Gana Calviño y en Unidas Podemos corren como pollos sin cabeza
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Gana Calviño y en Unidas Podemos corren como pollos sin cabeza

Existen muchas lecturas de la crisis de Gobierno. La más obvia es que Calviño sale reforzada, pero lo que esconde, también, es una pérdida de influencia de Unidas Podemos

placeholder Foto: La vicepresidenta, Nadia Calviño. (APIE)
La vicepresidenta, Nadia Calviño. (APIE)

Suele decir Felipe González que a él lo que le gusta es la política más que el poder, pero como esta sería una declaración un tanto cínica, probablemente de cara a la galería, reconoce al mismo tiempo que la política sin poder no es nada. Y en esta clave hay que interpretar la crisis de Gobierno.

Sánchez (120 diputados le contemplan) empieza a marcar territorio, qué otra cosa es el poder, respecto de sus socios. Y, aunque antes lo hacía de una forma más velada, ahora lo hará a plena luz del día con Calviño como vicepresidenta primera. Pero en esta ocasión de la mano de Ferraz, que es lo tradicional cuando hay que relanzar el partido. Lo hicieron el propio Gonzaléz, Aznar y Zapatero en tiempos de zozobra, y ahora es Sánchez quien tira de cantera socialista en lugar de buscar ministros más mediáticos. Ese tiempo se ha pasado. De paso, se envía un mensaje a algunos barones socialistas díscolos como García-Page. Caída Susana Díaz, la nueva portavoz y ministra de Política Territorial, la exalcaldesa de Puertollano, Isabel Rodríguez, puede acabar siendo la candidata socialista al Gobierno de Castilla-La Mancha.

Mirando hacia fuera, pero dentro del gabinete, también el mensaje es claro y se comprende casi de forma intuitiva. Yolanda Díaz seguirá siendo vicepresidenta, ahora segunda, pero ser la número tres del Gobierno, detrás de Calviño, no es lo mismo que en la situación anterior. Ahora el presidente ha dejado claro que cuando él esté ausente será la ministra de Economía quien lo sustituya al frente del Consejo de Ministros (ya manda en la Comisión Delegada para Asuntos Económicos).

Un reforzamiento que se produce justo en unos momentos muy distintos a los que existían hace 18 meses, cuando Sánchez llegó a la Moncloa. Si desde que el Gobierno tomó posesión a principios del año 2020 su gestión ha estado marcada por la pandemia, ahora, aunque el coronavirus siga presente, toca pasar páginas, incluida Cataluña, que ha supuesto un claro desgaste. Entre otras razones, en el plano económico, porque se acerca el tiempo de la consolidación fiscal, aunque no sea inmediata, y, lo que no es menos importante, llega la ejecución de los fondos europeos, que incorporan un control exhaustivo por parte de Bruselas en materias que afectan directamente al departamento de Yolanda Díaz.

Calviño ya ha ganado algunas batallas, como la del SMI o la ley de los ‘riders’, y ahora, con su nuevo cargo, tendrá más razones para imponerse

En particular, la reforma laboral. Un asunto en el que la ministra de Trabajo puede chocar con la primera piedra de importancia en su camino: la probabilidad real de que CEOE no acepte la que propone su ministerio. Pero también la prórroga de los ERTE, que caducan el 30 de septiembre, y tanto Calviño como el ministro Escrivá quieren dar ya claras señales de que no pueden convertirse, en su actual configuración, en un mecanismo para ocultar el desempleo real.

Calviño ya ha ganado algunas batallas, como la del SMI o la ley de los ‘riders’, muy descafeinada respecto de lo que pretendía inicialmente Trabajo, y ahora, con su nuevo cargo, tendrá más razones para imponer su criterio. Entre otros argumentos porque es ella quien negocia con Bruselas y no estará de más recordar que tiene como aliada a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, con quien ha hecho piña desde el primer día.

Morosidad y concurso de acreedores

Y en el horizonte, tampoco hay que olvidarlo, hay asuntos peliagudos para Unidas Podemos como la reforma fiscal, donde las posiciones de unos y de otros están muy alejadas. Además de otro asunto nuclear para UP, como es la ley de alquileres o los desahucios, que tenderán a crecer en los próximos trimestres a medida que se vayan reduciendo los mecanismos de protección social. El Banco de España, de hecho, y las propias entidades financieras así lo reconocen, prevé un incremento próximo de la morosidad de las familias, pero también de las empresas en cuanto se levante la moratoria en la obligación de presentar concurso de acreedores.

