Como el presidente de VOX se precia de llamar a las cosas por su nombre, estará encantado de responder, él y sus votantes, si para expulsar a inmigrantes actuará igual que Trump
El líder nacional de Vox, Santiago Abascal, interviene durante un mitin preelectoral del partido celebrado en Jaca. (EFE/Javier Blasco)
El presidente de Vox, Santiago Abascal, se adorna como líder político de dos características de las que, con seguridad, no van a diferir ni él ni sus muchos seguidores. Todos ellos compartirán que Abascal es un hombre que se precia de llamar a las cosas por su nombre y deno rehuir ningún debate. En muchas ocasiones, para diferenciarse del resto, Santiago Abascal ha enfatizado su discurso diciendo que a las cosas "se les debe llamar, simple y llanamente, lo que son". Es una aclaración no pedida que introduce en sus intervenciones para recalcar que él, a diferencia de otros líderes políticos, no se esconde, ni se anda por las ramas. Al pan, pan, que es uno de los valores más castizos entre nosotros, aunque en política normalmente tiene otras connotaciones en las que no vamos a entrar ahora.
La cuestión es que cuando alguien se reivindica a sí mismo como una persona que llama a las cosas por su nombre, lo que lleva implícito es la segunda característica de la que se adorna el líder de Vox y, podría decirse, que también todos los voxistas: que no rehúyen ningún debate. Con lo cual, sentado todo esto, podemos estar seguros de que Santiago Abascal no va a eludir una pregunta que tengo para él, aunque en realidad sería muy importante que se la formularan todos sus partidarios. Es muy sencilla: "Para llevar a cabo la deportación masiva de inmigrantes de España, ¿actuarán de la misma forma que Donald Trump?". Ya está, así de simple es la pregunta y, como responsable político, estaría bien que la contestara. No sólo él, como queda dicho, sino todos aquellos que adornan las tertulias de sus amigos, los chats de redes sociales y las sobremesas de las comidas de familia con la seguridad de que el problema de España son los inmigrantes y que la solución es echarlos, devolverlos a sus países.
Eso es lo que también decía el presidente de Estados Unidos y ahora es cuando estamos viendo cómo pretende hacerlo. Ha creado una policía paramilitar para que actúe sin limitación legal alguna para deportar a inmigrantes, con independencia de cuál sea su situación real en Estados Unidos. Los agentes de esa ‘policía presidencial’, como debería llamarse, cuentan en todos sus actos con "inmunidad total", que es lo que les ha garantizado Donald Trump cuando asesinaron a una mujer que se encaró con un policía y le descerrajaron tres tiros, acusada de ser "una lunática".
Y es lo que ha vuelto a repetir cuando forzaron a un hombre que estaba grabando con su móvil y lo acribillaron a balazos, diez tiros a quemarropa, arrodillado en el suelo. Este hombre, que se ganaba la vida como enfermero, no tenía antecedentes penales, disponía de una licencia de armas como millones de americanos, y con esa realidad Trump lo ha declarado "un asesino en potencia". Dos asesinatos que sólo son las noticias más destacadas de la enorme lista de represión desplegada en Minnesota, elegida para desgracia de sus ciudadanos como espejo que sirva de escarmiento a los otros 49 estados americanos. Asaltos de escuelas, de iglesias, de aeropuertos, de bufetes, de domicilios… "Esa es nuestra nueva realidad nacional. El terror de Estado ha llegado", escribía hace unos días M. Gessen, columnista de The New York Times.
Santiago Abascal, que vivió en el País Vasco en los años más crueles de la banda asesina ETA, sabe muy bien qué es vivir en un estado de miedo, de terror. Así que no le importará responder a esa pregunta: ¿quiere hacer lo mismo que Trump, crear una policía paramilitar para sus planes de deportación masiva de inmigrantes? Y que contesten también sus seguidores, si ese es el país en el que quieren vivir, un estado en el que contestarle a un policía, o grabar con el móvil, puede suponer la muerte inmediata. Quizá se den cuenta de que, cuando eso sucede, los inmigrantes no suponen ningún problema al lado de quien amenaza la normalidad y la vida cotidiana de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de nuestros vecinos.
Un presidente que se cree con poderes omnímodos para asesinar, encarcelar y crear el terror ya no es un presidente democrático sino un dictador o un sátrapa. Como al presidente de Vox le gusta llamar a las cosas por su nombre, seguro que no le costará definir qué está pasando en Estados Unidos. Aunque lo urgente aquí, como decimos, no es que valore el Gobierno de Trump, sino que nos aclare si él piensa hacer lo mismo, en el caso de que llegue a presidente del Gobierno de España.
Por el momento, lo que sabemos, aunque de una forma bastante difusa, es que persigue una ‘deportación masiva’. La portavoz de inmigración de Vox, la diputada almeriense Rocío de Meer, ha sido la que ha dado más detalles, con cálculo que debe haber elaborado ella misma. Hace unos meses, dijo: "Si de 47 millones de habitantes que tiene nuestro país, más o menos siete, o más de siete, porque tenemos que tener en cuenta la segunda generación… si ocho millones son personas que han venido de diferentes orígenes en un muy corto periodo de tiempo, por lo tanto, es extraordinariamente difícil que puedan adaptarse a nuestros usos y costumbres (…) solo hay una solución, pues tendrán que volver a sus países".
Cuando esta portavoz de Vox dijo lo anterior, el presidente Abascal quiso restarle importancia y, con un gesto impropio de quien se enorgullece de llamar a las cosas por su nombre, escribió en sus redes sociales que "Vox no ha dicho el número de los que deben ser deportados, simplemente porque no lo sabemos". Pero, qué harán cuando lo sepan. Es bueno saber si harán redadas por los invernaderos en los que decenas de miles están empleados con contratos de trabajo. Y si expulsarán a todo aquel que no comparta "nuestros usos y costumbres", ya sean asiáticos, musulmanes o sudafricanos. Incluso los sudamericanos, a los que Trump ha declarado seres infames y despreciables.Que digan también cómo lo piensan hacer, que no debe ser fácil cuando los países de origen, muchas veces Estados fallidos, ni siquiera los reconocen. Para un líder y para unos votantes tan proclives a hablar a cara de perro, no debe ser difícil aclararnos a todos los demás cuál es el plan. Sólo tienen que contestar a una pregunta: ¿actuarán de la misma forma que Donald Trump?
El presidente de Vox, Santiago Abascal, se adorna como líder político de dos características de las que, con seguridad, no van a diferir ni él ni sus muchos seguidores. Todos ellos compartirán que Abascal es un hombre que se precia de llamar a las cosas por su nombre y deno rehuir ningún debate. En muchas ocasiones, para diferenciarse del resto, Santiago Abascal ha enfatizado su discurso diciendo que a las cosas "se les debe llamar, simple y llanamente, lo que son". Es una aclaración no pedida que introduce en sus intervenciones para recalcar que él, a diferencia de otros líderes políticos, no se esconde, ni se anda por las ramas. Al pan, pan, que es uno de los valores más castizos entre nosotros, aunque en política normalmente tiene otras connotaciones en las que no vamos a entrar ahora.