La pinza Ciudadanos-PSOE que pretende liquidar al PP. Blogs de Mientras Tanto

La pinza Ciudadanos-PSOE que pretende liquidar al PP

Algo se mueve en la política española. Y el PP se está quedando sin espacio electoral. Una especie de pinza entre al PSOE y Ciudadanos amenaza su hegemonía en la derecha

Foto: Pedro Sánchez y Albert Rivera en una reunión el pasado junio. (EFE)
Pedro Sánchez y Albert Rivera en una reunión el pasado junio. (EFE)

Bajo los focos y la farfolla que envuelven hoy la política española —sin rigor dialéctico ni iniciativas constructivas— emerge una corriente de fondo que aflora cada vez con más fuerza. Tiene que ver con el progresivo desplazamiento de Ciudadanos a la derecha y, en paralelo, del Partido Socialista —que ha dejado de considerar a Podemos como socio prioritario— hacia el centro.

Se trata de un movimiento tectónico políticamente intenso que, como primera consecuencia, tendrá un achicamiento de espacios en el área del Partido Popular, que ha reinado durante dos décadas en un espacio electoral muy amplio (horadado solo por Cs en las últimas elecciones). Un escenario óptimo que le ha brindado desde 1996 dos mayorías absolutas y otras dos victorias parciales.

Los movimientos de fondo nada tienen que ver con un proceso de renovación ideológica, sino más bien con la adaptación de los cuatro grandes partidos a las nuevas circunstancias políticas. La crisis económica —desde luego en su fase más dura— ha quedado atrás y el terremoto político que sucedió a la recesión y al descrédito del bipartidismo tiende a asentarse en las nuevas placas tectónicas, por lo que los grandes jugadores de la política española tenderán a resituarse en un mapa electoral más competitivo respecto del que existía antes de la crisis. Hay más jugadores para repartir el mismo botín.

Nada tiene que ver con un proceso de renovación ideológica, sino más bien con la adaptación de los partidos a las nuevas circunstancias políticas

Y es probable que el más beneficiado sea el Partido Socialista, que podrá recoger a su izquierda los restos del naufragio de Podemos y sus confluencias —un proyecto prematuramente envejecido, como explicaba este sábado Zarzalejos—. Mientras que a su derecha podrá comerse el trozo del pastel que se dejará Albert Rivera si sigue con su empeño en disputarle a Rajoy un espacio netamente de derechas.

Desde luego que no es mérito de Pedro Sánchez, un político errático que abraza con idéntico entusiasmo la bandera de España como la absurda idea de la España plurinacional. O que se deja engañar con la creación de una comisión de reforma territorial a cambio del apoyo al 155, y que está muerta antes de nacer.

Mariano Rajoy recibe a Pedro Sánchez en Moncloa tras el 1-O. (EFE)
Mariano Rajoy recibe a Pedro Sánchez en Moncloa tras el 1-O. (EFE)


Izquierda-derecha

Más bien, tiene que ver con que la batalla electoral volverá a plantearse en el eje izquierda-derecha, que parecía haber quedado superado con la crisis económica. Tanto Ciudadanos como Podemos deslumbraron tras el 15-M a buena parte de la opinión pública con ofertas políticas de carácter transversal —regeneración de las instituciones o lucha contra la corrupción— capaces de pescar en los históricos caladeros de votos del PP y del PSOE. Su éxito fueron los ocho millones largo de votos que obtuvieron ambas formaciones.

Esa transversalidad es la que se rompe y hace prever la vuelta al bipartidismo, pero no mediante el simple antagonismo histórico entre el Partido Socialista y Partido Popular, sino más bien a través de la disputa entre bloques ideológicos, que, a su vez, vivirán de forma encarnizada sus propias batallas internas.

La batalla electoral volverá a plantearse en el eje izquierda-derecha, que parecía haber quedado superado con la crisis económica

Todo indica que el enfrentamiento Cs-PP irá en aumento. También en la izquierda se asoma una lucha por su hegemonía en la que Podemos tiene todas las de perder por su error histórico de no apoyar en su día el pacto Sánchez-Rivera que le hubiera convertido en la oposición de izquierdas, pero que a la postre solo ha servido a los intereses de Rajoy. Lo paradójico es que Sánchez, que ganó las primarias tendiendo la mano a Pablo Iglesias (hasta confundir ambos proyectos políticos), haya visto ahora la oportunidad de alejarse de Podemos para ganar centralidad. Una vez más, lo que se dice en campaña es papel mojado.

