MIENTRAS TANTO

España destruyó empleo en verano: ¿es para preocuparse?

El verano, en plena temporada turística, ha sido malo para el empleo. Por primera vez desde 2012, se han destruido puestos de trabajo en términos brutos. ¿Que ha pasado?

Foto: La ministra de Trabajo en funciones, Magdalena Valerio, en una comparecencia. (EFE)
La ministra de Trabajo en funciones, Magdalena Valerio, en una comparecencia. (EFE)

Sostenía Keynes que las matemáticas no llegan allí donde sí lo hace la intuición. De ahí, sus conocidas tesis sobre el comportamiento volátil de los agentes económicos, y que el sabio de Cambridge sintetizó en la expresión ‘animal spirits’ (espíritus animales) para referirse a actitudes imprevisibles de los seres humanos que tienen más que ver con la psicología que con la economía.

Ese comportamiento errático a la hora de consumir o invertir en función de la percepción subjetiva de cada individuo sobre la realidad económica, es lo que puede explicar un dato que ha pasado inadvertido para muchos, no así para algunos institutos de coyuntura, que han destacado en sus informes de urgencia que la economía española destruyó empleo en el tercer trimestre del año en términos de afiliados a la Seguridad Social. Precisamente, los meses en que la economía, con una elevada estacionalidad por razones estructurales, suele crear muchos puestos de trabajo. Obviamente, relacionado con el turismo y, en general, con las actividades de hostelería y descanso.

Los datos, como ha recordado Funcas, no dejan lugar a dudas. El tercer trimestre del año se cerró con 4.428 cotizantes menos que en el segundo trimestre del año, siendo, además, “el primer tercer trimestre en que se destruye empleo desde 2012”. Es decir, que con una economía que habrá crecido en tasa intertrimestral entre un 0,3% y un 0,4% (por encima del 1,5% en términos anuales), según la mayoría de previsiones, se ha perdido empleo.

Ahora bien, tampoco esa cifra es real. La estacionalidad de la economía española, como se ha dicho, es muy elevada, por lo que si se corrigen los datos de variaciones temporales y del distinto calendario laboral, el resultado es algo distinto. BBVA Research y Funcas, por ejemplo, han estimado que el número de afiliados a la Seguridad Social creció un 0,4% en el tercer trimestre frente al mismo periodo anterior, lo que supone un retroceso de dos décimas respecto del ritmo anterior. Es decir, que el empleo crece a un ritmo muy parecido, aunque en desaceleración, a lo que lo hace la economía.

Cuidadores no profesionales

Septiembre, en todo caso, es un mes atípico porque se crean muchos puestos de trabajo (educación), pero, al mismo tiempo, se destruye una cantidad significativa de empleo (turismo). Y ello sin contar las cuotas que paga el Estado por los cuidadores no profesionales de las personas dependientes, que siguen engordando el número de cotizantes, hasta sumar 45.800 personas en lo que va de año. Esto significa que si se restan los 2.000 convenios firmados en septiembre, se estaría hablando de que en realidad la afiliación habría crecido en apenas 1.200 personas, la tercera parte de la cifra bruta: 3.200. Es decir, el ritmo anual de creación de empleo en términos homogéneos baja hasta el 2,2%.

Primera sorpresa. Algunas de las estimaciones sobre el umbral que necesita la economía para crear puestos de trabajo tras las reformas laborales de 2011 y 2012 tendrán que revisarse a la luz de los datos más recientes. Creciendo entre un 0,3% y un 0,4% (cerca del 2% anual) la economía ha destruido empleo en términos brutos, aunque no si desestacionalizan las cifras, lo que no sucedía desde el año 2012, en plena recesión.

Aunque una golondrina no hace verano, como le gustaba decir a Carlos Solchaga cuando era ministro de Economía, es relevante la rapidez con que se ha trasladado al mercado de trabajo la ralentización de la actividad. Probablemente, por ese comportamiento subjetivo al que se refería Keynes, y que tiene que ver con lo que los economistas llaman ‘efecto precaución’.

Matemáticas y confianza

Es decir, los agentes económicos ven cosas que las matemáticas no son capaces de observar, como la confianza, que influye de forma determinante en decisiones de gasto e inversión. Y los empresarios son los primeros que observan el cambio de coyuntura. El aumento del ahorro en detrimento del consumo en un contexto de fuerte creación de empleo (más de 430.000 puestos de trabajo en los últimos 12 meses y recuperación del poder adquisitivo por la caída de la inflación) es, de hecho, el mejor reflejo de lo que está pasando. Y eso se ha trasladado al empleo, que en verano ha dado la sorpresa (negativa).

¿Qué está pasando? Hay una realidad cada vez más evidente. El turismo, muy intensivo en mano de obra, antes se concentraba en los meses de verano, pero los nuevos hábitos de las familias ha hecho que hoy se reparta más a lo largo del año, lo cual hace que los datos de empleo se resientan en los meses centrales, mientras que, por el contrario, mejoran en el resto del ejercicio. Esto, en realidad, es una buena noticia, ya que como han puesto de relieve algunos estudios la estacionalidad tiene una incidencia negativa sobre el mercado laboral, puesto que contribuye de manera directa a la temporalidad. Además, deja ociosa buena parte de la capacidad productiva durante muchos meses del año (hoteles vacíos)

Otro factor puede estar influyendo de manera decisiva. La persistencia de altos niveles de precariedad laboral (el 41,3% de los asalariados tiene un contrato temporal o a tiempo parcial) hace que los ajustes se hagan de forma inmediata, como sucedió al comienzo de la crisis. Los primeros despedidos fueron los trabajadores no cualificados con empleo precario, muy presentes en la hostelería y el turismo. Aunque posteriormente, y habida cuenta de su intensidad, el ajuste también llegó al empleo indefinido.

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