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Sánchez-Abascal o cómo el PP acabará con Frankenstein
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Pilar Gómez

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Sánchez-Abascal o cómo el PP acabará con Frankenstein

Casado ha trazado una estrategia para llegar a la Moncloa en la que jugará con los egos de dos líderes antagónicos. El objetivo es gobernar en solitario. Las bazas pasan por Ayuso, Rajoy y el espíritu de los 'visitadores del presidente'

Foto: El presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
El presidente nacional del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
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La encuesta que publicó esta semana El Confidencial dibujaba un horizonte real para que Casado pueda llegar a ocupar la Moncloa. Todos los cálculos tienden a sumar los diputados del PP y los de Vox en una suerte de anclaje ideológico que las tripas del sondeo empiezan a desmontar. El dato del trasvase de votantes socialistas al PP marca un nuevo horizonte y nos devuelve al escenario de que las elecciones se ganan en el centro. La idea sigue siendo real en lo demoscópico, aunque esté muy manida entre los analistas. "Casado arrebata medio millón de votos a Sánchez y frena en seco a Vox", titulaba el Observatorio Electoral. Detrás de este dato se esconde la estrategia que en Génova han empezado a dibujar hace meses y que ha llevado al líder del PP a sacar a los de Abascal de su discurso y de sus preocupaciones. ¿Pero cómo puede llegar a gobernar el PP sin ministros de Vox y sin una mayoría absoluta? La ecuación gira en torno a dos protagonistas antagónicos: Sánchez y Abascal. Vamos a empezar la partida. Si Casado logra en las urnas sumar más que Frankenstein, es decir, que no haya una mayoría alternativa a la derecha, será él quien reparta las cartas en primera y segunda vuelta. Si hay alternativa de izquierdas, pero suma con Vox, solo habrá una bala que gastar.

Los populares solo tienen que poner a Vox frente al espejo y aguantar la presión

La primera jugada es 'a la madrileña' y aquí es donde Abascal sale a la pista. El PP pedirá a Vox su apoyo para una investidura, pero en ningún caso les ofrecerá entrar en el Gobierno. Europa no vería bien que la ultraderecha se sentase en el Consejo de Ministros, aunque Bruselas se ha tragado a una vicepresidenta comunista que hoy pone en jaque sus reformas en una suerte de pulso con el alma socialdemócrata (si es que existe el alma) del Gobierno. Los populares solo tienen que poner a Vox frente al espejo y aguantar la presión. Si la proporción entre PP y Vox en diputados es similar a la que se dio en la Comunidad de Madrid, el órdago es fácil. Díaz Ayuso logró 65 diputados frente a los 13 de Monasterio. En este caso, es “señor Abascal, o me vota a mí o vamos a una repetición electoral”; si hay una suma de izquierdas, el modelo es el de Martínez-Almeida en el Ayuntamiento de Madrid: "Señor Abascal, o me vota a mí o permite que gobierne Sánchez con Podemos, ERC, Bildu, PNV…". Vox no tiene otro camino que apoyar al PP o convertirse en una estatua de sal como la mujer de Lot mientas caen las siete plagas sobre España. Los votantes de Vox no entenderían que permitiera gobernar a la izquierda.

En los cuarteles de Vox, también se hacen estas cábalas y con Andalucía en el horizonte. La discusión pasa por si ha llegado el momento de entrar en los gobiernos de cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas. Gobernar desgasta, no ser útil a los votantes también. Algunos gurús de los institutos de estudio del comportamiento de los electores ya hablan de “agotamiento” entre los adeptos a Vox. El 'mal de Ciudadanos' se contagia y puede hacerles retroceder en las urnas. El desembarco de los de Abascal en los ayuntamientos y comunidades movilizaría a la izquierda y perjudicaría los intereses del PP de cara a las generales. Casado necesita llegar sin hacer ruido ni dar la coartada a la izquierda que agita el teriomorfismo Casado/Abascal.

Algunos gurús de los institutos de estudio del comportamiento de los electores ya hablan de "agotamiento" entre los adeptos a Vox

En Génova, también tiene un plan B que no pasa por Vox y que es un 'regreso al pasado' o la teoría de que sí se puede tropezar dos veces en la misma piedra. Aquí entra Sánchez y una estrepitosa derrota. El PP gana las elecciones, no hay mayoría alternativa y Vox se pone tozudo con eso de querer doblegar a la gaviota. La fórmula en este caso sería 'a lo Rajoy': repetición electoral para ampliar el margen de los populares y apelar, otra vez, al alma (insisto en que no sé si existe) del PSOE socialdemócrata. Sánchez tendría que volver a morir y esta vez la piedra debería ser lo suficientemente pesada para evitar un nuevo Lázaro. Casado recurriría a la fórmula: “Señores del PSOE verdadero, absténganse, permitan que gobierne sin la ultraderecha y sacar España de la crisis”. Esta opción suena descabellada e irreal en este momento, aunque también lo era ver otra vez junto al presidente a Óscar López y a aquel Antonio Hernando del discurso que llevó al socialismo del 'no es no' a dejar gobernar a Rajoy. Hoy es día de difuntos.

La encuesta que publicó esta semana El Confidencial dibujaba un horizonte real para que Casado pueda llegar a ocupar la Moncloa. Todos los cálculos tienden a sumar los diputados del PP y los de Vox en una suerte de anclaje ideológico que las tripas del sondeo empiezan a desmontar. El dato del trasvase de votantes socialistas al PP marca un nuevo horizonte y nos devuelve al escenario de que las elecciones se ganan en el centro. La idea sigue siendo real en lo demoscópico, aunque esté muy manida entre los analistas. "Casado arrebata medio millón de votos a Sánchez y frena en seco a Vox", titulaba el Observatorio Electoral. Detrás de este dato se esconde la estrategia que en Génova han empezado a dibujar hace meses y que ha llevado al líder del PP a sacar a los de Abascal de su discurso y de sus preocupaciones. ¿Pero cómo puede llegar a gobernar el PP sin ministros de Vox y sin una mayoría absoluta? La ecuación gira en torno a dos protagonistas antagónicos: Sánchez y Abascal. Vamos a empezar la partida. Si Casado logra en las urnas sumar más que Frankenstein, es decir, que no haya una mayoría alternativa a la derecha, será él quien reparta las cartas en primera y segunda vuelta. Si hay alternativa de izquierdas, pero suma con Vox, solo habrá una bala que gastar.

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