Confesiones de un ministro sobre Cataluña: “Van a ir a por todas”

El choque de trenes está más cerca. Estas son las reflexiones de un ministro de Rajoy sobre la tensión que se espera hasta el 1-O. La intensidad de la colisión es la clave

Foto: Miles de personas se manifiestan en Cataluña a favor de la independencia con motivo de la Diada de 2016. (EFE)
Miles de personas se manifiestan en Cataluña a favor de la independencia con motivo de la Diada de 2016. (EFE)

Su ministerio tiene varios apellidos. Es marca de la casa. Sin duda, porque a Mariano Rajoy siempre le ha gustado dividir el poder en pocas cabezas, aunque con muchas competencias. Probablemente, porque así sus ministros tienen poco tiempo para enredar y de paso dar un mensaje de austeridad.

Y desde luego, con la que está cayendo en Cataluña —y su influencia sobre el resto del Estado—, ningún miembro del gabinete está para ir de 'prima donna', como le sucedió en su día a García-Margallo, que pisaba más charcos de lo recomendable. Por eso, nuestro interlocutor prefiere hablar en voz baja. Sin estridencias y sin desvelar su identidad. Simplemente, comenta lo que se le pasa por la cabeza y lo que escucha cada día de sus colegas, como parte de una reflexión de carácter personal. Todavía está impresionado por el grado de hostilidad que vivió en primera persona en Barcelona el pasado sábado contra las autoridades del Estado.

La conversación se produce en el Congreso de los Diputados, este miércoles, en medio del fragor de la batalla sobre Gürtel. Pero su cabeza, como la del resto de sus colegas, está en Cataluña y no tanto en el día a día de la gestión política, que va razonablemente bien. “Todo lo que no sea Cataluña”, asegura, “ahora es irrelevante”. Vano. Su análisis de la situación es claro. Diáfano. “Estos [por los independentistas catalanes] van a ir a por todas”, asegura con convicción y sin titubear.

¿Qué es ir a por todas?, le pregunta el periodista. “Pues ni más ni menos que antes del 1 de octubre, muy probablemente, harán un gesto importante para tensar la situación y meter más presión. Por ejemplo, tomando de forma simbólica el Parlament como un acto de rebeldía después del 11-S. O, incluso, una acampada en la plaza de Cataluña para llamar la atención. Van a ir a por todas”, insiste. No en vano, sostiene, el independentismo “dispone de 20.000 subvencionados dispuestos a movilizarse”, recordando, sin duda, lo que pasó el sábado 26-A, que fue más una emboscada que una manifestación.

¿Significa eso que el célebre choque de trenes es inevitable? “Es muy probable que se produzca”, asegura, “sobre todo a partir de que los tribunales insten a la inhabilitación de altos cargos implicados en el proceso”. Es decir, la tesis de la inhabilitación, como ya ha sucedido con otros dirigentes de la Generalitat tras la consulta del 9-N, se abre paso en el Gobierno como la vía más eficaz —y políticamente menos cruenta— de frenar el 1-O. Una especie de bomba de neutrones. Sin víctimas civiles, pero eficaz.

¿Supone esa estrategia que el Ejecutivo renuncia a aplicar el artículo 155 de la Constitución? “Para nada”, sostiene, “esa vía sigue abierta”. Y en este sentido, considera un error que Rafael Hernando, el portavoz del Grupo Popular en el Congreso, descartara esa fórmula en pleno Ferragosto madrileño, sorprendiendo a propios y extraños. Incluso, a dirigentes de su partido. “Hernando patinó”, asegura en tono coloquial, pero sin querer echar más leña al fuego.

La intensidad del choque de trenes

Lo cierto es que el Gobierno, hoy por hoy, no lo descarta. Otra cosa es que a la vista del choque de trenes, Rajoy y la vicepresidenta opten por ralentizar la velocidad de la máquina para facilitar que la colisión provoque las menores víctimas posibles. Es decir, la clave está en la 'intensidad' del choque de trenes. O dicho de otra forma, en la célebre proporcionalidad que esgrime una y otra vez el Gobierno, y que el ministro comparte plenamente. Como dice nuestro interlocutor, “después del día 1 viene el día 2”, y no parece lo más sensato quemar todas las naves en un asunto tan complejo.

Entre otras, porque la burguesía catalana, aquella que construyó CiU al comienzo de la Transición para arrancarle prebendas a Madrid, por fin se ha rebelado claramente contra el 'procés'. Aunque demasiado tarde. De hecho, como sostiene con frustración, “se le ha pasado el arroz”. Lo cierto es que la gran empresa catalana —mucho menos la mediana— apenas cuenta hoy en medio del carajal independentista.

Lo que hoy le preocupa a la burguesía, asegura ciertamente apesadumbrado, es que “en el horizonte se divisa un Gobierno de extrema izquierda entre ERC y Podemos o su marca catalana que les subirá los impuestos”. Por eso, sostiene, ahora están más preocupados que nunca. La burguesía catalana se ha quedado sin partido. Sin opción política y sin interlocutor ante Madrid. Toca choque de trenes, pero con la mayor sordina posible.

El pleno sobre el caso Gürtel continúa. Y la intervención del diputado Tardà, aprovechando el caso Gürtel para hacer un alegato independentista, corrobora sus impresiones. El choque de trenes parece inevitable. Falta conocer la intensidad del golpe y la velocidad que quieran imprimir al convoy los maquinistas de la General.

Mientras Tanto

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