Gana Pablo Iglesias, pero Rajoy sale bajo palio en Vistalegre II

Iglesias gana, pero realmente quien ha vencido es Mariano Rajoy. Podemos renuncia a convertirse en una formación con vocación mayoritaria. Terreno abonado para el PP.

Foto: Rafael Mayoral, Rita Maestre, Pablo Echenique y Pablo Iglesias en Vistalegre. (EFE)
Rafael Mayoral, Rita Maestre, Pablo Echenique y Pablo Iglesias en Vistalegre. (EFE)

Ha ganado por amplia mayoría Pablo Iglesias, pero realmente quien ha salido bajo palio es Mariano Rajoy, triunfador en dos congresos en un mismo fin de semana. Lo nunca visto. En el de la Caja Mágica, lo ha hecho por aclamación; en el de la antigua plaza de Vistalagre, por derrota de Errejón, camino ya de ninguna parte. ¿O del PSOE? El tiempo lo dirá.

Con su reelección, Iglesias refuerza claramente su poder en el Consejo Ciudadano, pero Podemos ha escogido la vía muerta. La que convierte a la política en un espectáculo mediático destinado a satisfacer egos, pero con escaso recorrido transformador. O lo que es lo mismo, Podemos, como la vieja IU, es hoy la mejor oposición para un partido 'convencional'. Otros cabalgan mientras ellos vociferan.

Íñigo Errejón durante su intervención al inicio de la primera jornada de Vistalegre. (EFE)
Íñigo Errejón durante su intervención al inicio de la primera jornada de Vistalegre. (EFE)


No es razonable pensar que con un programa como el que ha salido legítima y democráticamente victorioso en Vistalegre II, Podemos pueda convertirse en un partido mayoritario capaz de sumar diez millones de votos. Su techo electoral lo atravesó ya en las elecciones de 2016 y ahora sólo queda resistir. Pero en un contexto muy diferente. Entre otras cosas, porque el ecosistema en el que floreció Podemos -la crisis económica, la corrupción y el desafecto justificado por el comportamiento de las élites políticas- difícilmente volverá a corto y medio plazo. Sólo un triunfo de los populismos en Europa (Francia y Holanda) y la destrucción del euro, podrían crear un nuevo hábitat favorable a Podemos, que se mueve como pez en el agua en un escenario de confrontación.

Sin embargo, todo está cambiando. Incluso la forma de practicar el liderazgo. Iglesias ha ejercido hasta ahora dentro de Podemos como sumo sacerdote, pero no es necesario recordar que matar al padre forma parte del ADN de cualquier organización, como bien sabe la Iglesia católica, forjada sobre siglos de conspiraciones vaticanas.

Y lo que queda después del Congreso de Vistalegre II es que muchos afiliados, simpatizantes y votantes (al menos más de la tercera parte) tienen ahora razones más que suficientes para entender que el verbo, Pablo Iglesias, ya no es la palabra dada, la reencarnación del 15-M, sino un simple mortal que habita en Podemos, y que como tal, puede morir políticamente en cualquier momento. Sobre todo, en un partido nacido desde la base, pero que ha sucumbido al poder de camarillas y facciones. Y en esto, los ‘anticapitalistas’ y los dirigentes procedentes de Izquierda Unida, que se han convertido en la llave del partido, llevan varios cuerpos de ventaja al resto de la organización.

El espíritu del 12 de febrero cabalga sobre un error estratégico de una determinada izquierda, que suele confundir unidad con unanimidad

El espíritu del 12 de febrero que ha salido de Vistalegre cabalga sobre un error estratégico de una determinada izquierda, que suele confundir unidad con unanimidad, lo que explica las frecuentes purgas internas, como denunció Luis Alegre. Probablemente, por su incapacidad para encauzar el debate político. Incluso el PSOE de Pedro Sánchez, sectario como pocos, es un buen ejemplo de ello.

El PP se ‘desaznariza’

En la derecha, por el contrario, suele imponerse la realpolitik, como ha demostrado el Congreso del Partido Popular. El PP se ha ‘desaznarizado’ en los últimos años, pero los mismos que babeaban con su expresidente -hoy arrinconado en el desván de la historia- son hoy los que sin pudor le hacen la ola a Mariano Rajoy con el mismo entusiasmo. Sólo un partido con clara vocación de poder -y con escaso debate ideológico- puede dar ese gran salto adelante sin sufrir rupturas. Y Mariano Rajoy, hay que decirlo, lo ha logrado. Es el ganador de la partida.

Su victoria es tan holgada que, incluso, capitaliza la Transición española, como hizo este sábado en el discurso de presentación de su candidatura, cuando precisamente fue la vieja Alianza Popular de Manuel Fraga quien puso más palos entre las ruedas del cambio político. Rajoy lo puede hacer, naturalmente, porque la nueva izquierda ha tirado esa bandera por la borda, lo que la convierte en una organización sin capital político. Flor perenne de la historia. Puro adanismo.

Mariano Rajoy en el congreso del PP. (Reuters)
Mariano Rajoy en el congreso del PP. (Reuters)


Este error, en el caso de Podemos, tiene casi fecha y hora de nacimiento. Exactamente, surgió cuando Pablo Iglesias, sin abrir un debate serio en el seno de Podemos, abrazó la teoría de las dos orillas de Julio Anguita y situó al PSOE en la margen derecha de la historia, junto a los partidos tradicionales, lo que hacía inviable cualquier coalición de izquierdas, indispensable si alguna vez se quiere desalojar al centro derecha de la Moncloa. Pensar que a un lado está Podemos y al otro el resto del mundo (lo que Iglesias y Mayoral llaman triple alianza) no es más que una ensoñación de un visionario. O de un majadero, como se prefiera. El diputado Manolo Monereo, que un día fue prosoviético cuando el PCE se abría a la libertad y a la democracia, es la transmutación de Anguita en el universo de Podemos.

Como explicaba este sábado José Antonio Zarzalejos, Iglesias es el mejor antídoto contra el cambio político, toda vez que, como sucederá en Francia en las próximas presidenciales, todo el establishment político en el sentido más amplio del término, tenderá a agruparse en torno a un líder ‘convencional’ que nunca prometerá ningún asalto.

Ni a los cielos ni a los infiernos. La corrupción, salvo que afloren nuevos casos que afecten directamente a Rajoy, está amortizada, al menos electoralmente. Y sin una reinvención de la izquierda, lo cual es hoy algo más que difícil tras Vistalegre II, no hay nada que hacer. Rajoy, y no Iglesias, es quien ha ganado en Vista Alegre. Qué distintos hubieran sido los congresos de este fin de semana si Podemos se hubiera abstenido hace ahora casi un año. De aquellos polvos, estos lodos.

Mientras Tanto

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