el chavismo, se nos pondrá muy negro".

Foto: el-etarra-al-que-protege-hugo-chavez-es-el-jefe-de-eta-en-sudamerica

Si ese es su ‘temor’, no tienen de qué preocuparse. Como estamos viendo, los asesinos fugados de ETA no corren peligro alguno en Venezuela porque los que se mantienen presos en las cárceles del régimen son los cientos de venezolanos que pedían libertad, que se respetara la democracia, que pudieran hablar y manifestarse libremente. De hecho, si alguno de los asesinos de ETA decide volver cuando hayan prescrito sus delitos serán recibidos a su llegada con los tradicionales ‘ongi etorri’, la bienvenida festiva que les espera en el País Vasco. Porque esa plaga social, repulsiva, indecente e inmoral, no se termina. Incluso, ahora se les ve más fortalecidos que nunca, más reconocidos que nunca, más 'normalizados' que nunca. Ya se les vio el sábado pasado en Bilbao, todos juntos, con el apoyo solidario de independentistas y radicales de otros puntos de España. Hasta 30.000 se manifestaron contra "la vulneración de los derechos" de los presos de ETA y para exigir "su regreso a casa para que puedan rehacer sus vidas". Queda autorizada una pausa para vomitar.

Los ciudadanos que se han manifestado pacíficamente contra el régimen chavista han sido encarcelados y torturados y los terroristas de ETA que se fugaron a Venezuela, tras asesinar en España a decenas de personas, han gozado, y gozan, de una vida privilegiada de paz y libertad. Esa es la cruel paradoja venezolana que tenemos delante y que, en estos días, vuelve a removernos las entrañas cuando oímos a esos asesinos, preocupados, no vaya a ser que la salida de Nicolás Maduro del país les cause algún trastorno en su privilegiado estatus de fugados de la Justicia española. Todos estos años, desde hace 27 años exactamente, todos los terroristas de ETA que lograron burlarse de la Justicia española han estado viviendo en distintos países sudamericanos, fundamentalmente en Venezuela, con el amparo del régimen chavista.

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