Expresado en términos de la aritmética electoral, eso significa que el punto de partida para la acción política en lo que queda de legislatura son los once millones de votos con que cuentan hoy cada uno de los bloques, y que parecen inmovibles. No hay trasvases, lo que tendrá consecuencias negativas. Cuando dos partidos luchan por la hegemonía dentro de su ámbito de influencia política, tienden a no cooperar (el dilema del prisionero), y el resultado es un bloqueo institucional que impide los avances. Y, en última instancia, las reformas.


Nacionalismo moderado

Máxime cuando la cuestión catalana continúa contaminando la acción política de una manera determinante. Ciudadanos es consciente de que su actitud intransigente en Cataluña respecto del nacionalismo moderado no secesionista —no ha hecho ningún guiño para cuartear el bloque independentista— le da votos en el resto de España, precisamente a costa del PP y en menor medida del PSOE. Y por ello, tiene pocos, o ningún incentivo, para situarse en el centro del tablero.

Rajoy, por su parte, y para no perder el respaldo que le roba Rivera, tenderá a cultivar su propio caladero de votos —principalmente en la España interior y entre los casi ocho millones de jubilados— tejiendo políticas de corte socialdemócrata destinadas a hacer ver que solo el PP es capaz de garantizar la estabilidad macroeconómica y, por lo tanto, las pensiones.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

Eso explica que Rajoy —que puede gobernar en España sin los votos de Cataluña— busque acuerdos con Sánchez (aunque no los encuentre) y en menor medida con Rivera, que fue quien le permitió la investidura. Y no solo porque la suma de diputados PP-PSOE le garantiza la mayoría absoluta (222 diputados), sino porque es una forma de desactivar a Ciudadanos.

El objetivo de Moncloa es que Rivera —que ya se ha hecho la 'foto' de la legislatura con la rebaja de los impuestos a los autónomos— no pueda capitalizar determinadas políticas sociales como el incremento del SMI o la subida de las pensiones a las viudas. Algo que obligará a Ciudadanos a perfilarse como el partido que recoge la esencia de la España unionista contraria a la estructura cuasi federal del Estado, mientras que el PP, por el contrario, pacta con los nacionalistas vascos tanto el Cupo como el Concierto, sin poner en entredicho o, al menos, cuestionar la singularidad del régimen foral.

De hecho, lo peor que le podría pasar a Ciudadanos es que Arrimadas gobernara en Cataluña, porque como presidenta de la Generalitat tendría que asumir determinadas políticas que hoy le son a su partido muy rentables electoralmente en el resto del Estado. Como sostiene el politólogo Eduardo Bayón, mientras que en Europa el populismo de derechas ha encontrado en la inmigración el terreno abonado para crecer, en España, lo territorial marca las diferencias.

Inés Arrimadas, líder de Cs en Cataluña. (Reuters)
Inés Arrimadas, líder de Cs en Cataluña. (Reuters)

De ahí que la estrategia de Rivera pase por capitalizar las consecuencias que está teniendo el 'procés' sobre la España autonómica, que no es otro que un creciente descontento de muchos españoles con el modelo territorial del Estado, que se considera ineficiente y hasta parasitario con 17 parlamentos regionales e innumerables estructuras institucionales a modo de regalías.

Este es, paradójicamente, el terreno que menos le conviene al Partido Socialista, que buscará cualquier fórmula para resolver (o al menos aclarar) cuanto antes la crisis catalana. Precisamente, y al contrario de lo que les ocurre a Cs y al PP, porque lo que allí sucede tiene un indudable coste electoral para Sánchez en el resto del país, y todavía más para Iglesias, salvo que ambos viraran hacia posiciones más centralistas, lo cual generaría enormes tensiones internas. Por eso, Sánchez huye del dilema territorial y busca un debate puramente ideológico: el clásico entre izquierda y derecha, al contrario que Rivera, que ve en lo territorial el campo de juego apropiado.

Lo peor que le podría pasar a Cs es que Arrimadas gobernara en Cataluña; tendría que asumir políticas que le son muy rentables electoralmente

Así las cosas, todo indica que al carecer de incentivos los jugadores, la legislatura —abierta hace poco más de un año— está agotada. Entre otras cosas, porque la velocidad de crucero que se ha instalado en la economía española —crecimientos en torno al 3%— aleja todo tipo de urgencias a la hora de hacer reformas. Se da, incluso, la paradoja de que la aprobación de los Presupuestos del Estado depende de un partido —el PNV— al que ni le van ni le vienen, porque Euskadi tiene una amplia soberanía fiscal.

Es decir, que lo que hoy se discute es, ni más ni menos, quién será el partido verdaderamente hegemónico en cada uno de los bloques. Todo lo demás es teatro. Puro teatro.

Mientras Tanto

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