Montero hace de Sánchez: 'indepes' y la derecha son la misma cosa

El Gobierno, a punto de convocar elecciones, estrena estrategia. Ahora busca situar al PSOE en la centralidad política. Observa una pinza entre los independentistas y la derecha

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante el debate. (EFE)
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante el debate. (EFE)

Las diferencias entre estar en el centro (teórica equidistancia entre la derecha y la izquierda) y la centralidad han sido muy estudiadas por la ciencia política. Tanto, que hoy ningún político sería capaz de confundir ambos conceptos. Ni siquiera el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que acostumbre a hacer malabarismos sobre el alambre de la política. Si cuando ganó las segundas primarias de su partido prometió a los suyos, en el Ifema del Campo de las Naciones, hacer una política netamente de izquierdas —con Podemos como socio preferente—, hoy lo que busca no es el centro sino la centralidad.

O lo que es lo mismo, situarse como el referente de un espacio político móvil que tiene poco que ver con el viejo centro que caracterizaba a los partidos bisagra, a medio camino entre la derecha y la izquierda. Lo ha expresado con claridad este martes la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que subió a la tribuna de oradores no para defender sus Presupuestos sino para hacer de Pedro Sánchez, que la miraba desde su escaño con signo de aprobación. Montero, de hecho, ha vuelto a la vieja teoría de la pinza entre la derecha y los 'indepes', ya se sabe, aquel pacto de los primeros noventa entre Aznar y Julio Anguita contra Felipe González.

Montero hace de Sánchez: 'indepes' y la derecha son la misma cosa

La razón es muy simple. El Gobierno da por hecho que no se aprobarán los Presupuestos, salvo milagro de última hora, y ello exige romper amarras con los independentistas que le alzaron al poder. Y como tampoco hay nada que hacer con las tres derechas, como le gusta decir al PSOE, la estrategia del Gobierno pasa por intentar ganar las elecciones apareciendo como el epicentro de un espacio imaginario situado entre el PP, Ciudadanos y Vox, y, por otro, los independentistas, que han dejado de ser aliados, lo que supone una auténtica bendición para los barones de su partido, que sufren el desgaste en sus territorios a cuenta de Cataluña.

El camino hacia la centralidad de Sánchez llega con un pan debajo del brazo. La ministra de Hacienda reivindica ahora el papel de las clases medias para hacer país. Es decir, que mientras Podemos continúa con su discurso de los de arriba y los de abajo, los ricos y los pobres, el Gobierno vuelve a poner sus ojos en las clases medias, donde están precisamente los votos. Es decir, Sánchez intenta ahora acercarse a aquellos sectores que se han alejado en los últimos años del PSOE. En particular, tras sus coqueteos con los independentistas catalanes, lo que ha expulsado al Partido Socialista de eso que se llama centralidad.

Golpes de timón

El camino no será fácil. Aunque la memoria en política es corta, tendente a cero, lo cierto es que la inminencia de las elecciones provocará, probablemente, una sobreactuación digna de tener en cuenta. Está algo más que demostrado que los partidos que no tienen clara su estrategia suelen dar golpes de timón para recolocarse en el espacio político. Le ha pasado a Casado, que compite ya abiertamente con Vox, y es posible que le suceda al PSOE, que ahora ha puesto sus ojos en las clases medias. “La clase media ha bajado un escalón en el ascensor social”, dijo Montero como si hubiera descubierto el Mediterráneo.

Esta es, en realidad, la única novedad del debate presupuestario. El Pedro Sánchez que ganó contra todo pronóstico Ferraz con un discurso izquierdista (políticas más abiertas en inmigración, derogación de la reforma laboral o impuesto a la banca) hoy se fija en las clases medias y en los sectores menos ideologizados (la España moderada, como la ha llamado Montero), lo que, en teoría, vuelve a situar a su partido en la centralidad del tablero político.

Es decir, el PSOE quiere ser de nuevo un partido 'cath-all' (atrapalotodo), como dicen los politólogos, en busca de electores de todas las ideologías. Para ello, ha pretendido escorar a los partidos del centro hacia la derecha (Vox nunca lo necesitó) explotando sus contradicciones internas (en particular, en el caso de Ciudadanos), mientras que, en cuanto a Podemos, le ha bastado con esperar a la implosión del partido de Pablo Iglesias. A Sánchez, como a Moisés, se le ha abierto un amplio espacio en el centro que ahora intenta aprovechar.

El líder morado debió ver esta jugada con antelación, lo que explica que, a la vuelta del verano, intentara hacer de Podemos un partido de gobierno a imagen y semejanza de lo que llaman los ayuntamientos del cambio. Por eso, decidió dar su apoyo a la tramitación de los Presupuestos pese a que cuestiones como la subida del salario mínimo a 900 euros son ajenas a la tramitación de la ley (el SMI se aprueba con un simple decreto).

El objetivo, obviamente, era que el previsible movimiento de Sánchez hacia la derecha (ante la inminencia electoral) no dejara a Podemos como un partido radical y muy alejado de los votantes menos ideologizados, que valoran también la gestión de la cosa pública. Veremos si la estrategia funciona.

Mientras Tanto
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