Es noticia
Menú
Cuando Ayuso era Casado
  1. España
  2. Maten al mensajero
Pilar Gómez

Maten al mensajero

Por

Cuando Ayuso era Casado

Los que achacan todos los males del PP a su líder ya lo hicieron con la baronesa. Ese mal solo se cura gobernando. Ahora es un presidente sin Gobierno. Luego le adularán

Foto: El líder del PP, Pablo Casado, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE/Chema Moya)
El líder del PP, Pablo Casado, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE/Chema Moya)

Sin propuestas, sin liderazgo, terreno abonado para el crecimiento de Vox. Este análisis que hoy escuchamos sobre Casado está calcado del que apenas hace dos años, en las elecciones de 2019, se escuchaba sobre la candidata Isabel Díaz Ayuso. Los mismos que la colocan como la única esperanza para el PP la descalificaron sin piedad en su primera campaña. Aquella en que la baronesa no tenía más currículo que ser amiga del líder del PP. Por entonces se aireaban sus 'errores' y se burlaban de sus 'ocurrencias'. Nadie escuchaba sus propuestas, solo se subrayaban sus limitaciones. Cuando Ayuso llegó al Gobierno, todo cambió. Se demostró que, compartan o detesten sus propuestas, tenía un proyecto muy bien armado para la Comunidad de Madrid. Sabía gestionar y tenía mimbres más que suficientes para consagrarse en política. El resto lo hizo Miguel Ángel Rodríguez, aquel que ya prohibió a Aznar beber Coca-Cola para no ofender a los productores de Ribera de Duero. Qué bien le vendría al ministro Garzón que alguien le hubiera aconsejado comerse una buena ternera de Ávila ante el 13-F.

El gran cambio en Ayuso y su percepción para los propios votantes del centro derecha ha sido gobernar. Eso es lo que le falta a Casado. El resto lo tiene e incluso de sobra si se le compara con algunos de sus coetáneos. El líder del PP habla, pero no se le entiende o no se le quiere entender. Le entrevisté hace unos meses y, como dirían de Fraga, tiene el Estado en la cabeza. Tanto es así que reclama que le dejen encerrarse solo con seis toros en la plaza. No busca la muleta de Vox en la Moncloa porque, al menos sobre el papel, tiene un ambicioso plan para España. Si llega, la realidad se le impondrá. Un colega curtido en esto de los presidenciables me apuntaba que Casado sabe de todo menos de hacer política. Y esa es la clave en la sociedad en que nos movemos, en la que un partido populista como Vox está al alza. No se valora la política 'per se', sino que se impone el 'hacer'. Aquí Casado no está cómodo. Como buen palentino, es austero en las formas, comedido en la expresión, tímido en la oratoria y, cuando se viene de familia de médicos, el rigor casi se hereda. Se lleva en la sangre.

Foto: El líder del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE) Opinión

Cuando Casado hablaba como Pablo —le copió ese desdoblamiento de personalidad del líder a Carmen Calvo—, era muy diferente. Transmitía mucho más y por eso fue elegido por alguien que también sabe mucho de esto, Jorge Moragas, para ser un revulsivo en el PP de Rajoy. Ese que añoran las mismas plañideras de la derecha que le veían demasiado “blando”, "anodino" o “casposo” según la hora del día. Casado era el vicesecretario de Comunicación, la sonrisa amable de un partido abrasado por los casos de corrupción que acabó heredando junto con el rictus de la calle Génova. Desde que se impuso en las primarias en las que se acuchillaron las “muñecas asesinas”, como llamaba Federico Jiménez Losantos a Soraya y Cospedal, el ánimo de Casado no es el mismo. Ya no hay un 'niñato' detrás de unas gafas amarillas. Hay un presidente sin Gobierno.

Las preguntas racimo que el líder de la oposición lanza en la sesión de control a Sánchez evidencian que le falta calle, instinto o intuición, pero no libros. Ha presentado un plan de Sanidad para reforzar la Ley de Salud Pública frente a la pandemia, bonificaciones del 100% de la cuota de la Seguridad Social para los autónomos, una bajada de impuestos de más de 10.000 millones, reformas legales para poder echar a los okupas en menos de 12 horas, una bajada del 20% de la factura de la luz, castellano vehicular en toda España… Seguro que se está aburriendo o ya se ha perdido, pero esto es lo que tiene la política sin el verbo 'hacer', que es más tediosa. Ya sabemos, sí, la democracia es aburrida, pero bendita sea. Si Casado llega a la Moncloa, los que ahora se burlan y piden su relevo dirán que es hasta carismático.

Sin propuestas, sin liderazgo, terreno abonado para el crecimiento de Vox. Este análisis que hoy escuchamos sobre Casado está calcado del que apenas hace dos años, en las elecciones de 2019, se escuchaba sobre la candidata Isabel Díaz Ayuso. Los mismos que la colocan como la única esperanza para el PP la descalificaron sin piedad en su primera campaña. Aquella en que la baronesa no tenía más currículo que ser amiga del líder del PP. Por entonces se aireaban sus 'errores' y se burlaban de sus 'ocurrencias'. Nadie escuchaba sus propuestas, solo se subrayaban sus limitaciones. Cuando Ayuso llegó al Gobierno, todo cambió. Se demostró que, compartan o detesten sus propuestas, tenía un proyecto muy bien armado para la Comunidad de Madrid. Sabía gestionar y tenía mimbres más que suficientes para consagrarse en política. El resto lo hizo Miguel Ángel Rodríguez, aquel que ya prohibió a Aznar beber Coca-Cola para no ofender a los productores de Ribera de Duero. Qué bien le vendría al ministro Garzón que alguien le hubiera aconsejado comerse una buena ternera de Ávila ante el 13-F.

Partido Popular (PP) Miguel Ángel Rodríguez Isabel Díaz Ayuso Pablo Casado
El redactor recomienda