MIENTRAS TANTO

¡Es la corrupción, estúpido; es la corrupción!

Las municipales y autonómicas han escrito el guion de un desastre para el PP, que ha perdido el 30% de los votos. La estrategia de hablar sólo de economía ha fallado. Ciudadanos se queda como bisagra

Merece la pena destacar una observación previa de carácter demográfico. Las elecciones han afectado al 100% de municipios españoles (8.122 ayuntamientos), pero sólo el 56% de los electores ha participado en las elecciones autonómicas. Por lo tanto, una primera conclusión obvia. Las proyecciones de voto que se puedan hacer de cara a las próximas elecciones generales sobre la base de los resultados autonómicos deben tener en cuenta que el 44% de los electores (los de Galicia, País Vasco, Cataluña y Andalucía) ha estado ausente de los comicios del 24-M. 

Es cierto, sin embargo, que el 100% de los electores ha podido participar en las elecciones municipales (y esa es una encuesta de extraordinario tamaño), pero de nuevo hay que tener en cuenta otro factor. Casi el 84% de los municipios españoles tiene menos de 5.000 habitantes, y eso significa una penalización para los partidos pequeños (o nuevos), que carecen de infraestructura para llegar a todos ellos. Por lo tanto, analizar los resultados en función de quienes ha obtenido más alcaldes carece de sentido porque tiene un claro sesgo en favor de los partidos que han gobernado en España desde 1977.

Lo representativo, por lo tanto, son los porcentajes globales de voto en las municipales. Básicamente por una razón. Más de 50% de la población española vive en municipios con más de 50.000 habitantes, lo que significa que la ‘tostada’ política se come en menos del 2% de los ayuntamientos, que son los verdaderamente representativos. El resto es menos relevante en términos electorales, toda vez que sus resultados (mucho más heterogéneos) responden más a correlaciones de fuerzas de ámbito local que a tendencias de fondo en el mapa electoral.

A la luz de estas observaciones se puede sacar una primera conclusión: el bipartidismo sale malherido de la plaza del 24-M. El Partido Popular se ha dejado en el envite el 30% de los votos respecto de las municipales del 2011 (entonces llegó a los 8,4 millones y hoy ha superado con apuros los seis). Sin duda, la economía pesa mucho menos en las elecciones de lo que quiere creer Rajoy. ¡Es la política, estúpido; es la política!, le hubiera aconsejado el célebre asesor de Clinton.

El bipartidismo sale malherido de la plaza del 24-M. El Partido Popular se ha dejado en el envite el 30% de los votos respecto de las municipales del 2011

El PSOE, por su parte, que ya obtuvo unos malos resultados en 2011, ha perdido incluso otro millón de votos, hasta los 5,5 millones con el escrutinio casi cerrado (99%). Entre los dos partidos, por lo tanto, 11,5 millones. Tan sólo algo más de los que obtuvo Rajoy en 2011 (10,8 millones) o los 11,2 millones que consiguió Zapatero en 2008, con una participación en este caso algo menor.

Podemos –y sus múltiples marcas– ha dado un rejonazo al PSOE de indudables consecuencias que dejan a Pedro Sánchez como un líder todavía más débil de lo que era. Lo que está en juego ahora no es, ni más ni menos, que la hegemonía de la izquierda. Y, si Podemos se consolida como primera fuerza en plazas políticamente muy importantes, es muy probable que pueda capitalizar el voto útil en las elecciones generales de noviembre. Eso sí, con un indudable desgaste para una parte de su electorado, toda vez que tendrá que pactar con la ‘casta’ que representa el PSOE.

‘O ellos o nosotros’

Esto proceso, en todo caso, encaja perfectamente con la estrategia declarada de Pablo Iglesias, que siempre ha querido plantear las elecciones en términos antagónicos: ‘O ellos o nosotros’, ‘O la casta o la renovación’.

De cara a las generales, este sería el peor escenario político para el PSOE, que sería víctima de una campaña tensada artificialmente por los dos extremos. Ciudadanos también sufriría si se embarra el partido. La ciencia política sabe desde hace años que, cuando se polarizan las posiciones, quienes pierden son los partidos del centro. Y lo que ha quedado claro tras estas elecciones es que Ciudadanos se sitúa muy lejos de los tres partidos de arriba. El ‘tetrapartidismo’ ha muerto antes de nacer. Ciudadanos ha emergido como un partido bisagra, no de Gobierno.

Aguirre ha estimulado el voto progresista (a favor de Manuela Carmena) con el objetivo de impedir que la expresidenta madrileña sea alcaldesa

La estrategia de la polarización es, precisamente, al margen del desgaste por años de recortes y por el crecimiento de la desigualdad, lo que explica el fracaso del Partido Popular. No sólo en Madrid, sino también en otras ciudades.

El caso de la capital de España es significativo porque el PP (aunque ha obtenido mejores resultados que en la media nacional) se equivocó al presentar como candidata a Esperanza Aguirre, la bestia negra de la izquierda. Aguirre ha estimulado el voto progresista (a favor de Manuela Carmena) con un solo objetivo: impedir que la expresidenta madrileña sea alcaldesa. De hecho Podemos ha obtenido bastantes mejores resultados en el ayuntamiento que en la Comunidad.

Se ha producido una especie de ‘todos contra Aguirre’ que pone de manifiesto el error que significó su nombramiento. Una candidata quemada para un partido chamuscado por la crisis. Es verdad, en sentido contrario, que Aguirre puede movilizar el voto clásico de derechas, pero hoy es insuficiente para frenar la marea del cambio, que pasa por llevar caras nuevas a la política que no escondan cadáveres en el armario. Y aunque Aguirre tenga más tirón en Madrid, es una mala marca para el resto del país. La política, una vez más, cuenta más que la economía. Como se ha demostrado también en Barcelona o Extremadura o la Comunidad Valenciana o Extremadura…

Mientras Tanto

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