La otra lectura que se puede hacer de la amplia remodelación del Gobierno hay que leerla en clave estrictamente electoral. Mientras que los nuevos ministros socialistas parten de cero, no arrastran ninguna mochila de desgaste porque son prácticamente desconocidos para el gran público, los de Unidas Podemos van a aparecer ante muchos electores como políticos envejecidos, quemados, sin apenas capacidad de reacción.

Díaz no tiene atributos para hablar de tú a tú a Sánchez más allá de amenazar con retirar su apoyo. Pero no pulsará el botón nuclear

Ministros como Castells o Irene Montero están claramente amortizados por la opinión pública, y en esta línea es probable que ya se incluya a Garzón tras la revuelta de los chuletones, interpretada de forma torticera no solamente por buena parte de la opinión pública, sino también por el propio Sánchez, que ha aprovechado la ocasión, su capacidad de interpretar los momentos políticos sigue siendo prodigiosa, para poner una zancadilla al líder de Izquierda Unida. La otra ministra de Podemos, Ione Belarra, es irrelevante porque todo el mundo sabe que quien mueve los hilos, aunque ahora esté formalmente desaparecido, es Pablo Iglesias.

Aire fresco

Y ese es, precisamente, el problema de Unidas Podemos, que cuenta, formalmente, con tres líderes: Díaz, Belarra y Garzón, y un cuarto en la sombra, el propio Iglesias. Pero ninguno de ellos con capacidad para tomar decisiones, ponerse el partido a sus espaldas, y negociar con Sánchez un cambio de caras dentro de la formación morada para darle aire fresco a la coalición de izquierdas, algo que sí pudo hacer Iglesias cuando pactó el programa de gobierno con Sánchez y, posteriormente, la identidad de los ministros de la formación morada.

Ahora, por el contrario, Yolanda Díaz, que ni siquiera ha sido elegida formalmente candidata, ni ella lo ha aceptado, no tiene hoy atributos políticos, más allá de su presencia en el Gobierno, para hablar de tú a tú a Sánchez. Es verdad que siempre tiene a mano pulsar el botón rojo del maletín nuclear con la amenaza de una retirada prematura de su apoyo parlamentario. Pero hay pocas dudas de que en ese envite habría mucho de farol, porque lo peor que le podría pasar a UP es provocar ahora la verdadera crisis de Gobierno, que conduciría muy probablemente a unas elecciones. Justo en el momento en que las expectativas de voto son las peores para UP y el PSOE tiene por delante dos años con un crecimiento anual del 6%.

Los indultos o las negociaciones con el Govern son el pasado. Ahora se trata de desinflamar no solo el volcán catalán, sino la política

Toca, pues, aguantar a Unidas Podemos el tiempo que sea necesario hasta el fin del partido, y eso es, realmente, lo que pretende Sánchez, estrechar el campo de juego de la parte más izquierdista de la coalición para afrontar un nuevo tiempo político en el que hay que virar hacia el centro. Léase, hacia la moderación en el lenguaje con caras nuevas impolutas a las que difícilmente se las va a cuestionar por ser, precisamente, políticos completamente desconocidos, incluso para los medios de comunicación y la opinión publicada. Esto ya se consiguió con la salida de Iglesias ante los mejores modales políticos de Yolanda Díaz, pero ahora con más fuerza, ya que la parte socialista del Gobierno nace virgen de problemas. Sin cadáveres en el armario.

Los indultos o la mesa de negociación con el Govern son ya, incluso, el pasado. Ahora se trata de desinflamar no solo el volcán catalán, sino también la política española sacando del consejo de ministros, por distintos motivos, a Ábalos y Calvo. El primero metiendo caña desde Ferraz y con asuntos feos como el Delcygate o el rescate de Plus Ultra, y la segunda con asuntos como la memoria histórica, que polariza a la opinión pública, además de su incapacidad para pactar nada. Hasta las leyes feministas, una vez aprobadas, tenderán a dormirse en el trámite parlamentario.

Ahora se trata de hablar de fondos europeos, de recuperación económica y de gestión del día a día con políticos de bajo perfil. Sin duda, el peor de los escenarios para Unidas Podemos, con quien el PSOE compite en el espacio electoral de la izquierda, y que necesita tensar la política para tener mayor visibilidad. Igual que hace Vox en el campo de la derecha. Tenía razón Yolanda Díaz cuando dijo hace un par de meses que la legislatura había comenzado. Lo que no sabía era que ahora Unidas Podemos lo tendrá más difícil.

Suele decir Felipe González que a él lo que le gusta es la política más que el poder, pero como esta sería una declaración un tanto cínica, probablemente de cara a la galería, reconoce al mismo tiempo que la política sin poder no es nada. Y en esta clave hay que interpretar la crisis de Gobierno.

Yolanda Díaz Irene Montero Felipe González PSOE CEOE